Jueves 12 de Marzo de 2026
Este invierno, cuatro conocidos Grands Crus de Burdeos —Château Cheval Blanc (Saint-Émilion), Lafite Rothschild (Pauillac, Premier Grand Cru Classé de 1855), Petrus (Pomerol) y Yquem (Sauternes, Premier Grand Cru Classé Supérieur de 1855)— han puesto en marcha una iniciativa conjunta bajo el nombre Vignerons AVenir. Se trata de un programa de patrocinio basado en la transmisión de conocimientos y habilidades, dirigido a cuatro candidatos que serán seleccionados en primavera. Guillaume Pouvaret, responsable del Château Grand Maison, con 5 hectáreas de viñedo ecológico en la AOP Côtes de Bourg, participó en el proyecto piloto en 2025. Recibió apoyo del equipo de Cheval Blanc y explica que “solo rellenar el formulario de solicitud te obliga a tomar distancia respecto a tu propiedad y a analizarla con otra perspectiva”.
Aunque Burdeos atraviesa una crisis histórica, Nicolas Corporandy, jefe de viticultura en Château Cheval Blanc, reconoce que “nuestras propiedades están entre las más privilegiadas”. Su objetivo es “evitar cualquier actitud paternalista y tener en cuenta las necesidades reales de estas fincas, que suelen ser más pequeñas”. En ocasiones, esto implica revisar las prioridades. “Volver a la rentabilidad exige hacer una evaluación precisa”, afirma Pouvaret, quien ha cambiado su enfoque tanto en la viticultura general como en el manejo de viñas viejas. Ahora busca “descubrir auténticas joyas” en sus parcelas, pero admite que “a veces hay que hacer un análisis profundo y dejar los sentimientos a un lado para actuar con pragmatismo”.
El caso de las viñas muy antiguas ilustra este nuevo planteamiento. El apego sentimental que puede sentir un viticultor por cepas centenarias se enfrenta al análisis externo: los rendimientos son demasiado bajos y los costes de mantenimiento resultan elevados. Esta realidad ha llevado a Pouvaret a replantear su estrategia de replantación y renovación del viñedo. Según explica Corporandy, “cuando las viñas han llegado al final de su vida útil, hay que reconocer que ya no compensa mantenerlas y deben arrancarse. La clave es lograr un rendimiento suficiente para obtener resultados económicos”.
La decisión de arrancar viñas viejas no es sencilla para muchos productores, especialmente cuando existe una tradición familiar o un valor simbólico asociado a esas plantas. Sin embargo, la situación actual del sector obliga a priorizar la viabilidad económica frente al componente emocional. Los responsables de estos grandes châteaux insisten en la importancia de realizar evaluaciones objetivas sobre el estado del viñedo y actuar en consecuencia.
El programa Vignerons AVenir pretende servir como apoyo para pequeños productores que buscan adaptar sus explotaciones a las nuevas exigencias del mercado y garantizar su sostenibilidad. La colaboración entre grandes bodegas y viticultores más modestos se basa en el intercambio de experiencias y conocimientos técnicos para afrontar problemas comunes como la baja productividad o el envejecimiento del viñedo.
En Burdeos, donde la presión económica es cada vez mayor debido a la caída del consumo y la competencia internacional, muchas fincas se ven obligadas a tomar decisiones difíciles sobre el futuro de sus viñas más antiguas. El objetivo es asegurar la rentabilidad sin perder la identidad ni la calidad que caracteriza a los vinos de la región.