El consumo de vino en Argentina cae a mínimos históricos por cambios culturales y leyes más estrictas

La demanda se desploma más de 20% en cinco años y las bodegas sufren exceso de stock y caída de rentabilidad

Jueves 12 de Marzo de 2026

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Argentina’s Wine Consumption Drops to Historic Low as Health Trends Shift Habits

El consumo de vino en Argentina ha registrado una caída superior al 20% en los últimos cinco años, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). El consumo per cápita se sitúa actualmente en 15,77 litros anuales, el nivel más bajo desde que existen registros. En 1970, la cifra alcanzaba los 90 litros por persona. El último año con crecimiento fue 2020, coincidiendo con el inicio de la pandemia y el confinamiento, cuando muchos argentinos optaron por consumir más vino en casa. Desde entonces, la tendencia ha sido descendente: en 2021 la reducción fue del 11,1%, en 2022 del 1,3%, en 2023 del 6,3%, en 2024 del 1,2% y en 2025 del 2,7%.

Aunque la economía argentina atraviesa una situación complicada desde hace años, productores y especialistas señalan que el principal motivo de esta caída no es la situación económica. El cambio de hábitos hacia estilos de vida más saludables y la reducción voluntaria del consumo de alcohol figuran entre las causas principales. Tras la pandemia, se ha extendido una mayor conciencia sobre la salud y el bienestar. Muchas personas han optado por reducir o eliminar el consumo de bebidas alcohólicas, priorizando la actividad física y una alimentación equilibrada.

Este fenómeno no es exclusivo de Argentina. Según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), el consumo mundial de vino alcanzó en 2025 su nivel más bajo desde 1961, con 214 millones de hectolitros. Países como Estados Unidos y China también han registrado descensos, influenciados tanto por factores económicos como culturales. En Europa, el consumo ha bajado cerca del 25% desde el año 2000.

En Argentina, además de los cambios culturales, las restricciones legales han tenido un impacto directo. La Ley de Alcohol Cero al volante se ha extendido a la mayoría de las provincias. Solo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Mendoza permiten hasta 0,5 gramos de alcohol por litro de sangre para conductores. En el resto del país, la tolerancia es nula y las multas pueden alcanzar cifras elevadas. Los controles policiales se han intensificado y los datos oficiales muestran una reducción constante en los casos positivos desde 2020.

La caída en el consumo ha afectado directamente a las bodegas argentinas. Las ventas disminuyeron un 2,5% en 2025 y los precios se han visto presionados a la baja debido al exceso de stock. La rentabilidad se ha reducido y algunos productores han abandonado viñedos menos productivos, una tendencia que se observa desde hace más de una década. A esto se suman otros problemas como el aumento de los costes de producción, un tipo de cambio desfavorable para las exportaciones y una caída del 7,2% en las ventas al exterior durante el último año, lo que supone el nivel más bajo en dos décadas.

El gasto familiar también ha cambiado en Argentina. El aumento de tarifas, combustibles y servicios esenciales ha obligado a muchas familias a priorizar sus compras. Las bebidas alcohólicas han pasado a un segundo plano frente a productos considerados básicos. Además, las compras en el extranjero han aumentado debido a la diferencia cambiaria.

A pesar del descenso generalizado, algunos expertos observan señales de adaptación dentro del sector vitivinícola argentino. Se detecta un mayor consumo informal entre jóvenes y mujeres durante reuniones sociales y un interés por formatos alternativos o mezclas con otras bebidas. Estas tendencias podrían ayudar a mantener cierta estabilidad en el futuro para uno de los productos más emblemáticos del país.

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