Primavera con aroma a vid(a)

Mariana Gil Juncal

Miércoles 20 de Marzo de 2019

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En primavera uno se imagina los vinos que le encantaría que se puedan elaborar con las nuevas uvas de la vid. En las bodegas comienza a haber mucho más movimiento. Las hileras de las viñas comienzan a ser visitadas más frecuentemente por los técnicos de cada bodega y hasta las visitas turísticas retoman los paseos

Cuando el invierno comienza a decirnos adiós, inconscientemente empiezo a despedirme de los guisos bien calóricos, de las cazuelas ahumadas a toda hora, de las sopas que más que sopas a veces parecen ser misteriosos brebajes por la cantidad incontable de ingredientes que pueden llegar a tener dentro.

Cuando la primavera comienza a golpear mi puerta de entrada abrazo con un cálida bienvenida a las preparaciones frías, a las comidas más ligeras pero no por eso menos exquisitas y sobre todo derrocho felicidad porque es el momento ideal de los pescados y los mariscos.

Los vinos tintos que suelen ser casi la única opción aceptada rotundamente en todas las mesas durante el frío invierno, comienzan a dar lugar a un mundo lleno de colores en donde los blancos y los rosados con un gigante abanico de opciones (ya sea por las distintas regiones, variedades de uvas y hasta los diversos tipos de elaboración).

Uno puede darse vuelta en cualquier bar o restaurante y se dará cuenta que el invierno se está yendo cuando la monocromía de las copas comienza a casi desaparecer. Amo los desfiles de copas con vestidos amarillos intensos, amarillos pajizos, por qué no algún ocre o dorado intenso... Y si de colores hablamos podría perder una noche entera jugando a distinguir la cantidad de tonalidades diferentes que podemos encontrar actualmente en el mundo de los vinos rosados. Parecen todos tan iguales, pero les juro que son todos muy distintos y merecen que les demos mucho más que una oportunidad.

Y aunque parezca increíble nuestras elecciones en el momento de hacer maridajes o armonizaciones muchas veces están ligadas, casi inconscientemente a la estación del año. ¿Quién elegiría en pleno invierno un blanco fresco para amainar el frío? Con unos 35 grados en cualquier esquina ¿estás seguro que aunque seas un amante de los tintos elegirías un gran reserva porque sabés que es lo único que te refrescará el alma en alguna terracita escondida de la ciudad?

En fin, las altas o bajas temperaturas inconscientemente nos hacen elegir algunos sabores sobre otros ya que son siempre mejor aceptados los sabores frescos en los días de primavera verano o los más cálidos o acogedores cuando los días más cortos comienzan a llegar de la mano del otoño y el invierno.

Uno de los aspectos que más disfruto de la primavera es que ella nos lleva a un espacio de mucha más apertura, no sólo en los menús enogastronómicos, sino una apertura espacial y literal. Lo primero que aparece en mi cabeza cuando pienso en la primavera es una ventana abierta, con cortinas blancas moviéndose al ritmo de la brisa y una copa fresquita con vino. En mi paisaje primaveral, las flores van apareciendo al mismo tiempo que, feliz, agito mi mano diciéndole adiós al invierno. Junto con la primavera se abren las ventanas, las veredas comienzan a plagarse de vecinos y, de repente, las luces de las terrazas tímidamente se vuelven a encender. La primavera es para muchos la mejor estación del año ya que trae con ella temperaturas más amables sin llegar a ser extremadamente cálidas como para tener que atrincherarnos en algún escondite junto a un ventilador o un aire acondicionado.

Si dejo a un lado las postales más citadinas y viajo con el recuerdo a la viña, la llegada de la primavera nos da la primera señal de la presencia de la vegetación. Es en ese preciso momento en el que comienza un nuevo ciclo en la planta y todos los trabajos agronómicos deben adaptarse a ella y a las condiciones climáticas. Aunque el crudo invierno nos dijo «hasta el año que viene», la primavera trae en su valija la posibilidad de alguna helada, que bien podría afectar la cosecha. Y si los balcones se visten de colores con los trajes de cientos de flores, la viña estrena su vestido verde con sabor a floración y a vida. En este momento los pequeños brotes aparecen para inundar la viña de esperanza e ilusión a vino nuevo. En plena primavera uno tiene el alma más llena de sueños que de realidades. Se imagina los vinos que le encantaría que se puedan elaborar con las nuevas uvas de la vid. En las bodegas comienza a haber mucho más movimiento. Las hileras de las viñas comienzan a ser visitadas más frecuentemente por los técnicos de cada bodega y hasta las visitas turísticas retoman los paseos. ¡Todos ansían sentir el palpitar de vida que llega a la viña con la primavera!

Personalmente, cuando llega la primavera me encanta disfrutar el vino en una terraza, imaginando que en el vientre de la viña un nuevo vino está comenzando a latir, lentamente, muy suave, para nacer en unos meses en la bodega y llegar otra vez a la copa.

Mariana Gil Juncal
Licenciada en comunicación social, periodista y sumiller.

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