Javier Campo
Viernes 30 de Enero de 2026
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Parece que en los despachos de las grandes energéticas, esos lugares donde el aire huele a moqueta y el único verde que conocen es el de los billetes de 100, han decidido que a la Denominación de Origen Protegida Terra Alta le faltaba algo. ¿Suelo calizo? No. ¿Garnacha blanca de leyenda? Tampoco. Ya tenemos ambas cosas. ¿Cientos de kilómetros de cables de Muy Alta Tensión (MAT) cruzando sus viñedos como una cicatriz de hierro? ¡Eso es lo que faltaba!
La noticia ha saltado como un chispazo y nunca mejor dicho: viticultores de Terra Alta se ha plantado frente a la nueva línea de Muy Alta Tensión. Y no es para menos. Bajo el paraguas del "bien común" y la "transición energética", algunos pretenden convencernos de que para ser sostenibles primero hay que arrasar con el paisaje, el patrimonio y el sustento de quienes llevan siglos mimando la tierra. Es la paradoja de la modernidad: te vendo energía verde mientras te asfalto el jardín. Claro que esto solo no afecta a la Terra Alta, va desde Escatrón, en Aragón, hasta La Sequita en Tarragona. Y pilla lo que pilla y a quien pilla. Y de paso, alguien pilla. ¿Lo pillas?

Lo de la MAT no es un simple detalle estético. No es que a los viticultores les moleste que la foto de Instagram salga con un cable de fondo que para eso tenemos IA y lo podemos borrar. Se trata de una agresión en toda regla a un modelo de vida. La Terra Alta, que ya ha sido castigada históricamente con una saturación de parques eólicos que parece una invasión de quijotes metálicos, ahora tiene que ver cómo le pasan una autopista eléctrica por encima del tejado. Pero no es solo por encima. Las torres implican bases de hormigón, acceso a la gran maquinaria, trazado de línea y cableado que empieza desde el suelo arrastrando kilómetros de cobre pesado en bobinas colosales. Por si nadie lo tenía en cuenta el primer paso es la expropiación. Eso sin contar la grave afectación en las personas y sus viviendas por la proximidad a la línea. ¡Pero si todo son ventajas!
¿De qué sirve todo el trabajo realizado hasta ahora con esfuerzo y de presumir de terruño y de respeto al medio si permitimos que las torres de tensión dicten la orografía y se carguen el sustento de las familias que defienden nuestra vitivinicultura? Es como querer beberse uno de nuestros grandes vinos en un vaso de plástico y con música de taladro de fondo. Se están cargando la etiqueta antes siquiera de descorchar la botella. Pero no solo la etiqueta. Pensemos que, si el relevo generacional es difícil en condiciones "normales" imagínate con la torre de los huevos en medio de la viña. Eso en el mejor de lo casos.
Lo más sangrante es la prepotencia de quienes diseñan estos trazados. "Tiramos por aquí que es más corto y así tiene menos impacto". ¿O te cuesta menos dinero y que se joda el agricultor? Personas, o quizás personajes, que confunden un viñedo con un solar edificable y que creen que el impacto visual es algo que se soluciona plantando cuatro setos. La gente de Terra Alta ha lanzado un claro "No a este trazado" cansados de ser los grandes perjudicados de quienes no saben distinguir una cepa de un poste de luz o de un ventilador.
Y de la prepotencia de las energéticas a la impotencia del agricultor que ve como sus tierras, el fruto de su trabajo durante generaciones, se lo quitan. Lo borran de un plumazo en el nombre del progreso energético con la complicidad del político de turno votado por ese agricultor. Y dejarme decir que no estoy hablando de ningún color político, porque estamos tan polarizados que dependiendo de quien lea, soy un puto facha o un rojo de mierda. Esto no va de buenos y malos. Soy alguien que defiende y ama profundamente el vino y la Terra Alta.
Defender el vino es defender el paisaje. Sin paisaje no hay identidad, y sin identidad, la esencia y la cultura del vino se pierden. Si permitimos que el progreso mal entendido electrocute la esencia de nuestras zonas rurales, lo único que nos quedará para brindar será un vaso de agua del grifo... eso sí, muy bien iluminado por la luz de la MAT que curiosamente también pagamos. A ver si se nos enteramos. Los viticultores de la Terra Alta quieren seguir dando calambrazos, pero de placer, y solo cuando probemos sus vinos.
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