Miércoles 28 de Enero de 2026
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La viticultura regenerativa está ganando terreno en Nueva Zelanda como una alternativa a los modelos tradicionales de sostenibilidad en el viñedo. El concepto, que proviene de la agricultura regenerativa, busca no solo mantener el entorno, sino mejorarlo activamente. Esto implica prácticas como el uso de cultivos de cobertura de varias especies, la reducción o eliminación del laboreo, la integración de ganado y la promoción de plantas e insectos autóctonos. El objetivo es crear suelos vivos y autosuficientes que favorezcan la salud de las vides y aumenten su resistencia ante fenómenos climáticos extremos.
El término “viticultura regenerativa” se ha incorporado rápidamente al vocabulario del sector, aunque su definición sigue siendo flexible. A diferencia de la agricultura ecológica o biodinámica, no existe un sistema formal de certificación para estas prácticas en Nueva Zelanda. Esta ausencia ha permitido que un amplio abanico de productores adopte métodos regenerativos según sus necesidades y posibilidades. Según el autor británico Dr. Jamie Goode, esta flexibilidad resulta atractiva para quienes buscan mejorar sus viñedos sin ceñirse a normativas estrictas.
Dr. Ed Massey, gerente general de sostenibilidad en New Zealand Winegrowers, señala que la certificación es cada vez más importante para acceder a mercados internacionales. Sin embargo, actualmente no hay organismos en Nueva Zelanda que certifiquen viñedos como regenerativos. El programa Sustainable Winegrowing New Zealand (SWNZ) contempla revisar y reforzar su pilar sobre salud del suelo para alinearse con algunos principios regenerativos.
En 2022, la viticultora Jess Wilson analizó si la viticultura regenerativa puede garantizar el futuro del sector vinícola neozelandés. Su conclusión fue que tanto SWNZ como las prácticas regenerativas pueden contribuir a proteger el futuro del sector, pero ninguna es una solución única. Wilson propone que ambas pueden coexistir y que los operadores interesados en ir más allá del marco actual podrían integrar prácticas regenerativas.
En la práctica, varias bodegas neozelandesas ya han implementado estos métodos. En Te Mata, Brenton O’Reilly revisó durante un año técnicas orgánicas, biodinámicas y regenerativas antes de aplicar ensayos en diferentes parcelas. Han eliminado herbicidas bajo las vides, utilizan maquinaria específica para cortar y rodar cubiertas vegetales y han incorporado ganado vacuno y compostaje. Según O’Reilly, parte de la inversión inicial se compensa con una reducción de insumos y una mejora en la calidad de la uva.
En Lowlands Wines, Robert Holdaway aplica principios científicos adquiridos durante su carrera en ecología para transformar los viñedos familiares en ecosistemas funcionales. Han sustituido cultivos anuales por praderas perennes diversas y rotan 1.500 ovejas merinas por los viñedos cada invierno para mejorar la fertilidad y controlar el crecimiento vegetal. Evitan el uso de nitrógeno sintético y están probando bloques sin herbicidas. Los resultados incluyen mayor biodiversidad interna y menor necesidad de tratamientos fitosanitarios.
Te Whare Ra es otro ejemplo donde Anna y Jason Flowerday han apostado por cultivos de cobertura permanentes, compostaje propio e integración continua de ganado vacuno y ovino. Han logrado aumentar la materia orgánica del suelo del 2% al 7%, lo que mejora la retención hídrica y la resiliencia ante sequías.
Nick Gill, líder técnico de la Regenerative Viticulture Foundation en Nueva Zelanda, subraya que estas prácticas deben adaptarse a cada finca y recomienda cambios graduales para evitar impactos negativos en el rendimiento o vigor de las vides. En Greystone Wines han eliminado herbicidas e insecticidas sistémicos, emplean cultivos asociados y gestionan el dosel vegetal para controlar enfermedades.
Felton Road lleva más de veinte años trabajando bajo certificación ecológica y biodinámica. Gareth King, gerente de finca, explica que han incorporado nuevas herramientas como rodillos para cubrir cultivos y siguen integrando ganado ovino para enriquecer el suelo.
En Aotearoa New Zealand Fine Wine Estates (AONZ), Nick Paulin utiliza pruebas sencillas como enterrar ropa interior de algodón para mostrar cómo los suelos vivos descomponen mejor los materiales orgánicos. En AONZ combinan mentalidad regenerativa con certificación ecológica e incorporan animales según las características específicas de cada parcela.
El debate sobre la necesidad o no de una certificación específica sigue abierto entre los productores neozelandeses. Algunos consideran que sería útil establecer estándares claros para evitar confusiones o prácticas poco rigurosas asociadas al término “regenerativo”. Otros valoran la flexibilidad actual como una oportunidad para adaptar las técnicas a cada situación concreta.
La tendencia hacia la viticultura regenerativa responde tanto a preocupaciones medioambientales como a la búsqueda de viñedos más resilientes frente al cambio climático y capaces de producir uvas de mayor calidad con menos insumos externos. Aunque todavía no existe un consenso sobre su definición exacta ni un sistema formalizado para certificarla, cada vez más bodegas neozelandesas están adoptando este enfoque como parte central de su estrategia agrícola y empresarial.
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