Lunes 26 de Enero de 2026
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Montilla, situada en el corazón de Andalucía, se ha consolidado como un destino gastronómico de referencia para quienes buscan combinar la tradición culinaria con el disfrute de sus vinos. Esta localidad cordobesa invita a descubrir su cocina a través de recetas que han pasado de generación en generación y que hoy forman parte de la identidad local.
Uno de los platos más representativos es la alcachofa a la montillana. Este producto, muy ligado al territorio, se ha convertido en un símbolo de la zona. Aunque muchos asocian el nombre del plato al vino, en realidad hace referencia a la variedad de alcachofa que antiguamente se cultivaba en los campos de Montilla. La receta, además de ser apreciada por su sabor, es conocida por sus propiedades beneficiosas para el hígado.
El rabo de toro al oloroso es otro de los imprescindibles en la oferta gastronómica local. Se trata de una receta tradicional que se cocina a fuego lento y se enriquece con vino oloroso de Montilla, lo que le aporta una textura melosa y un sabor intenso. Este plato se puede encontrar en la mayoría de tabernas y restaurantes de la localidad.
La mazamorra ocupa un lugar especial en la mesa montillana. Considerada la antecesora del salmorejo, se elabora con miga de pan, almendras crudas, aceite de oliva virgen extra, ajo, vinagre y sal. Cada establecimiento aporta su toque personal, variando texturas y acompañamientos, lo que permite al visitante probar diferentes versiones de este clásico.
El salmorejo, aunque más conocido, también tiene su espacio en Montilla. Se sirve durante buena parte del año y destaca por su cremosidad y el protagonismo del aceite de oliva virgen extra local. Es un plato sencillo pero muy valorado por quienes buscan sabores auténticos.
Entre las especialidades para tapear, el crispín es una de las más originales. Nacido en Montilla, este bocado se elabora tradicionalmente con rosada o merluza, relleno de bechamel y atún en conserva. En la actualidad, es habitual encontrarlo también con gambas. Su textura crujiente por fuera y suave por dentro lo convierte en una opción muy popular entre los locales.
En el apartado dulce, el pastelón es un icono de la repostería montillana. Se vende en una histórica pastelería de la calle Corredera, que abrió sus puertas en 1930 tras un terremoto. Este dulce forma parte de la memoria colectiva de la ciudad y sigue siendo una parada obligada para quienes visitan Montilla.
El vino Pedro Ximénez, conocido por su dulzura, es protagonista en uno de los rituales más apreciados: terminar la comida con una copa de PX acompañada de chocolate negro o quesos azules. Este maridaje resume la esencia de Montilla y es una experiencia recomendada para quienes quieren conocer la riqueza de sus vinos.
La oferta de vinos y vinagres en Montilla es amplia y variada. Las cartas de los restaurantes y tabernas incluyen blancos, generosos, dulces, espumosos, vermuts y vinagres de gran calidad. Esta diversidad permite al visitante disfrutar de una ruta gastronómica copa a copa, descubriendo matices y sabores únicos.
El desayuno también tiene su sello propio en Montilla. Las panaderías artesanales ofrecen hojaldres recién hechos, muy típicos en la zona y perfectos para acompañar con café o incluso con una copa de vino dulce.
Por último, los dulces conventuales del Monasterio de Santa Clara son una muestra del saber hacer tradicional. Elaborados con recetas centenarias y mucho cuidado, estos dulces reflejan la paciencia y la dedicación de las monjas, y son muy apreciados tanto por los habitantes de Montilla como por los visitantes.
Montilla se presenta así como un destino donde la gastronomía y el vino se unen para ofrecer una experiencia completa, en la que cada plato y cada copa cuentan una parte de la historia local.
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