Aranceles USA: “Let's Make America Great Again”

El vino como arma política

Carlos Lamoca Pérez

Martes 20 de Enero de 2026

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De momento, la ruleta DT ha dejado en un 15 % el arancel al vino europeo. Con ser un golpe económico de importancia, no es eso lo más grave que ha supuesto la medida, sino la justificación que el croupier ha dado para imponerla: "Let's make America great again". Hágamos grande de nuevo a América. Tarea ésta que, algunos ingenuos pensaron iba dirigida exclusivamente a la sociedad americana. No era así. Bastó que llegase la performance de entrega de diplomas de afección al Capitán América, para darnos cuenta de que, se trataba de de cobrar facturas atrasadas provenientes de un tiempo donde la pax USA, se prestó, en opinion personalísima del inefable Capitán, de forma gratuita. Aunque nunca fuera exactamente así, Mr. Marshall.

El arancel genuino, en su día, un derecho aduanero (económico) que se exigía por el simple hecho de permitir el paso a los mercados nacionales de mercancías extranjeras, llegó a ser en el siglo pasado, un instrumento altamente eficaz de protección de las economías nacionales, frente a importaciones de países extranjeros que, con costes de producción inferiores a los nacionales, competían en el mercado interno. Se trataba pues de equilibrar economías protegiendo la propia mediante un instrumento netamente economicista. Abierta la puerta de la protección propia, era inevitable que el instrumento mixtificase su pura naturaleza económica para convertirse, hoy en día, en un instrumento de naturaleza netamente política.  Y como tal, en un instrumento de presión que, solo residualmente pretende proteger la propia economía, no fortaleciendo ésta técnicamente, sino debilitando la ajena. Y esto, en manos de la frivolidad, se convierte en un instrumento maquiavélico generador constante de inseguridad jurídica en los mercados, a través de puestas en escena y chalaneos humillantes cuyos resultados, como no, siempre soportarán los eslabones más débiles de ese diabólico juego.  Y uno de esos eslabones es precisamente el sector vitivinícola español.

Es indudable que España, el primer viñedo y el tercer elaborador de vino del mundo, con aproximadamente 4.000 bodegas exportadoras de vino, se está viendo afectado de forma grave por el vendaval DT. Máxime cuando las aguas todavía amenazan con ser más turbulentas. El panorama es sombrío: Con un 15 % de arancel para entrar en el mercado más potente del planeta (virgencita que me quede como estoy); con un pacto solidario ya firmado con MERCOSUR (vinos chilenos y argentinos); y con la novedad chantajista de tener que apoyar-disimular la apropiación de Groenlandia, so pena de entrar en la lista negra de nuevos aranceles, la situación es muy preocupante.

Estamos en manos de la política populista y no de la ortodoxia económica. Y eso es grave. El arancel ya no se impone para equilibrar mercados distintos evitando que los bienes y servicios que llegan al mercado nacional, vengan con precios que supongan desigualdades competenciales, sino para concitar adhesiones políticas y claro está, para hacer grande una economía que ya es grande. Como decía recientemente un político de la izquierda nacional: No solo quieren más, es que quieren más que los demás. Pues eso.

¿Qué se puede hacer? Desde luego, lo primero resistir hasta que escampe. Y pasar a la contraofensiva cultural. Y defender, porque es así, que el vino, no se produce: se elabora.  Que cada vino es único. Que cada añada, que cada pago, que incluso, a veces, cada botella es única. El vino no son tornillos que se puedan fabricar indistintamente en Napa  Valley o Burdeos. Y por tanto, no se puede justificar un arancel "económico-proteccionista" sobre el vino, por la sencilla razón de que su justificación "económica" (proteger la propia elaboración de ese vino en territorio USA), no tendría base. Ese vino USA sería otro vino. Con sus virtudes propias, pero distinto. No existiría competencia entre vinos similares, porque esa similitud sería imposible. O lo que es lo mismo, quien quiera beber un vino de O Rosal elaborado en Napa Valley, no estaría bebiendo un vino de O Rosal.

Claro está que habrá vinos donde esa vitola diferencial sea casi inapreciable. Vinos mas cercanos a ser producidos que a ser elaborados. Una especie de "vinos-cocacola" que se pueden producir en cualquier sitio, porque, en cualquier sitio saben lo mismo. En una sociedad donde la cultura del vino, no se pierde en complejas distinciones, este coupage que mete a todos los vinos en el mismo cesto, no deja de ser una consecuencia simplista y lógica. Sobre esos vinos, una vez identificados, podría defenderse el establecimiento de un arancel generalista. Únicamente en esas situaciones, la protección de la propia economía estaría justificada. En el resto de situaciones, la imposición de un arancel, solamente estaría justificada por el "derecho de paso" al mercado USA, no por la protección de tus propias bodegas. Un arancel este, que recuerda a los antiguos "fielatos" patrios, donde se pagaba una tasa en las entradas a las ciudades, para poder comerciar los productos del campo. Medieval y anacrónico en un mundo globalizado, donde la libertad de circulación de mercancías, es irremediable. Con las debidas garantías, pero irremediable.

El vino europeo, no es el vino europeo salvo por su puerto de origen en la exportación. Ni siquiera es el vino de Francia, de Italia, de España.....Es el vino de la añada XXX, del pago XXX, de la Bodega XXX. Y ese vino es irrepetible. Es único.

"Es la economía, estúpido, no la política". Hace tiempo que dejó de tener vigencia la famosa frase de la campaña de Bill Clinton. Lamentablemente, hoy es la política y solo la política. Porque la economía, no es sino, política. Pura política populista.

Carlos Lamoca Pérez
Inspector de Hacienda del Estado.
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