Muestras de arquitectura de bodegas

Santuarios históricos y modernos del vino

Lunes 22 de Junio de 2026

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Viñedos Sierra Cantabria, entrada al laberinto de calaos.bajo la misma.

El patrimonio arquitectónico en los territorios del vino en Rioja es, además de extenso y original, variado en sus dos tipologías: la excavada en el subsuelo (calaos subterráneos) y la aérea, construida en edificios-bodega que, a su vez, tiene dos tiempos de eclosión, la segunda mitad del siglo XIX y la actual, con numerosas muestras de bodegas con diseños vanguardistas que integran en un mismo edificio, además de las zonas de elaboración, salas de barricas, botelleros, almacenaje y expedición, una cuarta zona: la parte social, que deciden abrir al público y que -desde hace unos- explotan el enoturismo, que no es moda sino otro factor que está resultando necesario para las bodegas, porque el Turismo del Vino proporciona al negocio del vino un valor primordial: conectar a las personas consumidoras ofreciendo experiencias emocionales y lúdicas.

Para abundar en estos conceptos y sugerir otros, consideremos algunos simbolismos que proponen los diseños arquitectónicos de las nuevas bodegas edificadas, principalmente durante la vorágine de la "burbuja inmobiliaria" (que cesó tras la crisis de 2008). Bodegas faraónicas construidas con grandes dosis de mercadotecnia, de afán por destacar y con grandes recursos económicos. Igualmente puede considerarse el fenómeno como otra opción para diseñar una ruta que invita a conocer paisajes vitícolas naturales, en los cuales emergen infraestructuras arquitectónicas entre las viñas con implicaciones artísticas que reclaman atención visual.

La primera bodega que inició en Rioja en la carrera por trascender el simple hecho industrial de producir vinos fue Ysios, en Laguardia. Espectacular escultura medioambiental, mimetizada en el paisaje inmortal de la Sierra Cantabria: su diseño representa un águila que desciende de la sierra con sus alas majestuosas abiertas, reflejando luz en las ondulaciones de la cubierta del edificio; o metáfora-simbiosis en sus vestidos de madera que recuerdan la de las barricas y muestran, reproduciéndolo, el color de la tierra circundante.

Vista de San Vicente de la sonsierra desde el Museo de la cultura del vino en Briones.

En cuanto a tamaño, la dimensión de la bodega Juan Alcorta, construida en una meseta en altura con vistas a Logroño, es sin duda la más impresionante; aunque no lo parezca al estar soterrada. Esta por su capacidad, la de Marqués de Riscal en Elciego por el diseño vanguardista de su hotel de lujo, y la de Vivanco por su avenencia con el sensacional Museo de la Cultura del Vino, se pueden considerar verdaderas "catedrales" del vino. Aparecen en el paisaje y se antojan puestas en escena de enormes teatros receptivos con lenguajes multimodales que ambicionan ir más allá del espectro común industrializado de otras bodegas.

Otra opción es mirarlas como formas de trasladar contenidos: bodegas equipadas óptimamente para elaborar grandes cantidades de vinos desde una perspectiva positivista: hacerlo en entornos idealizados, estructuras medioambientales mimetizadas en el entorno. El vino aquí también es el significante en tanto en cuanto es el protagonista de la mercadotecnia.

De grandes proporciones también, según bajas desde Laguardia hacia Logroño, puedes mirar el chato icono de Viña Real mostrando una sobredimensionada perspectiva que evoca el perfil oscuro de una barrica partida por la mitad. Si miras en derredor, verás cómo ese monstruo de cemento se funde en el paisaje en su posición, forma, color, materia; a la postre señuelos geométricos que, si quieres, pueden recrear vínculos entre bodega, vino, paisaje; espejismos quizá.

Lujosa caja acristalada de la bodega Baigorri con vistas a los viñedos de la rioja alavesa.

Más pequeña en apariencia por estar soterrada (solo aparece en la superficie un gran rectángulo hueco de cristal) se construyó Baigorri en Samaniego, al lado de la carretera. Son siete niveles excavados bajo el suelo, los cuales puedes ver en perspectiva según subes desde Villabuena de Alava. El arquitecto quiso recrear, en versión mastodóntica, los ancestrales calaos que se excavaban bajo tierra, bien debajo de las casas o en zonas en alto al lado de los pueblos. En esas bodegas familiares, comunes en la historia de todas las zonas vinícolas, se ponen de relieve los procesos respetuosos en la elaboración del vino (vinificación en el lagar a ras de tierra y por gravedad se conduce el vino para su guarda en la zona subterránea del calao).

La bodega Baigorri, efectivamente, recrea la visión de un templo o pirámide azteca: fluir religioso del vino como bebida de dioses, dionisíaco; en este caso vino embebido en un misticismo de hormigón y acero con ínfulas de cueva futurista. Unos americanos a quienes llevé a visitarla, boquiabiertos, me dijeron que se sentían en el escenario de una película de James Bond. Otra manera apreciativa: ya sabemos que la forma geométrica que evoca la vida es el círculo; no obstante, a los humanos nos obnubilan los rectángulos, su linealidad, su diseño perfecto, su empeño de ordenación. Eso sí, la bodega, con su forma exterior rectangulada libre y ocioso de la inmensa caja de vidrio que hace las veces de hall de entrada, las vistas a los cuatro puntos cardinales son magníficas. Ahí, donde reina el silencio, te puedes recrear y tratar de hallar conexiones entre tu oído interior y tu vista que compartes, obviando lo que nos quieran inculcar mentes cuadriculadas.

En contraste con las anteriores, mencionaré ahora dos bodegas que son en sí mismas la quintaesencia del arte de elaborar vino.

Una es Remírez de Ganuza, en Samaniego, justo enfrente del vetusto edificio de la iglesia. Ejemplo de bodega boutique, la bodega es un remanso de serenidad en su enorme y austero patio; y una auténtica cucada en sus zonas de elaboración y guarda de los vinos: un exquisito entramado productivo donde la perfección y la asepsia son espejos en los que te puedes mirar y aprender aspectos inherentes al vino, pues todo en el diseño de una bodega tiene un común denominador: cuidar las uvas que entran y mimar los vinos en su elaboración.

Otro ejemplo de perfección y minimalismo es Contador, bodega que encuentras si navegas unos cuantos nudos en el mar de viñedos de San Vicente de la Sonsierra (desde el castillo puedes ver sus líneas de cemento incrustadas en una loma). La bodega es un ejemplo supremo de mimetismo paisajístico enclavado en un alto; y por dentro, es el sumun o punto culminante en los procesos de elaboración y crianza de vinos. Tecnología utilitaria diseñada para lograr el fin supremo: elaborar grandes vinos.

Bodega centenaria con nombre propio es López de Heredia, en el Barrio de la Estación de Haro. Añadido al entramado histórico, se muestra como ancestral cápsula del tiempo en los modos de elaborar vinos aún vigentes, con el laberinto de ambiente gótico de sus calaos. Fuera de la bodega, en un espacio inverosímil, se añadió el centro de recepción de visitas: una frasca o probeta encristalada (diseño de una reputada arquitecta iraní ya fallecida) que crea vínculos emocionales entre la composición química del vino y los misterios de este, cuyas quimeras solo puedes aprehenderlas al catar sus vinos en la terraza, sabiendo que estás en el anfiteatro del templo soñado de los amantes del vino: el Barrio de la Estación de Haro.

Centro de visitantes en forma de probeta.

Como apunte necesario, señalaré Bodegas Lecea, en el barrio de las bodegas de San Asensio. Ahí puedes recorrer una sucesión de calaos, excavados en la roca desde el siglo XVI en diferentes niveles; auténtico legado de la arquitectura popular donde los "arquitectos" fueron los lugareños, quienes utilizaron la técnica ancestral de utilizar el subsuelo; pura necesidad. Si vas el último fin de semana de octubre, la bodega estará ajetreada, pues celebran su fiesta de la vendimia, oportunidad para conocer los duros trabajos que se realizaban hasta no hace mucho para elaborar los vinos.

En contraposición con la anterior, al lado de Ollauri se encuentra el nuevo edificio de bodegas Beronia; con historia propia, la bodega se ha rejuvenecido en sus nuevas instalaciones. Ahora mismo, para disfrutar tomando una copa de vino en una terraza abierta mientras se disfruta la puesta de sol, Beronia, cuyo edificio destaca por su llaneza de tal manera que, en realidad, embellece aún más el encanto del paisaje. La bodega, soterrada y aterrazada, parece deslizarse por entre las lomas donde las viñas, ausentes de la belleza en derredor, aun así, invitan a participar en la contemplación del espectáculo de la naturaleza y del paisaje domesticado de las viñas. Desde la amplia terraza abierta orientada al oeste, las vistas son magníficas, auténtico regalo para los sentidos: un mar de viñedos hasta donde alcanza la vista, con el horizonte bordeado por el circo montañoso de la Sierra de la Demanda, en una panorámica de 180º, y al fondo, en la lejanía, cerrándolo, se perfila el majestuoso pico San Lorenzo.

Como colofón a este repaso a infraestructuras bodegueras en Rioja, finalmente, tras largos años de construcción, la cosecha 2024 fue la primera en inaugurar la faraónica bodega Viñedos Sierra Cantabria que, desde el cerro San Pelayo, proyecta su austera figura que desafía en su belleza rectilínea y simpleza monacal al castillo de San Vicente de la Sonsierra.

Fue en 2007 cuando se empezó a horadar el cerro San Pelayo para iniciar la excavación de túneles rectangulares (o calaos de nuevo cuño en su forma y pretensiones) de la nueva e impresionante bodega que, desde el exterior, resulta –solidez majestuosa e intemporal- una suerte de elemento nuevo que juega a patrimonializar el ya de por sí bellísimo paisaje de la Sonsierra riojana. Pero es su interior lo que, aunque hayas visitado muchas bodegas, te mueve al asombro: la infraestructura es mágica, con un diseño monástico, austero hasta el éxtasis; y unas instalaciones donde la roca viva excavada, la piedra tallada, la madera, son los únicos soportes ornamentales cuyo fin supremo es, sencilla y llanamente, la elaboración de unas pocas, pero muy buenas botellas de vino como los consagrados Amancio o Finca El Bosque.

En lo alto del cerro, mirando de frente al imponente castillo de San Vicente de la Sonsierra, se yergue una mole pétrea delineada en el aire con finos arabescos rectilíneos esta vez, no precisamente entrelazados en espirales, sino buscando línea directa con el cielo. Las enormes piedras labradas con la roca extraída de sus entrañas al excavar la bodega subterránea conforman un ansia de pulcritud, la misma que se busca al elaborar los vinos. A más de veinte metros bajo tierra, con más de cuatro mil metros de longitud total de laberinto donde perderse buscando místicas purgativas, exotéricos calaos se abren en forma de pasillos rectangulares donde se guarda el misterio del vino en barricas bordelesas primero y en botellas después que contienen, encapsulado, el paso del tiempo en forma de vinos, néctares de la vid para ser degustados y encontrar dosis de éxtasis tan necesarias hoy.

Bien se puede decir que, entre las de su clase, hoy en Rioja esta bodega es la plasmación suprema del religioso y alquimista arte de elaborar grandes vinos de guarda; sin olvidar que el complejo bodeguero ha sido construido en pleno siglo XXI. Es único en su clase al haber sido ideado y realizado en base a dos premisas: de una parte, como muestra de respeto a la tierra, a un origen; y por otra, con plena conciencia de identidad y pertenencia a esa tierra y al legado familiar.

Escultura frrente a la bodega Muga en el Barrio de la estación de haro.

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