Quina Santa Catalina y Kina San Clemente: antes el vino también era para niños

Vilma

Viernes 25 de Septiembre de 2020

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Recorte de prensa de la época

Podríamos empezar este artículo con la famosa leyenda inicial de Star Wars: “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...”, pero no. Lo que vamos a contar a continuación ocurrió en España no hace tanto tiempo: los niños bebían. Y no leche, como es menester. Bebían alcohol. Los vinos Kina San Clemente y Quina Santa Catalina no solo eran consumidos por los infantes, sino que eran recomendados por supuestos “expertos” como uno de los mejores medios para que los chavales crecieran más y mejor.

Pero estos vinos no eran tampoco una excepción a la hora de poner a los más pequeños a empinar el codo. Hasta los años 70, e incluso los 80, no era raro mojar el chupete de los bebés en coñac para que durmieran mejor (¡y vaya si dormían!) o mezclar el agua de los botijos con anís para “limpiar el agua de gérmenes”.

Incluso en los chigres asturianos era habitual dar a probar culines de sidra a los chiquillos (culines pequeños, eso sí). Y, por supuesto, colorear la gaseosa con algo de vino en las comidas o refrescarse con unas claras de cerveza en el camping, durante el verano, eran una estampas habituales entre la infancia de la época.

Frases como “por beber un poco no pasa nada”, “deja al chiquillo que pruebe” o “que se vaya fogueando, que ya tiene 7 años” eran muy comunes en aquellos tiempos que, desde la perspectiva actual, solo pueden definirse como salvajes.

Pero centrémonos en la historia del vino Kina San Clemente y la Quina Santa Catalina.

Historia de los vinos para niños

Lo que más llama la atención respecto a la bebida quina, o vinos quinados, fueron las grandes campañas publicitarias con las que fueron apoyadas en las décadas de los 50 y de los 60, incluso en por la entonces incipiente televisión.

Este tipo de bebidas habían tenido un gran boom en todo el mundo durante el último tramo del siglo XIX, y fueron afianzándose en nuestro país durante la primera mitad del siglo XX. Como eran consideradas bebidas medicinales, se creía que sus efectos para la salud eran casi mágicos.

Las campañas publicitarias estaban claramente enfocadas al público infantil, con mensajes como “Es medicina y golosina”, tal y como decía un conocido eslogan de Quina Santa Catalina, o “El vino quinado es excelente para mayores y niños”, como anunciaba Kina San Clemente.

Publicidad televisiva de los vinos quinados

En la publicidad televisiva de la época podía verse a niños haciendo algo parecido a un botellón, e incluso la legendaria marca de vino Sansón tenía un anuncio en el que podía verse a un tierno infante apoyado en una botella, algo que en la actualidad provocaría el espanto incluso a conocidos empinadores de codo como Keith Richards y Ozzy Osbourne.

Sin embargo, nadie llegó tan lejos en su publicidad como Kina San Clemente. Sus spots obviaban cualquier mensaje subliminal e iban directamente al grano, aconsejando sin tapujos que los chiquillos se convirtieran poco menos que en parroquianos de barras de bar.

Uno de sus anuncios intentaba convencer al respetable que lo más lógico, sano y natural para acompañar el bocadillo de la merienda de los pequeños eran unos buenos lingotazos de vino, para que pasase mejor.

Total, una bebida de entre 13 y 15 grados de alcohol no podía hacer ningún daño a los chavales. Vamos, como si hoy día apareciera un mozalbete en un anuncio televisivo con una copa de coñac en una mano y un puro Montecristo en la otra, más o menos.

Como el anuncio no llegó a cuajar del todo y las ventas no alcanzaron los niveles esperados, la marca contrató a la agencia publicitaria Canut & Bardina, que se sacó de la manga un personaje que fue muy popular en la época: Kinito.

Kinito era un niño de dibujos animados (menos mal que no cogieron a uno de verdad) visiblemente alcoholizado que, según el spot, podía salir vestido de torero, de colegial o de tuno, y que recomendaba con toda la pasión que los niños se pimplaran el vino Kina porque “Da unas ganas de comerrrrrrrr...”.

Lo que hoy haría arder las calles en señal de protesta por esta evidente depravación, cayó estupendamente en las mentalidades de la época, aquellos inolvidables 60, y Kinito se convirtió en un ídolo popular. Los niños de la época suspiraban por tener un muñeco de este pequeño dipsómano.

Finalmente, el sentido común se abrió paso y la “broma” llegó a las más altas instancias. El Ministerio de Gobernación, que en la actualidad es el de Interior, tomó cartas en el asunto y decidió prohibir el personaje amparándose en la Ley de Peligrosidad Social.

Y es que no cabe duda que el bueno de Kinito tenía mucho peligro.

 

Y esta es la historia de aquellos tiempos en los que el alcohol era parte de la dieta de los infantes. En la actualidad, y nunca está de más recordarlo, ni la Quina Santa Catalina, ni la Kina San Clemente ni ningún tipo de alcohol puede ser consumido por los menores de edad. Está prohibido por la ley y por el sentido común.

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