Burdeos se tambalea ante el desplome del vino y la amenaza de arrancar miles de hectáreas de viñedo

Jueves 26 de Febrero de 2026

La caída del consumo y las exportaciones hunde precios y obliga a medidas drásticas para salvar el sector vitivinícola

La región de Burdeos, conocida durante siglos como uno de los grandes referentes del vino en Francia y en el mundo, atraviesa una crisis profunda que afecta tanto a su economía como a la vida de miles de familias. El desplome del consumo interno, la caída de las exportaciones y la acumulación de excedentes han llevado a muchos productores a situaciones límite. El pasado noviembre, en Blaye (Nueva Aquitania), una bodega que había cerrado sus puertas subastó 90.000 cajas de vino ecológico por solo 0,23 euros cada una. Ante precios tan bajos, algunos viticultores optaron por vaciar sus depósitos antes que vender por debajo del coste.

Burdeos cuenta con más de 101.000 hectáreas de viñedo y miles de explotaciones familiares. Sin embargo, varios factores han puesto en jaque este modelo tradicional. Uno de los principales problemas es la brusca reducción del mercado chino. Tras años en los que China se convirtió en el principal destino internacional para los vinos de Burdeos, las exportaciones han caído desde 72 millones de cajas hasta menos de 22 millones. Las campañas oficiales contra el consumo de alcohol y la corrupción en China han reducido drásticamente la demanda.

En Francia, el consumo per cápita también ha descendido. Hace décadas, un ciudadano francés bebía cerca de 100 litros al año; ahora la media oscila entre 38 y 70 litros. Los jóvenes prefieren bebidas más ligeras o diferentes al vino tinto tradicional. Esta tendencia ha dejado a muchas bodegas con varias cosechas sin vender, lo que supone una inmovilización de capital importante y dificulta afrontar los gastos anuales, que pueden superar el millón de euros para una finca mediana.

Según datos del banco Crédit Agricole, alrededor del 25% de las propiedades vitivinícolas en Burdeos están negociando la reestructuración de sus deudas. La falta de liquidez y la acumulación de stock agravan la situación financiera del sector.

Ante este panorama, el gobierno francés y la Unión Europea han puesto en marcha un plan para arrancar viñedos. El fondo previsto asciende a 130 millones de euros y tiene como objetivo eliminar entre 80.000 y 90.000 acres en todo el país, aproximadamente la mitad en Burdeos. Los agricultores reciben una ayuda de 4.000 euros por hectárea arrancada, cantidad que puede llegar a 10.000 euros en zonas especialmente afectadas, siempre que no se planten nuevas vides durante al menos seis años.

Sin embargo, varios expertos consideran que estas ayudas no cubren todos los costes asociados al arranque ni resuelven el problema principal: el exceso de vino almacenado. Sin medidas adicionales para reducir las existencias mediante destilación u otros métodos, los precios seguirán por debajo del umbral necesario para garantizar la viabilidad económica.

El futuro del sector pasa por adaptarse a las nuevas demandas del mercado. Algunos productores ya trabajan en vinos con menos madera y más frescura, buscando atraer a consumidores jóvenes y a mercados internacionales donde se valoran estilos más ligeros y accesibles. Además, se plantea reducir la dependencia del sistema tradicional de intermediarios y fomentar un contacto directo entre bodegas y clientes finales.

Otra vía es poner en valor la relación calidad-precio frente a otras regiones francesas como Borgoña, donde los precios han subido mucho más rápido que en Burdeos. Para ello será necesario mejorar la comunicación con sumilleres y consumidores para recuperar parte del terreno perdido.

El proceso no será sencillo ni rápido. Para muchos viticultores, arrancar sus viñas supone renunciar a generaciones enteras dedicadas al cultivo del vino. Otros ven esta medida como una oportunidad para reinventarse o buscar alternativas agrícolas.

La transformación que vive Burdeos refleja cambios profundos en los hábitos sociales y económicos tanto dentro como fuera de Francia. La región busca ahora fórmulas para sobrevivir y adaptarse a un mercado diferente al que conocieron las generaciones anteriores.