Martes 26 de Mayo de 2026
Leído › 539 veces

El Festival Terrer Empordà vuelve este 2026 con una segunda edición que une música, patrimonio y vino en distintos puntos del Empordà, con la Albera como eje de la propuesta. El certamen se celebrará del 28 de mayo al 12 de julio y pone el foco en el paisaje vitivinícola de esta zona y en sus monumentos milenarios, con la intención de abrir un diálogo entre las artes en vivo y la cultura del vino en el Mediterráneo.
La Canònica de Vilabertran será la sede principal del festival y acogerá una de las propuestas centrales del programa. La organización sitúa también el recorrido en municipios representativos de la Albera como Capmany, Espolla, Garriguella y Sant Climent Sescebes, además de espacios monumentales como Santa Maria del Roure y Sant Quirze de Colera.
Dentro de esta edición, la Canònica de Vilabertran se convierte en el lugar elegido para una reflexión sobre la relación entre arquitectura, paisaje y actividad vitivinícola. Bajo el título Arquitectura de terrer: El celler com a manifest de la identitat del territori, el arquitecto Oriol Roselló, del estudio Bangolo, y la asociación GRETA, Grup de Recerca en l’Arquitectura Tradicional, presentan una propuesta que reivindica el regreso a técnicas preindustriales para pensar el celler del siglo XXI.
La instalación o tesi visual y conceptual podrá visitarse durante todo el festival. Según la propuesta, el celler en el Empordà debe construirse con materiales ligados al territorio y con una lógica que responda al entorno. La idea parte de una crítica a los edificios icónicos desconectados del paisaje y plantea volver a una “verdad constructiva” que recupere el vínculo entre forma, materia y lugar.
Roselló defiende una “revolució del passat”, una línea de trabajo que recupera el espíritu de Cèsar Martinell y de las llamadas Catedrals del Vi. La propuesta incorpora técnicas como la volta catalana, la tàpia, la calç y la pedra seca, aplicadas con criterios actuales. El objetivo es que el celler del futuro no dependa de soluciones industriales para mantener las condiciones necesarias para el vino, sino de la propia materia y de la capacidad de los muros para gestionar la inercia térmica.
Los autores sostienen que la sostenibilidad no debe entenderse como un añadido tecnológico, sino como una cualidad integrada en la construcción. En su planteamiento, los muros masivos y los materiales naturales permiten que la arquitectura respire y ayude al reposo del vino sin recurrir a sistemas de climatización industrial.
Leído › 539 veces