Miércoles 15 de Julio de 2026
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El próximo 12 de agosto, un eclipse solar total oscurecerá durante poco más de un minuto parte de la península Ibérica y Baleares, mientras que en el resto de España podrá verse de forma parcial. La previsión ya está teniendo efectos en el turismo, la movilidad y la organización de actividades, con un aumento de las reservas hoteleras en varios puntos del país y una expectación social que va más allá del interés astronómico.
Según el Instituto Geográfico Nacional, en ciudades como Burgos el eclipse comenzará a las 19.33 horas y alcanzará su máximo a las 20.29 horas. La fase de totalidad durará 104 segundos y se producirá con el Sol a solo 8 grados de altura. El organismo público dispone además de un visualizador para consultar por municipio los horarios, la duración, el grado de oscurecimiento y la elevación solar.
La dimensión turística ya se está notando. Reuters informa de que las reservas hoteleras internacionales en pequeñas ciudades situadas en la ruta del eclipse han aumentado un 383% este año y de que el acontecimiento podría generar 362 millones de euros en gasto turístico. Además, el Gobierno español espera atraer a unos 10 millones de astroturistas extranjeros.
Los datos de Booking apuntan en la misma dirección para la noche del próximo 12 de agosto. Las reservas han crecido un 260% en A Coruña, un 170% en León y un 120% en Burgos. El interés se concentra en lugares desde los que podrá observarse mejor el fenómeno, pero también alcanza a otros destinos que prevén recibir visitantes atraídos por la experiencia.
Lluís Garay, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya e investigador del grupo NOUTUR, sostiene que este eclipse puede alterar de forma temporal la naturaleza habitual del astroturismo. A su juicio, esta actividad se ha entendido tradicionalmente como un turismo de intereses especiales, vinculado a un público reducido con motivaciones científicas, culturales y de contacto con la naturaleza, pero el eclipse de este año introduce una escala distinta.
"El caso del eclipse de este año, que se verá en gran parte de la península ibérica, es diferente; hablamos de un acontecimiento excepcional que puede actuar como catalizador y transformar temporalmente este nicho en un fenómeno mucho más masivo", afirma Garay.
El investigador recuerda como antecedente el eclipse solar de 2019 en la región chilena de Coquimbo, que atrajo a cerca de medio millón de visitantes. En su opinión, este tipo de episodios incorpora perfiles más diversos, con viajeros expertos, aficionados, familias, turistas de verano y visitantes ocasionales, muchos de ellos con motivaciones que no se limitan a la astronomía.
Garay precisa, no obstante, que el efecto económico no tiene por qué mantenerse en el tiempo. Explica que los estudios sobre eclipses muestran un impacto intenso a corto plazo en alojamiento, restauración, transporte y actividades vinculadas a la experiencia, pero también apuntan a que ese impulso puede agotarse rápido si el territorio solo se prepara para unos días de afluencia.
"Para que la rentabilidad transcienda al beneficio inmediato y deje una impronta territorial duradera, los gestores de los destinos tienen que construir un ecosistema astroturístico colaborativo", señala. En esa línea, plantea integrar la astronomía con otros activos del territorio, como el patrimonio biocultural, la gastronomía, la arqueología, el turismo rural, las actividades familiares y la protección del cielo nocturno.
También considera necesario reforzar la señalización, el transporte público, la gestión del tráfico y el control de la contaminación lumínica. La idea, sostiene, es que el eclipse no se quede en un pico puntual de ingresos, sino que sirva para posicionar a los destinos más allá de esa fecha.
La expectación no se explica solo por el tirón turístico. Emilia Redolar, profesora de neurociencia de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC e investigadora del grupo e-RLab, apunta a una razón básica: la novedad. Un eclipse solar total es un fenómeno poco habitual y el cerebro, explica, está preparado para detectar aquello que resulta infrecuente, relevante o potencialmente importante.
Redolar señala que en esa respuesta intervienen las neuronas dopaminérgicas que conectan el área tegmental ventral con el núcleo accumbens, una región del estriado. Ese sistema participa en la motivación y en la detección de estímulos relevantes. "Estas neuronas señalizan aquello que es importante para nosotros y también se activan ante la novedad", afirma.
Según la investigadora, esa activación puede traducirse en conductas muy concretas: buscar información, comprar gafas homologadas, reservar alojamiento, escoger un punto de observación u organizar la experiencia con otras personas. Esa mezcla de anticipación, preparación y vivencia compartida ayuda a explicar por qué un fenómeno de apenas unos minutos moviliza a tanta gente.
Los expertos de la UOC subrayan además que el interés colectivo debe ir acompañado de medidas de observación seguras. El eclipse, recuerdan, implica riesgos oculares si se mira sin la protección adecuada, una cuestión práctica que gana peso a medida que aumenta el número de personas dispuestas a seguir el fenómeno desde distintos puntos del país.
La combinación de rareza astronómica, movimiento turístico y preparación logística sitúa el próximo 12 de agosto como una fecha de alta actividad para muchos destinos españoles. Durante 104 segundos en algunos puntos, el cielo cambiará antes de la puesta de sol. Mucho antes de ese momento, el eclipse ya está alterando reservas, planes de viaje y expectativas.
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