Viernes 03 de Enero de 2025
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Un estudio publicado recientemente en la web de la Universidad de Valencia, llevado a cabo por el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), organismo en el que colaboran el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universitat de València y la Generalitat Valenciana, ha demostrado que una sencilla modificación en la orientación de las vides puede mejorar notablemente la composición de las uvas y del vino. Esta técnica consiste en inclinar los sarmientos hacia el oeste, aprovechando mejor la radiación solar de las primeras horas del día y reduciendo el impacto del calor extremo por la tarde. Publicado en la revista OENO One, el estudio aporta una alternativa para adaptar los viñedos a los efectos del cambio climático sin necesidad de cambiar ni las variedades de vid ni la ubicación de los cultivos.
Tradicionalmente, las espalderas en los viñedos españoles se disponen en dirección norte-sur, una práctica que permite una exposición uniforme al sol. Sin embargo, el equipo del CIDE ha comprobado que inclinando las filas de sarmientos unos 30° hacia el oeste es posible incrementar la madurez fenólica y el contenido de color en las uvas. Este cambio, además, contribuye a reducir el riesgo de daños por insolación durante las horas más calurosas, mejorando así la calidad final del vino. La investigación se llevó a cabo durante dos campañas consecutivas en un viñedo de la variedad Bobal, una de las más cultivadas en España, ubicado en Requena, Valencia.
El trabajo, coordinado por Diego Intrigliolo Molina, investigador del CSIC, se enfoca en las ventajas que esta técnica aporta a la producción de vinos de alta gama. Según explicó Intrigliolo, partir de uvas con mayor carga fenólica permite que los vinos soporten crianzas más largas, lo que repercute directamente en su calidad sensorial. En términos técnicos, el contenido fenólico influye en el sabor, el color y la frescura en boca, factores esenciales en los vinos destinados a envejecimiento prolongado.
El sistema propuesto no requiere grandes modificaciones estructurales en los viñedos ya existentes, ya que puede aplicarse mediante espalderas plegables, compatibles con la maquinaria utilizada en la recolección. Esto resulta clave para los viticultores, quienes buscan soluciones prácticas y rentables para hacer frente al cambio climático. Además de mejorar la composición de las uvas, la orientación oeste también ayuda a mitigar el estrés hídrico, uno de los principales problemas asociados a las altas temperaturas. Durante las horas de mayor demanda evaporativa, los racimos quedan más protegidos, lo que reduce la pérdida de agua y mejora el estado hídrico de la planta.
El ensayo realizado en Requena también incluyó un análisis de los compuestos aromáticos presentes en los vinos producidos con este sistema. Los resultados mostraron una mayor concentración de ésteres, que aportan aromas frutales y florales, y de alcoholes superiores, que contribuyen a la complejidad aromática. Esto sugiere que la orientación oeste no solo mejora la calidad visual y estructural del vino, sino que también puede influir positivamente en sus características organolépticas.
Este tipo de investigaciones son cada vez más relevantes, ya que el cambio climático plantea importantes problemas para el sector vitivinícola. Las temperaturas más altas y las alteraciones en los patrones de lluvia afectan tanto el rendimiento de las viñas como la calidad de los vinos. Por ello, en los últimos años, viticultores y científicos han trabajado conjuntamente en distintas estrategias de adaptación. Algunas soluciones incluyen la cosecha temprana para evitar la sobremaduración de las uvas, el traslado de los viñedos a zonas más frescas o la selección de variedades y portainjertos más resistentes. Sin embargo, muchas de estas opciones requieren inversiones elevadas y un tiempo considerable para su implementación.
En cambio, el manejo del dosel de las vides, tal como propone el estudio del CIDE, es una solución relativamente simple y de aplicación inmediata. La inclinación de los sarmientos permite modular la interceptación de la luz solar, optimizando la fotosíntesis y protegiendo los racimos en los momentos críticos del día. Además, este sistema puede adaptarse a diferentes variedades y condiciones meteorológicas, lo que lo convierte en una opción versátil para viñedos en distintas regiones.
El estudio también ofrece una base científica para entender cómo la modificación del dosel vegetal influye en el microclima de los racimos y en el estado hídrico de las plantas. Estas conclusiones son de gran utilidad para diseñar nuevas estrategias de manejo en el campo que permitan a los viticultores hacer frente a las condiciones meteorológicas extremas sin renunciar a la calidad de sus vinos. La investigación, en la que también participaron científicos del Instituto Universitario de Ingeniería de Alimentos de la Universitat Politècnica de València y del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, abre nuevas líneas de trabajo centradas en la relación entre el manejo del viñedo y la calidad del vino final.
Así las cosas, la inclinación de las espalderas hacia el oeste se perfila como una técnica prometedora para el sector vitivinícola, especialmente en las zonas más afectadas por el calentamiento global. Su capacidad para mejorar la composición de las uvas y mitigar los efectos del estrés hídrico la convierte en una solución práctica y eficaz que puede aplicarse en los viñedos existentes, adaptándose a las exigencias de un entorno cada vez más adverso.
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