Jueves 28 de Agosto de 2025
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El sector agroalimentario italiano se encuentra ante una situación complicada tras la entrada en vigor de los nuevos aranceles estadounidenses del 15% sobre productos como el vino, el aceite de oliva virgen extra y la pasta. Esta medida, implementada el pasado 7 de agosto por la administración de Donald Trump, amenaza con provocar pérdidas superiores a los mil millones de euros para las exportaciones italianas.
Estados Unidos es el principal destino fuera de Europa para los alimentos italianos. En 2024, las ventas alcanzaron casi 8.000 millones de euros. Este mercado no solo aporta ingresos importantes, sino que también sirve como escaparate internacional para los productos italianos.
Según datos recogidos por QuiFinanza, el sector vinícola es el más afectado, con un impacto estimado en 290 millones de euros debido a los nuevos aranceles. El aceite de oliva virgen extra podría sufrir un aumento de costes superior a 140 millones, mientras que la pasta italiana afronta un incremento cercano a los 74 millones de euros.
Los primeros efectos ya se reflejan en las cifras del comercio exterior. En junio, las exportaciones agroalimentarias italianas hacia Estados Unidos cayeron un 2,9%, lo que supone el primer descenso desde septiembre de 2023. A principios de año, el crecimiento era del 11%, pero en abril bajó al 1,3%, en mayo al 0,4% y finalmente se registró una caída en junio.
El impacto varía según las regiones productoras. Por ejemplo, la provincia de Lucca exporta cada año productos por valor de 700 millones de euros a Estados Unidos, lo que representa el 8% del total regional. De esa cifra, el 37% corresponde al sector agroalimentario, lo que hace que esta zona sea especialmente vulnerable a la nueva política arancelaria.
No es la primera vez que productos italianos sufren barreras comerciales en Estados Unidos. El Parmigiano Reggiano soporta aranceles del 15% desde 1964 y sectores como el acero y el aluminio afrontan tasas aún más elevadas, llegando al 50%.
La situación actual puede favorecer a productores internacionales rivales. Los vinos españoles y chilenos o los aceites griegos y marroquíes podrían ganar terreno en el mercado estadounidense si los productos italianos pierden competitividad por el aumento de precios.
Las consecuencias afectan a toda la cadena productiva: agricultores, empresas transformadoras, distribuidores y operadores logísticos ven reducidos sus ingresos cuando caen las exportaciones. Esto repercute directamente en cientos de miles de trabajadores rurales y en zonas especializadas.
Ante este escenario, las organizaciones sectoriales piden al Gobierno italiano dos tipos de medidas: apoyo fiscal mediante créditos y ayudas directas para compensar las pérdidas y una postura más firme por parte de la Comisión Europea en las negociaciones con Washington para intentar equilibrar unas relaciones comerciales consideradas desiguales por parte italiana.
Fuentes consultadas: AGI, QuiFinanza, La Nazione y Corriere della Sera.
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