El gran negocio de las guías de vinos

Javier Campo

Viernes 08 de Noviembre de 2019

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Es rara la publicación dedicada al mundo del vino, a las bebidas alcohólicas en general que estos días no dediquen unos cuantos artículos a concursos, guías, premios o reconocimientos

Se acerca la navidad y las guías, los concursos y los premios emergen como si fueran setas. Si hablamos primero de las guías, desde sus inicios hasta ahora han ido degradándose ya que depende de la que leyeses en su momento encontrabas criterio de acierto en las puntuaciones de un buen número de sus vinos y aun, quienes las hacían, solían hacer las catas a ciegas (no como hacen algunos ahora) para no verse influenciados por una etiqueta o el nombre de la bodega y, la calificación era más objetiva.

Y han ido degradándose porque últimamente, algunas guías se limitan a recoger pedidos. Os pongo un ejemplo. Tu tienes un vino y lo quieres presentar a la guía "X". Para hacerlo envías dos botellas (muestra y contramuestra) y un importe de 100 € (por ejemplo, también) en concepto de inscripción. Si se presentan 1000 vinos, tenemos la nada despreciable cifra de 100.000 € en el bolsillo (y unas 2.000 botellas de vino). Después, te encuentran conque esa guía "X" publica la guía con unos 1000 vinos que, han sido seleccionados con más de 90 puntos sobre 100. Además, esa guía se vende y no es barata precisamente. El negocio está servido y el criterio de quien hace la guía se torna discutible, pero, en la bodega "Y" se apresuran a poner junto a la foto de su vino un stiker con la puntuación. El engranaje gira. Todos contentos.

Obviamente, las guías son necesarias para dar a conocer producto entre distribuidores y negocios, así como para ayudar en la elección al consumidor. Y por supuesto, existen guías que pueden ser más objetivas y tener más credibilidad, aunque nunca llueva a gusto de todos, pero parece que la parte romántica se esté perdiendo y que, curiosamente, sean casi siempre los mismos los que se llevan las puntuaciones más altas. Aquí podríamos decir que realmente saben hacer vino, que tienen medios y que tienen un buen marketing.

Algo similar es lo que ocurre con ciertos concursos. Claro está, he dicho ciertos, ya que muchos son correctos y se llevan a cabo con pulcritud. En este sentido, ciertas marcas consagradas, no se presentan a concurso, no sea que se manche la buena reputación conseguida en la guía "X" o vaya a venir un pequeño y desconocido viticultor y les gane en una cata a ciegas. Y como en las películas de indios y vaqueros, ni los malos son tan malos, ni los buenos, son tan buenos.

CONCURSOS DE SUMILLERES

En los concursos de sumillería, nos pasa que, depende del medio informativo que leamos, podemos encontrar varios "Mejor Sumiller del Año". Organizar el "Concurso Nacional de Sumilleres de "Z" sitio" y darle bombo y platillo al premio y al evento es un flaco favor a la profesión de sumiller. En España, existen varias Asociaciones Autonómicas o Provinciales que organizan un concurso del que salen los mejores de cada una, los cuales compiten en una final nacional de una Federación de Asociaciones, la cual está incardinada a otra europea y, esta a su vez, a la Mundial. De ahí salen los mejores sumilleres. Y, por supuesto podemos encontrar a profesionales que, sin estar adscritos a una asociación, tienen un recorrido y una trayectoria que habla por ellos y los convierte en referentes de la profesión sin tener que anunciarse con un trofeo. Y aquí entran los premios y reconocimientos.

También nos encontramos con varios "Mejor Jefe de Sala o Sumiller del Año" concurso, premio o gala organizada por aquella u otra entidad. Muchas veces, el efecto carrusel, otorga a la misma persona varios reconocimientos en el mismo año o en sucesivos. En muchos casos es claramente merecido y contrastado. En otros, personajes mediáticos se encargan de enaltecer al local de moda. El caché sube y el precio, también.

Es cierto que se acerca el final del año y todo esto pasa para poder valorar la trayectoria anual del profesional en cuestión, lo curioso es que, en algunos casos se valora no el año en curso, sino el anterior.

Los productos y personas ya están valorados. Y el mercado de consumo obligatorio navideño del gordo de rojo se frota las manos.

Javier Campo
Sumiller y escritor de vinos

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