Cambio climático: adaptarse es la solución

Mariana Gil Juncal

Martes 24 de Noviembre de 2020

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En los últimos años este tema preocupaba, quizá de forma más pasiva, tanto a productores, bodegas y denominaciones de origen. Ahora esa preocupación pasó a la acción para adaptar las prácticas de cultivo de la vid y de la elaboración de vinos al nuevo panorama mundial.

Canarias, consumo local contra el cambio climático

La comarca Tacoronte-Acentejo está situada en la vertiente norte de la isla de Tenerife (Islas Canarias), con un área cultivada de 2.422 hectáreas de viñedos, lo que equivale el 40% de la superficie cultivada en la isla de Tenerife y el 20% de la superficie vitivinícola de Canarias, siendo la zona más densamente cultivada de viñedos en el archipiélago canario.

La posición geográfica de la DO, dentro de una región insular de la costa occidental del continente africano, al lado del mayor desierto del mundo y bajo una fuerte presión de desertificación, comenzó a transformar una actitud de preocupación pasiva a una más proactiva. Así, la agricultura se convirtió en el eje fundamental para la mitigación del cambio climático impulsando el fomento del cultivo de productos de consumo local, ya que para la DO, inciden directamente en la reducción del consumo de combustible y además proclaman la utilización del suelo agrario como forma de luchar contra la desertización.

Viñedos canarios de la DO Taroncote Acentejo

Por otro lado, ya están haciendo mucho hincapié en la productividad y el uso del agua, ya que consideran que el abordaje de estudios y análisis individuales sobre los cultivos hortícolas, plantaciones frutales, olivares y viñedos son esenciales para identificar las estrategias de adaptación de menor coste, así́ como para establecer el manejo y secuencias de los cultivos.

Pero claro que la preocupación más grande de Canarias, que se encuentra en uno de los focos más calientes del cambio climático, es actuar con rapidez e inteligencia para evitar que las islas se conviertan en un desierto. Por eso, la DO es impulsora de los vinos de Km 0, es decir, en motivar el consumo de vinos elaborados en la cercanía de su origen ya que consideran que es una de las contribuciones solidarias que tienen a su alcance si quieren frenar el cambio climático.

Preocupación por el aumento de temperatura en Ribeiro

La Denominación de Origen Ribeiro, ubicada en el borde noroccidental de la provincia de Ourense y en las confluencias de los valles formados por los ríos Miño, Avia y Arnoia, actualmente cuenta con una extensión aproximada de 2.500 hectáreas protegidas para la elaboración de sus vinos blancos, tintos y el famoso tostado.

Juan Casares, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen, explica que según los informes técnicos que maneja, el cambio climático está suponiendo un aumento de la temperatura, concentrada sobre todo en el verano y en el otoño, y una redistribución de las lluvias cuya cantidad no se altera demasiado pero sí la distribución. Esto quiere decir, que los modelos anticipan que las precipitaciones estarán concentradas en una cantidad de días inferior a la actual, acentuando las sequías en los meses secos y las lluvias fuertes en los meses húmedos, con un aumento de fenómenos extremos con olas de calor y sequías.

Finca en la D.O. Ribeiro

La DO se encuentra en una zona de transición entre el clima atlántico -que marca la DO Rías Baixas- y un clima mediterráneo -que marcan las DO Valdeorras o Monterrei-. Por eso, para Casares, a diferencia de las zonas costeras en Ribeiro, sin la influencia suavizadora del Atlántico, las temperaturas altas sin lugar a dudas se dispararán.

Por otro lado, el presidente del Consejo Regulador confiesa que las bodegas del Ribeiro no tienen la certeza de si las modificaciones que se están observando en el viñedo son consecuencia del cambio climático. Pero afirma que "en las últimas cosechas las observaciones y controles en el viñedo han puesto en evidencia que las maduraciones han sido más rápidas y se han llegado a grados potenciales superiores que en años anteriores". Es decir, el cambio climático ha hecho que suban las temperaturas y se reduzcan las lluvias en general en la zona, en etapas importantes del desarrollo de la viña. Lo que provoca un adelanto generalizado del ciclo fenológico de la viña y un adelanto en la época de la vendimia, así como un aumento en la concentración de azúcares y alcohol en los vinos resultantes y un retoque de la acidez.

Además, agrega que "las temperaturas son año tras año cada vez más altas y la escasez de lluvias durante meses influye en los parámetros finales de las uvas que tradicionalmente se cultivan en un determinado territorio".

¿Qué sucede en la actualidad? Los inviernos son más secos, lo que, para Casares, se traduce en presencia de heladas más tardías y más dañinas, "como venimos sufriendo en los últimos años. Y en el verano las cepas sufren un estrés hídrico importante, lo que no ayuda a mejorar las condiciones finales. Las temperaturas medias durante el periodo del ciclo de maduración, unido a la falta de lluvias, han provocado un estrés a la planta que ha derivado en una concentración de azúcares elevada y acidez total más baja".

Por lo que, todos estos cambios apuntan para Casares a escoger tipos de uva que se adapten a la nueva situación climática, es decir veranos más secos de lo que hasta ahora era habitual.

Afortunadamente Galicia dispone de variedades para afrontar las consecuencias del cambio climático. Entre ellas están, dentro del ciclo largo y con acidez elevada, la Loureira (blanca), el Caíño Longo, el Caíño Tinto o el Sousón (tinto).

¿Cómo adaptarse a esta situación? "Quizás esto genera tener que buscar nuevas oportunidades para el viñedo en zonas de mayor altitud, donde las condiciones ambientales y climatológicas permitan una mejor adaptación a las nuevas circunstancias".

Y agrega que será necesario familiarizarse con técnicas de riego que puedan compensar la ausencia de lluvias de forma regular. Pero por el momento, a corto plazo, el presidente del CRDO confiesa que la solución más fácil de tomar es la de adelantar la fecha de vendimia, ya que "de este modo cosecharemos uvas con menos grado potencial y una acidez más equilibrada".

A largo plazo, considera que los viticultores y bodegueros tienen que pensar que sus acciones tienen consecuencias sobre el cambio climático y que es importante minimizar la huella de carbono de sus actividades, así como reducir el consumo energético y apostar por fuentes renovables. En síntesis,  actuar con mayor respeto hacia el medioambiente.

Cultivos altamente adaptados en la tierra de la Monastrell

La DOP Jumilla, comprende unas 16.000 hectáreas de viñedos repartidas entre las provincias de Murcia y Albacete, y sobresalen en la elaboración de vinos a base de la variedad Monastrell, la cual representa más del 80% de la superficie cultivada.

Vides de Monastrell en la DO Jumilla

"El cambio climático no es una cosa de un día para el otro, es una cosa gradual. Lo que nos da tiempo para ir adaptándonos a los posibles efectos adversos. Igualmente contamos con una variedad, la Monastrell, que es muy resistente, muy fuerte y muy rústica. Que está muy bien adaptada desde hace varios siglos a los cambios de temperatura de esta zona", explica Carolina Martínez Origone, secretaria de la DOP Jumilla.

Esta DOP, ubicada en el sureste de España, también es una zona que actualmente corre alto riesgo de desertificación por el cambio climático. "Hay evidencias claras de aumento de las temperaturas medias a lo largo del año, lluvias cada vez más torrenciales y muy concentradas en el tiempo, que pueden provocar serios riesgos al ciclo fisiológico de la vid", resume Martínez Origone. Por otro lado, la principal ventaja de Jumilla es que la mayoría del cultivo del viñedo es en vaso, con baja densidad de cepas por hectáreas, "de forma que es un cultivo altamente adaptado a las condiciones edafoclimáticas de la zona, de escasas precipitaciones y altas temperaturas en verano".

Aunque la estrella de la región es la Monastrell, la secretaria de la DOP adelanta que actualmente se están estudiando nuevas variedades a partir de la Monastrell adaptadas al cambio climático. De hecho, algunas ya están en fase avanzada de ensayo y para Martínez Origone "se han obtenido excelentes resultados en campo y potencial enológico de los vinos experimentales elaborados a partir de estas variedades".

En todo este proceso de adaptación al cambio climático, el manejo de la viña es fundamental en la DOP. "Hay que organizar el suelo con enmiendas cada cierto tiempo, tener vegetación en competencia de las viñas y realizar un seguimiento del estado de compactación de la superficie del suelo". Para ella, la poda también es fundamental para permitir una maduración correcta de los racimos, ya que esta zona goza de muchas horas de sol (más de 3.000 al año) por lo que se busca que los racimos estén sombreados. Y agrega que otro aspecto para nuevas plantaciones es la búsqueda de mayores alturas ajustando la orientación de las parcelas, en cotas más altas y con orientaciones norte de umbría.

En bodega, para Martínez Origone, lo más importante es adaptar la vendimia para que haya equilibrio entre la madurez fenólica y fisiológica de la uva, y los parámetros de calidad de azúcares y acidez sean los adecuados para la elaboración de los vinos.

El cambio climático cada vez más demuestra de norte a sur y de este a oeste de España que la única solución a largo plazo es cambiar como el clima. Adaptarse a las nuevas realidades para seguir sosteniendo los estándares de calidad y estilo de cada uno de los vinos que se elaboran en el país.

Mariana Gil Juncal
Licenciada en comunicación social, periodista y sumiller.
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