El vino italiano genera 45.200 millones de euros y sostiene el 58% del saldo comercial agroalimentario

El enoturismo crece un 16% y aporta 2.900 millones en 2024 mientras el sector innova frente al cambio climático

Jueves 15 de Enero de 2026

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Italian Wine Exports Hit €7.8 Billion in 2023 as Wine Tourism Surges 16 Percent

El sector vinícola en Italia representa el 1,1% del Producto Interior Bruto y emplea a unas 303.000 personas. La producción anual ronda los 45.200 millones de euros, con un valor añadido de 17.400 millones, según datos de la Unión Nacional Sindical de Empresarios y Agricultores (UNSIC). Estos datos muestran la importancia que tiene la industria del vino para la economía italiana.

Un análisis realizado por la consultora Prometeia en 2024 indica que el vino aporta el 58% al saldo comercial del sector agroalimentario italiano. Sin esta industria, el sector perdería más de la mitad de su saldo comercial. Los resultados de este estudio, presentados en Vinitaly en Verona en 2024, señalan que una caída del sector supondría una pérdida económica considerable para Italia. Por cada euro gastado en vino, se generan 2,4 euros de producción y un valor añadido de 0,9 euros. Además, cada 62.000 euros producidos por la cadena vinícola garantizan un puesto de trabajo.

El vino es considerado un activo estratégico nacional no solo por su impacto en el empleo y las finanzas, sino también por su peso en las exportaciones y el turismo. En 2022, las exportaciones italianas de vino alcanzaron los 8.000 millones de euros, un 12% más que en 2021. En 2023 se registró una ligera bajada del 0,8%, cerrando con 7.800 millones de euros. Según el Observatorio UIV-Ismea, a pesar de este descenso, Italia sigue figurando entre los principales países exportadores. En los primeros seis meses de 2024, las ventas al exterior de vinos embotellados italianos sumaron 2.600 millones de euros, lo que supone el 7,6% del total exportado por el sector agroalimentario.

El enoturismo también contribuye al desarrollo económico y financiero del país. La Asociación Città del Vino estima que alrededor de 15 millones de personas participan cada año en actividades relacionadas con el vino, entre viajeros y excursionistas. El gasto diario medio de estos visitantes es de unos 124 euros, un 13% más que el turista medio. En 2024, el enoturismo generó un valor de 2.900 millones de euros, con un aumento del 16% respecto a 2023.

En regiones como Barolo, Montalcino y Etna, el impacto económico por botella producida y consumida localmente es de unos 117 euros, 109 euros y 82 euros respectivamente (según el Observatorio UIV-Vinitaly). Las previsiones apuntan a que el turismo vinculado al vino podría alcanzar los 332,5 millones de dólares a nivel internacional en la próxima década. Un informe de Future Market Insights calcula que este tipo de turismo ya llegó a los 95,8 millones de dólares a finales de 2024 y prevé un crecimiento anual compuesto del 13,2% durante los próximos diez años.

En los últimos años ha aumentado la demanda de experiencias inmersivas como catas, talleres o visitas a viñedos y bodegas. Las colaboraciones entre bodegas, restaurantes y cocineros locales son frecuentes. Actualmente, estas experiencias representan el 34,6% del valor total generado por el sector turístico vinculado al vino. Además, las reservas directas a través de páginas web propias suponen ya el 38,7% de los ingresos.

El verano de 2024 fue especialmente positivo para el turismo gastronómico y vinícola italiano. Entre las regiones más visitadas figuran Toscana, Emilia Romaña y Puglia. Según el Informe sobre Turismo Enogastronómico Italiano 2024, Toscana fue elegida por el 39,9% de los turistas interesados en gastronomía y vinos ese año; un 33,9% planea visitarla próximamente por estos motivos. Emilia Romaña recibió al 30,8% y Puglia al 30,1%, con porcentajes similares para futuros viajes. Sicilia atrajo al 27,8% e interesa al 33,2% para próximas visitas; Campania recibió al 26,2% e interesa al 24,2%. El Véneto también ha registrado buenos resultados gracias a vinos conocidos como Prosecco o los tintos de Valpolicella y sus paisajes.

El cambio climático plantea problemas importantes para la viticultura italiana. Entre las soluciones propuestas por expertos se encuentran la experimentación con nuevas variedades más resistentes al clima actual y la adopción de técnicas agrícolas innovadoras para optimizar el uso del agua. La salud del suelo es clave para mantener viñedos productivos; por eso se promueve el uso combinado de fertilizantes orgánicos y organo-minerales junto con cubiertas vegetales y una reducción del laboreo tradicional.

Estas prácticas mejoran la estructura del suelo y su capacidad para retener humedad además de favorecer la biodiversidad microbiana necesaria para que las plantas resistan condiciones extremas. Incrementar la presencia microbiana ayuda a fortalecer las defensas naturales frente a enfermedades o sequías.

La fertilidad del suelo no depende solo de su composición química o física sino también del número y variedad de microorganismos presentes. Proteger esta vitalidad microbiana es básico para asegurar cultivos sanos y productivos. Las cubiertas vegetales ofrecen ventajas como control frente a la erosión causada por viento o lluvia; mejoran la aireación y drenaje; aumentan la biodiversidad; ayudan a gestionar mejor la humedad; compiten con malas hierbas reduciendo así tratamientos químicos; enriquecen el ciclo natural del nitrógeno; estabilizan la temperatura evitando daños por cambios bruscos.

Otra medida importante es optimizar el uso del agua mediante sistemas como riego por goteo o monitorización precisa del nivel hídrico en el suelo para garantizar suministro suficiente incluso durante periodos secos.

La crisis climática afecta especialmente al sector agroalimentario italiano que representa el 27% del volumen empresarial nacional según estimaciones conjuntas publicadas este otoño por Ismea, Uiv y Assoenologi: se prevé una producción vinícola cercana a los 41 millones de hectolitros este año (un aumento del 7% respecto a 2023), aunque sigue siendo inferior a la media quinquenal situada en torno a los 47 millones.

Algunas regiones han comenzado a trasladar viñedos hacia zonas más altas buscando condiciones más favorables pero deben considerar siempre las características específicas del nuevo terreno antes de elegir variedades adaptadas tanto al clima como al suelo local.

El calentamiento mundial supone una dificultad importante para viticultores e industria vinícola italiana pero existen vías para mantener su actividad mediante innovación agrícola sostenible: nuevas técnicas productivas; selección varietal adaptada; búsqueda constante de territorios aptos pueden asegurar la continuidad futura del sector pese a los cambios ambientales actuales.

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