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ENOLOGÍA PARA TODOS: Evolución de la viña

Autor

Avelino Vegas

Avelino Vegas

10 de Mayo de 2018

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Ya han pasado unos días desde el desborre, hemos vivido algunas jornadas tensas con temperaturas que rozaban la helada, pero aparentemente nos hemos librado, al menos de momento. Como prometí, hoy avanzaremos un poco más en los estados fenológicos, analizando el crecimiento de las ramas y las hojas.

Hace dos semanas empezamos a familiarizarnos con Bagglionni y los estados fenológicos, aprendimos que el desborre es la letra B, yema de algodón, y un poco después pasamos al estado C, punta verde. Si tenemos la suerte y la oportunidad de ver la viña crecer, vemos que el paso de todos estos estados es muy rápido, casi sorprendente. En tres o cuatro días podemos pasar de la yema de invierno a la salida de las hojas.

Justo después de la punta verde, cuando todo se ha puesto en marcha, podemos ver el estado D: salida de las hojas. Estas yemas ya muestran una hoja más formada con los piquitos característicos de las hojas de viña, y parecen el capullo de una flor. Un poco más tarde vemos que el tallo ha comenzado a crecer y las hojas están extendidas; este es el estado E. Estas hojas son todavía muy pequeñas para hacer la fotosíntesis y autoabastecerse de energía, por lo que continúan alimentándose en parte de la reserva de energía del tronco del año anterior.

Si las yemas que hemos dejado en la poda son productoras de uva, podremos ver dentro de poco el estado F: racimos visibles. Os muestro fotos de aquí de Burdeos, donde la viña ya está un poco más avanzada. Veremos la evolución de estos racimos en las próximas semanas.

El crecimiento de hojas y racimos depende de la actividad del resto de la planta. Gracias a la lluvia de estas últimas semanas, las raíces tienen mucha agua disponible y es absorbida junto con las sales minerales para ser conducida hasta las ramas. Las hojas empiezan a hacer la fotosíntesis por el día para producir azúcar, cogen CO2 de la atmósfera y desprenden oxígeno. Por la noche las plantas respiran, consumen el azúcar producido, absorben oxígeno del aire y desprenden CO2. Gracias a la respiración la vid multiplica las células y crece. Cuando las hojas sean más grandes podrán producir la energía necesaria para consumir ellas mismas, alimentar a las hojitas más pequeñas, hacer crecer los racimos y, lo que quede, se guardará en el tronco para la vendimia 2019. ¡Sí, sí, la planta ya está preparando todo para el año que viene!

Como siempre, el crecimiento depende de la temperatura, el óptimo está entre 25 y 30°C. Por encima de 32°C el crecimiento se ralentiza y se detiene completamente si la temperatura supera los 38°C. Las Denominaciones de Origen de Castilla y León son tan características, porque durante el día en verano, la viña deja de crecer o lo hace muy lentamente. Para no inducir errores, hablo del crecimiento de ramas y hojas, no de la maduración de los racimos (de ello hablaremos más adelante). La luz también influye en el crecimiento, como la vid es una planta de día largo, crece más activamente en junio y principios de julio.

Dejemos que la viña siga creciendo e intentando pasar desapercibidos para las heladas de primavera. ¡La cosecha 2018 promete!

Por Cristina Vegas Gómez

Cristina Vegas es nieta del fundador de Avelino Vegas. Es licenciada en Biotecnología y cursó sus estudios de Enología en la universidad de Burdeos.

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