Expertos analizan métodos para evaluar el estado hídrico de la vid ante el reto del cambio climático

La combinación de técnicas directas e indirectas mejora la gestión del riego y la adaptación de los viñedos a la escasez de agua

Lunes 25 de Agosto de 2025

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New research reviews plant-based methods for monitoring vine water status in sustainable vineyard management

El estado hídrico de la vid es un factor clave para la gestión de los viñedos, especialmente en zonas donde la escasez de agua y el aumento de las temperaturas afectan a la producción. Un grupo de expertos, formado por Markus Rienth, Cécile Laurent y Thibaut Scholasch, ha publicado una revisión sobre los métodos basados en la planta para evaluar el estado hídrico de la vid. El artículo, autorizado para su reproducción por la International Viticulture and Enology Society (IVES), analiza los avances científicos recientes y compara las principales técnicas utilizadas en campo.

La evaluación del estado hídrico puede realizarse de forma indirecta, mediante métodos que miden el suelo o el ambiente, o directamente sobre la planta. Los métodos directos permiten conocer cómo responde la vid a las condiciones de humedad y ayudan a tomar decisiones sobre el riego. Entre estos métodos se encuentran la observación visual, la medición del potencial hídrico, la discriminación isotópica del carbono y la medición del flujo de savia.

La observación visual consiste en detectar síntomas tempranos de estrés hídrico, como la pérdida de turgencia en los zarcillos o el freno en el crecimiento vegetativo. Este método es sencillo pero tiene limitaciones importantes: solo es útil durante el crecimiento activo y depende mucho del criterio del operario. Además, puede confundirse con síntomas causados por otros factores como déficit de nitrógeno o alta demanda atmosférica. Para facilitar su uso se han desarrollado aplicaciones móviles que ayudan a identificar estos síntomas.

La medición del potencial hídrico se realiza con una bomba de presión y permite conocer la tensión bajo la que circula el agua desde las raíces hasta las hojas. Se puede medir en el tallo o en el pecíolo de las hojas, tanto al mediodía como antes del amanecer. Sin embargo, estas mediciones pueden verse alteradas por factores ambientales como nubes pasajeras o alta demanda evaporativa. Además, cuando hay mucha tensión en el xilema pueden formarse burbujas de aire (cavitación), lo que desconecta progresivamente las hojas del flujo principal y puede llevar a una sobreestimación del estrés real que sufre la planta.

La discriminación isotópica del carbono se basa en analizar la proporción entre los isótopos 13C y 12C presentes en los azúcares de órganos vegetales, mostos o vinos. Esta proporción aumenta cuando la vid experimenta déficit hídrico o nitrogenado. Es un método útil para evaluar a posteriori cómo han afectado las estrategias de manejo durante toda la temporada, pero no sirve para ajustar el riego día a día.

El flujo de savia mide el movimiento del agua desde las raíces hasta las hojas. Existen dos técnicas principales: el método de sondas térmicas y el método de balance térmico en el tallo. El primero utiliza agujas que se insertan en la planta y mide cómo varía la temperatura entre una aguja calentada y otra de referencia; sin embargo, puede dar errores si no se colocan correctamente o si hay variaciones internas en el tallo. El segundo método emplea una funda calefactora no intrusiva que rodea el tallo y mide el flujo sin necesidad de perforar la planta, lo que reduce los problemas asociados al contacto con tejidos no conductores.

A la hora de elegir un método para programar el riego, es importante considerar su capacidad para ofrecer información continua y representativa del viñedo. Los métodos visuales y las mediciones puntuales requieren mucho trabajo manual y suelen aplicarse con poca frecuencia. Las mediciones continuas permiten detectar episodios de estrés que podrían pasar desapercibidos y ayudan a compensar variaciones biológicas o ambientales, aunque requieren instalaciones permanentes o semipermanentes.

Un problema común a todos estos métodos es que normalmente se aplican solo a unas pocas plantas dentro del viñedo, lo que puede limitar su representatividad espacial. Por ello es fundamental seleccionar bien los puntos de muestreo para poder extrapolar los resultados al conjunto del viñedo.

Cada técnica tiene sus limitaciones: los síntomas visuales aparecen cuando ya existe estrés; las mediciones del potencial hídrico pueden verse afectadas por cavitación; los análisis isotópicos integran efectos acumulados durante toda la temporada pero no informan sobre eventos concretos; y las mediciones del flujo de savia pueden verse alteradas según el método empleado.

En general, los métodos basados en la planta no miden directamente ni la humedad del suelo ni el contenido de vapor en el aire, sino que reflejan cómo responde la vid a estos factores en un momento dado. Por eso se recomienda interpretar siempre estos datos junto con información sobre humedad del suelo o demanda atmosférica (déficit de presión de vapor). Dado que no es posible saber si las necesidades hídricas están cubiertas solo midiendo la humedad del suelo, resulta necesario analizar también datos meteorológicos para ajustar al mínimo imprescindible el riego.

Este análisis pone en valor la importancia de combinar diferentes herramientas para gestionar mejor los recursos hídricos en viticultura y adaptar las prácticas agrícolas a un entorno cada vez más exigente debido a las restricciones hídricas y al cambio climático.

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