Jueves 13 de Agosto de 2026
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La televisión de Estados Unidos ha incorporado en los últimos meses una nueva etiqueta informal para definir una parte de su oferta de suspense: los “white wine thrillers”, o thrillers de vino blanco. Con ese nombre, directivos, agentes y guionistas agrupan series de tensión contenida, con poca violencia gráfica, pocos asesinatos, personajes con dinero, viviendas de lujo y tramas lideradas por mujeres, pensadas además para una audiencia femenina.
La expresión no describe un género nuevo, sino una forma de ordenar un tipo de producción muy presente en la última década. En 2023, la responsable de contenidos de Netflix, Bela Bajaria, ya había hecho conocida otra fórmula interna para el ideal de programación de la plataforma, la “hamburguesa gourmet”, una mezcla de producto popular con un acabado de prestigio. Ahora, parte de la industria ha pasado a usar referencias vinícolas para hablar de thrillers con un tono menos duro y una imagen más amable.
Lisa Katz, presidenta de contenidos de ficción de NBC y Peacock, sitúa el origen del término en conversaciones internas tras All Her Fault. Katz cuenta que, al hablar de thrillers protagonizados por mujeres, uno de los ejecutivos de la compañía los llamó así. Para ella, la imagen funciona porque el vino blanco transmite algo ligero, refrescante y fácil de consumir, una sensación que, a su juicio, encaja con este tipo de series.
Bajo esa definición entran adaptaciones literarias con un aire aspiracional y un suspense accesible. Entre los ejemplos que se citan dentro del sector figuran The Perfect Couple, adaptación de la novela de Elin Hilderbrand para Netflix; Nine Perfect Strangers, en Hulu; y The Undoing, de HBO. También aparece de forma recurrente Big Little Lies, la producción de HBO que reunió a varias actrices de primer nivel en la costa de California y convirtió un asesinato en el motor de una historia sobre privilegio, matrimonio y violencia doméstica.
El caso más citado ahora mismo es All Her Fault. La miniserie de 2025, protagonizada por Sarah Snook, gira en torno a una madre que se desmorona tras la desaparición de su hijo. La serie ha obtenido siete nominaciones a los Emmy y, hasta el estreno de Five Star Weekend, era el original más visto de la historia de Peacock. La propia plataforma anunció en julio que había alcanzado la rentabilidad, una noticia que dentro del negocio se ha interpretado como una señal del valor comercial de este tipo de proyectos.
Tessa Coates, cómica y showrunner de Ride or Die para Prime Video, considera que la expresión tiene utilidad industrial porque “se entiende al momento”. Coates añade que hacer bien un thriller es difícil y rechaza que la asociación con una copa de vino blanco rebaje el género. A su entender, la etiqueta solo deja claro que hay espacio para la diversión dentro de historias de suspense.
La serie de Coates, con Octavia Spencer y Hannah Waddingham, se aleja algo de esa categoría por su mayor carga de comedia y acción. Dentro de ese margen también se citan otros títulos del verano televisivo. Lucky, con Anya Taylor-Joy en Apple TV, se percibe en algunos despachos como una propuesta más inclinada al público masculino para entrar del todo en esa casilla. Five Star Weekend, el drama con Jennifer Garner, tiene menos suspense. Katz llegó a bromear con que, en su caso, quizá encajaría mejor la idea de un “rosado”.
A la vez, la propia industria ha empezado a hablar de los “red wine thrillers”, thrillers de vino tinto. Comparten parte del ADN del modelo anterior, pero suben la dureza: más muertos, más suciedad moral y menos brillo en la superficie. Entre los referentes aparecen Sharp Objects, con Amy Adams, y Furious, la serie de Liz Meriwether y Emmy Rossum para Hulu sobre una víctima de un depredador sexual de perfil similar al de Jeffrey Epstein que mata a sus violadores uno por uno.
Una fuente de producción del sector resume la diferencia con una imagen simple: el thriller de vino tinto “deja marca” y se queda más tiempo en el espectador. Esa misma voz sostiene que Peacock y Hulu buscan con claridad thrillers de vino blanco, mientras que Netflix y HBO Max aceptan con más facilidad propuestas más sombrías. Sobre Paramount, la percepción en parte del negocio es que la compañía sigue ajustando su estrategia para conectar mejor con el público femenino tras años de fuerte dependencia del universo televisivo de Taylor Sheridan.
La discusión no es solo comercial. La extensión de esta etiqueta ha reabierto el debate sobre el lenguaje que usa Hollywood cuando habla de series dirigidas a mujeres o protagonizadas por ellas. Larry Salz, agente y socio de UTA, avisa del riesgo de meter bajo una misma fórmula producciones que en realidad son muy distintas entre sí. Para Salz, el problema aparece cuando una cadena o plataforma concluye que ya tiene “su thriller femenino” y deja de buscar otras historias del mismo ámbito.
Esa objeción enlaza con una crítica más amplia: las series orientadas a hombres rara vez quedan reducidas a rótulos de este tipo, mientras que la ficción centrada en mujeres se clasifica con más facilidad mediante expresiones que pueden sonar condescendientes o sexistas. Aun así, dentro del negocio hay quien ve utilidad en estas taxonomías, aunque nazcan como una broma de pasillo. En un mercado saturado de títulos y con plataformas que intentan ajustar su oferta sin una fórmula segura, una etiqueta breve sirve para explicar rápido qué tono, qué público y qué nivel de dureza tiene un proyecto.
Katz comparte esa idea, pero introduce una cautela. A su juicio, los ejecutivos quieren clasificar porque intentan averiguar qué desea la audiencia, aunque la experiencia le dice que eso nunca se sabe con certeza. Por eso, sostiene, la única base fiable sigue siendo la misma: hacer series entretenidas, bien ejecutadas y capaces de conectar con el público, sea cual sea el género.
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