El difícil equilibrio entre sostenibilidad y viabilidad en la viticultura europea

El sector vitivinícola europeo expresa su preocupación por la propuesta de regulación de la Comisión Europea

Jueves 06 de Julio de 2023

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A raíz de la publicación de un nuevo estudio por parte de la Comisión Europea que amplía la evaluación del impacto de la propuesta de reglamento para el uso sostenible de productos fitosanitarios en la Unión Europea, las organizaciones que representan a las denominaciones de origen de vino a nivel europeo y nacional han manifestado su profunda preocupación por el futuro del sector vitivinícola.

La EFOW (European Federation of Origin Wines), una organización europea que representa a las indicaciones geográficas europeas ante las instituciones de la Unión Europea y de la que la Conferencia Española de Consejos Reguladores Vitivinícolas (CECRV) es miembro, junto a las organizaciones representativas de las Denominaciones de Origen en Francia, Italia y Portugal, comparten la meta general de la Comisión Europea de reducir el uso de los productos fitosanitarios más dañinos.

Durante largo tiempo, los viticultores europeos han estado trabajando por medio de la innovación y la evolución de sus prácticas para preservar la calidad de sus vinos mientras afrontan los desafíos de la sostenibilidad, basándose en tres pilares interrelacionados: el económico, el medioambiental y el social.

Como primer productor de vino del mundo, con un 45% de la superficie vitivinícola global, la Unión Europea posee un sector de alto valor añadido económico que contribuye de manera significativa a la vitalidad de muchas regiones europeas. El sector vitivinícola, además, juega un papel positivo en la balanza comercial de la UE como el primer sector agroalimentario en términos de exportaciones.

La viticultura europea, única en su especie, se caracteriza por sus denominaciones de origen e indicaciones geográficas, las cuales son inamovibles y dan forma a territorios y paisajes. Muchos viñedos están protegidos a nivel local, regional, nacional e incluso internacional, a través de la UNESCO. Además, la viticultura proporciona paisajes y ecosistemas variados, hogar de numerosas especies, y estos potenciales de biodiversidad deben seguir estando protegidos.

Los productores vitivinícolas se han comprometido plenamente con la transición ecológica, como lo demuestra el creciente uso de certificaciones medioambientales, la revegetación de los viñedos, la incorporación de disposiciones agroambientales en pliegos de condiciones o planes sectoriales, la investigación sobre variedades resistentes y el aumento de superficies destinadas a la viticultura ecológica.

No obstante, este camino hacia una sostenibilidad creciente sólo puede fortalecerse si los objetivos propuestos son alcanzables. Las alternativas efectivas a los productos fitosanitarios son esenciales para apoyar a los viñedos en una transición sostenible que tenga en cuenta la viabilidad de las plantas y el tiempo requerido para la investigación.

Pese a décadas de investigación y experimentación, aún no se han hallado respuestas efectivas a enfermedades fúngicas como el mildiu y el oídio. La vid no posee resistencia natural a estas enfermedades y, en años de alta presión, el 100% de la uva puede perderse en pocos días sin el uso de insumos. Aunque se está experimentando con variedades resistentes y cualitativas que respeten las propiedades organolépticas de los vinos, esta evolución es a medio y largo plazo ya que se necesita tiempo para adaptar y validar estos enfoques surgidos de largos procesos de investigación.

Además, se debe preservar la competitividad de las empresas, especialmente de las pequeñas y medianas empresas, para respaldar a los viticultores en sus esfuerzos por alcanzar la sostenibilidad. Este equilibrio podría verse afectado por las reducciones de producción previstas en un corto periodo de tiempo y sin una solución técnica alternativa.

Las organizaciones representativas de las denominaciones de origen de vino a nivel europeo y nacional opinan que la propuesta legislativa de la Comisión Europea no es realista para la viticultura, a menos que se cuestione el futuro de este sector en la UE. No obstante, esta parece ser la elección que la Comisión Europea desea hacer sin reservas.

El estudio complementario a la evaluación del impacto del uso de productos fitosanitarios es sumamente preocupante. Las proyecciones muestran disminuciones de producción de uva estimadas en -28% en Francia, -20% en Italia y -18% en España. Estas cifras alarmantes no tienen en cuenta el impacto de los peligros climáticos (granizo, heladas, sequías, etc.) que regularmente afectan a la viticultura europea.

En su nuevo estudio publicado recientemente, la Comisión Europea argumenta que esto no plantea un problema grave, sosteniendo que las uvas, y por ende el vino, no son un cultivo esencial para la seguridad alimentaria europea. Sin embargo, es fundamental medir la contribución económica y social crucial de la viticultura en muchas regiones de la UE, así como el patrimonio cultural de la vid y el vino. Sin los viñedos, muchas regiones europeas se verían privadas de la creación de riqueza, empleo, turismo y, por consiguiente, tanto el desarrollo rural como la planificación de estos territorios se verían afectados de manera negativa y duradera.

El enfoque resultante del análisis de la Comisión es preocupante para el futuro del sector y sugiere una falta de consideración por lo que representa la viticultura europea. El diálogo con las partes interesadas es una prioridad para apoyar la transición.

Las denominaciones de origen de vino europeas aspiran a jugar un papel relevante en la transición ecológica, pero esto debe hacerse de manera sostenible, sin sacrificar el futuro de este sector y de las regiones vitivinícolas europeas. Por ello, es imprescindible que los líderes europeos elaborenSi bien los viticultores europeos están absolutamente comprometidos con la transición ecológica, como lo demuestra el aumento en el uso de certificaciones ambientales, la revegetación de los viñedos, la introducción de disposiciones agroambientales en pliegos de condiciones o planes sectoriales, la investigación sobre variedades resistentes y la ampliación de superficies dedicadas a la viticultura ecológica, existe la preocupación de que la trayectoria hacia una mayor sostenibilidad solo puede fortalecerse si los objetivos establecidos son realmente alcanzables.

Para alcanzar estos objetivos, resulta imprescindible disponer de alternativas eficaces a los productos fitosanitarios para respaldar a los viñedos en una transición sostenible que tenga en cuenta la viabilidad de la planta y el tiempo que requiere la investigación. Sin embargo, y a pesar de décadas de investigación y experimentación, todavía no se han encontrado respuestas efectivas a enfermedades fúngicas como el mildiu y el oídio. La vid carece de resistencia natural a estas enfermedades y en años de alta presión, toda la cosecha puede perderse en unos pocos días sin el uso de productos fitosanitarios. La experimentación de variedades resistentes y cualitativas que respeten las propiedades organolépticas de los vinos está en curso, pero es una evolución que se producirá a medio y largo plazo, ya que se requiere tiempo para adaptar y luego validar estos enfoques que son fruto de largos procesos de investigación.

Además, se debe preservar la competitividad de las empresas, especialmente las pequeñas y medianas empresas, para respaldar a los viticultores en sus esfuerzos de sostenibilidad. Este delicado equilibrio podría verse amenazado por las reducciones de producción previstas en un corto período de tiempo y sin una solución técnica alternativa.

En este contexto, las organizaciones representativas de las denominaciones de origen del vino a nivel europeo y nacional temen que la propuesta legislativa de la Comisión Europea no sea realista para la viticultura, a menos que esté dispuesta a cuestionar el futuro de este sector en la UE. Sin embargo, esta es la opción que parece estar dispuesta a tomar la Comisión Europea.

Los resultados del estudio que complementa la evaluación de impacto sobre el uso de productos fitosanitarios son extremadamente preocupantes. Las proyecciones muestran disminuciones de producción de uva estimadas en -28% en Francia, -20% en Italia y -18% en España. Estas cifras alarmantes no tienen en cuenta el impacto de los peligros climáticos (granizo, heladas, sequías, etc.) que regularmente tienen repercusiones en la viticultura europea.

En su estudio reciente, la Comisión Europea argumenta que estos cambios no representan un problema importante, ya que las uvas, y por lo tanto el vino, no son un cultivo esencial para la seguridad alimentaria europea. Sin embargo, es vital considerar la contribución económica y social de la viticultura en muchas regiones de la UE, así como el patrimonio cultural de la vid y el vino. Sin los viñedos, muchas regiones europeas se verían privadas de la creación de riqueza, empleo, turismo y, en consecuencia, tanto el desarrollo rural como la planificación de estos territorios se verían afectados de manera negativa y duradera.

El enfoque que resulta de las conclusiones del análisis de la Comisión es preocupante para el futuro del sector y sugiere una falta de consideración por lo que representa la viticultura europea. El diálogo con las partes interesadas es una prioridad para apoyar la transición.

Las denominaciones de origen del vino europeas aspiran a desempeñar un papel importante en la transición ecológica, pero esto debe hacerse de manera sostenible, sin sacrificar el futuro de este sector y de las regiones vitivinícolas europeas. Por lo tanto, es esencial que los responsables europeos elaboren un plan de acción realista que tenga en cuenta el tiempo necesario para encontrar y aplicar alternativas eficaces al uso de productos fitosanitarios.

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