Por qué el vino debería ser nuestra Bebida Nacional

David Manso

Miércoles 24 de Abril de 2019

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Tenemos una deuda. Una deuda histórica, que viene de atrás, que perdura en el tiempo. Una simbólica herida que debemos cerrar, una deuda que debemos saldar. Y qué mejor manera de cumplir que convertir al vino en nuestra Bebida Nacional

Si buscamos una bebida que haya estado presente a lo largo de toda nuestra historia... esa es el vino. Si pensamos en un compañero presente en todas nuestras celebraciones.... ese es el vino. Si hacemos referencia a algún producto que nos identifique como país, que nos sitúe en el mapa mundial.... ese es el vino. Si hay un producto en España al que le debamos algo... ese es el vino.

Escribo estas líneas a las puertas de Semana Santa, época de reflexión, de descanso, cargada de tradiciones en la que las calles de nuestras ciudades y pueblos se llenan para la conmemoración anual cristiana (Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús). Partidarios habrá, detractores también, pero lejos de abrir un debate sobre creencias, lo que está claro es que preservar nuestras tradiciones, nuestras costumbres y nuestra cultura es preservar nuestra identidad. Un pueblo sin su identidad no es un pueblo, será cualquier otra cosa, un colectivo, un grupo... pero no un pueblo. El mantener, no solamente nuestras creencias, sino también todos aquellos aspectos que nos identifican, es primordial, y el vino es parte de esa identidad, nuestra identidad, que nos identifica como pueblo, un pueblo históricamente viticultor.

POR HISTORIA...

La pasada semana, y con motivo de la entrega de los Premios AEPEV Mejores Vinos 2018, tuve la oportunidad de visitar junto a mis compañeros en San Juan de Aznalfarache (Sevilla) el Lagar Osset. Qué representa este lugar? Qué nos vincula  a él y otros tantos lugares históricos hallados?. Es el lagar más antiguo descubierto hasta la fecha que data del S. III a.c. Un espacio creado específicamente para elaborar vino 2.300 años atrás.  Desde esa fecha hasta hoy en día, mucho podría contaros y deciros que ya narran libros de historia y documentos sobre el vino, y que muy probablemente os aburriría amén de ser extenso. Es indudable la tradición, nuestra tradición histórica y cultural, heredada de los diferentes pobladores peninsulares por esta bebida.

Con los romanos, imperio de grandes viticultores, llegó el auge. Allí por donde sus caminos (vías romanas) se extendían lo hacía también la vid. Un herencia que hoy en día continúa en nuestra viticultura moderna. Los cartagineses y los fenicios fueron los primeros en introducir la viticultura a España, pero la influencia romana, con nuevas técnicas y el desarrollo de sus redes de calzadas, llevó nuevas oportunidades económicas, elevando la producción de vino de cultivo agrícola privado al de una empresa comercial viable. En las manos de los romanos, el vino se volvió «democrático» y estuvo disponible para todos, desde el esclavo más bajo hasta el aristócrata, pasando por el campesino. La creencia de que el vino era una necesidad vital diaria promovió la disponibilidad entre todas las clases. Esto llevó la viticultura y la producción de vino a todas las partes del imperio, para asegurar un suministro estable para los soldados y colonos.

Seguramente más tarde o más temprano, la viticultura habría llegado al "Nuevo Mundo" de la mano de cualquiera de las potencias, que por la época buscaban expandir sus imperios. Pero en esta carrera por descubrir fuimos los españoles quienes lo hicimos. Somos los responsables de la implantación de la viticultura, y por ende del vino, en el continente americano.  Fueron jesuitas y conquistadores quienes llevaron las primeras vides a América con el objetivo de poder realizar los oficios religiosos, de ahí a la posterior expansión del vino más como bebida que como un mero componente religioso.

POR TRADICIÓN...

Dejando de lado su parte más histórica, el vino es tradición. En un recorrido de norte a sur nos encontramos con fiestas entorno al propio vino o la vendimia. San Mateo en La Rioja, La Batalla del Vino en Haro, la Fiesta de la Vendimia en Rueda, La fiesta del Albariño o La Vendimia en Jerez son algunas de estas fiestas, en su mayoría de interés cultural, que recorren nuestra geografía cargadas de tradición y de gran arraigo. Somos un pueblo festivo, de eso no hay duda.

Nuestra literatura ha tenido presente a los largo de los siglos al vino en sus obras. Ya desde la Edad Media el vino ha estado presente en numerosas obras como El Cantar del Mío Cid o Razón de amor con los denuestos del agua y del vino, esta última obra nos ofrece una interesante exposición y argumentos sobre cuál de estos dos elementos (agua y vino) es superior desde un punto de vista filosófico-religioso. Tras la acalorada disputa piden vino para aliviar las tensiones de la disputa.

El siglo de Oro es otro de los grandes referentes al vino en nuestra literatura. Reconocidos autores incluyen menciones a esta bebida que fue capaz de cautivar a Cervantes con la figura de Sancho, alegre bebedor (Don Quijote de  La Mancha) o en el prólogo del Persiles el Manco ensalza los "ilustrísimos" vinos de Esquivias. También hace mención en El coloquio de los perros, donde los compara con otros tres de los grandes vinos de España por la época: los de Ribadavia, Ciudad Real y San Martín de Valdeiglesias. Diego Hurtado de Mendoza con el pícaro Lázaro, el cual agujereó el jarro que el ciego portaba para beberse el vino (El Lazarillo de Tormes) o Fernando de Rojas el cual hace referencia a la vieja alcahueta, la cual sabía identificar la procedencia y la uva del vino por su olor (La Celestina).

Muchos más y variados ejemplos podría recordar, una extensa lista que reflejaría la larga tradición que el vino representa en nuestra cultura. Porque el vino es cultura, y en la cultura al vino siempre se le ha hecho referencia. Ha estado presente.

POR SUS DATOS...

En estos veintitrés siglos el vino ha recorrido un largo camino para llegar alto, muy alto. Actualmente contamos con 4.373 bodegas censadas, 70 denominaciones de origen, 42 Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP o VT), 14 Vinos de Pago, 6 Vinos de Calidad y un buen número de bodegas que no están adscritas a estas clasificaciones y que producen vino. No hay ningún producto en España que tenga tan amplio abanico representativo y un  importante peso específico dentro de su economía. Somos el tercer productor mundial después de Italia y Francia según la OIV en 2018. El vino español batió récord de exportaciones en 2018 tanto en cantidad como en su precio medio (síntoma de una mejoría de su calidad). El sector genera y representa en torno al 1% del PIB, de él dependen 25.000 puestos de trabajo, y es capaz de generar un volumen de negocio total del 4.600 M de €. Las cifras hablan por sí solas.

Seguramente encontraríamos más razones para justificar la solicitud que desde la AEPEV se está realizando para que el vino sea reconocido Bebida Nacional. Para lo que no encuentro una explicación, los motivos por los que una campaña que se lanzó hace tres meses únicamente lleve recogidas 2.536 firmas. Simplemente con que un único representante de cada bodega firmara, casi se duplicaría esta cifra. Países como Chile o Argentina con una historia y una tradición notoria, pero de menor recorrido, lo han logrado. El mensaje a llegado, ha calado, han sido capaces que el vino sea declarado Bebida Nacional. Su Bebida Nacional.

Desde aquí, y tras los motivos anteriormente expuestos, os solicito una reflexión, una pausa, un momento para pensar si el vino lo merece. Si entre todos le devolvemos lo que nos ha dado, lo que nos pueda dar. Si le situamos en el lugar que le corresponde. Si entre todos le convertimos en nuestra Bebida Nacional.

Puedes ayudarnos a lograrlo votando en Change.org: Vino Bebida Nacional

David Manso
Licenciado en Marketing y apasionado del vino.

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