Martes 31 de Marzo de 2026
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Un estudio realizado con más de 340.000 adultos en Reino Unido ha analizado la relación entre el consumo de diferentes tipos de bebidas alcohólicas y el riesgo de mortalidad, especialmente por enfermedades cardiovasculares. Los resultados, que se presentarán en la próxima reunión anual del American College of Cardiology, indican que no todos los tipos de alcohol tienen el mismo efecto sobre la salud, incluso cuando se consumen en cantidades bajas o moderadas.
La investigación utilizó datos del Biobanco del Reino Unido recogidos entre 2006 y 2022. Los participantes fueron clasificados según su consumo diario y semanal de alcohol puro, y se les hizo un seguimiento durante una media de más de 13 años. El análisis comparó a personas que nunca bebían o lo hacían solo ocasionalmente con quienes tenían un consumo regular, diferenciando además entre quienes preferían vino, cerveza, sidra o bebidas espirituosas.
Los resultados señalan que las personas que consumen vino de forma moderada presentan un riesgo un 21% menor de fallecer por causas cardiovasculares en comparación con quienes no beben o lo hacen solo en ocasiones. Por el contrario, incluso un consumo bajo de cerveza, sidra o bebidas espirituosas se asoció a un aumento del 9% en el riesgo de mortalidad. En niveles altos de consumo, independientemente del tipo de bebida, el riesgo para la salud aumenta: los grandes bebedores mostraron un 24% más de probabilidad de morir por cualquier causa, un 36% más por cáncer y un 14% más por enfermedades cardíacas.
Zhangling Chen, autora principal del estudio, explicó que estos resultados proceden de la población general y que los riesgos podrían ser mayores en personas con enfermedades crónicas o problemas cardiovasculares previos. Chen también señaló que los datos ayudan a aclarar la evidencia previa sobre los efectos del consumo bajo o moderado de alcohol y pueden servir para ajustar las recomendaciones sanitarias. Según la investigadora, los riesgos asociados al alcohol dependen tanto de la cantidad como del tipo de bebida.
El estudio sugiere que las diferencias observadas pueden estar relacionadas con compuestos presentes en el vino, como polifenoles y antioxidantes. Además, el vino suele consumirse junto a las comidas y es más habitual entre personas con dietas más saludables. Por otro lado, la cerveza, la sidra y las bebidas espirituosas suelen asociarse a hábitos alimentarios menos saludables y otros factores de riesgo.
A pesar de estos hallazgos, los autores advierten sobre las limitaciones del trabajo. Se trata de un estudio observacional, lo que significa que no puede establecer una relación directa de causa y efecto. Además, el consumo de alcohol fue autodeclarado al inicio del estudio y no se tuvieron en cuenta posibles cambios a lo largo del tiempo. También se señala que los participantes del Biobanco británico tienden a tener mejor salud y mayor nivel económico que la media poblacional, lo que podría limitar la aplicación generalizada de los resultados. Por ello, los investigadores consideran necesario realizar ensayos aleatorizados para conocer mejor los efectos reales del consumo de distintos tipos de alcohol.
Este trabajo se suma a otras investigaciones recientes que alertan sobre los riesgos asociados al consumo moderado de alcohol. El año pasado, un estudio publicado en BMJ Evidence-Based Medicine analizó datos de unas 560.000 personas en Reino Unido y Estados Unidos y concluyó que una mayor ingesta alcohólica se relaciona con un mayor riesgo de demencia. Stephen Burgess, estadístico de la Universidad de Cambridge e investigador principal en ese trabajo, afirmó que cualquier aumento en el consumo incrementa el riesgo para la salud cerebral.
Otra investigación previa basada en escáneres cerebrales encontró que beber una o dos unidades diarias puede reducir el volumen cerebral y alterar su estructura, lo cual podría estar relacionado con pérdidas de memoria y demencia.
En conjunto, estos estudios refuerzan la idea de que el tipo y la cantidad de alcohol consumido influyen directamente en los riesgos para la salud a largo plazo.
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