Martes 02 de Junio de 2026
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Hay un tema del vino que durante mucho tiempo me intimidó muchísimo: el famoso maridaje.
Y con el tiempo me di cuenta de algo.
La palabra por sí sola ya intimida bastante.
Por eso hace rato casi la eliminé de mi vocabulario y empecé a hablar más de contraste.
Y curiosamente así la gente lo entiende mejor.
Porque hablar de contraste se siente más natural.
Más sencillo.
Más cercano.
Y después de mucho tiempo trabajando en la Vinoteca CAVA Gourmet Market, probando botellas distintas y viendo cómo disfruta la gente, llegué a una conclusión muy tica:
Y me encanta eso.
Porque durante mucho tiempo escuchamos frases como "vino blanco con carnes blancas" o "vino tinto con carnes rojas".
Y aunque no están completamente equivocadas, se quedan cortísimas.
Porque no todas las carnes son iguales.
Tampoco todos los vinos blancos son iguales.
Y lo mismo pasa con los tintos.
Por eso generalizar en vino casi nunca ayuda.
Sí existen principios que nos orientan y pueden ayudarnos a entender mejor algunas cosas.
Por ejemplo, un vino con buena acidez suele sentirse muy bien con comidas "grasitas" porque refresca el paladar y hace que queramos seguir comiendo.
Y un vino con crianza o con barrica normalmente se disfruta muchísimo con carnes grasas o semigrasas, embutidos y charcutería, porque esa grasa suaviza los taninos y hace que el vino se sienta más redondo.
Todo eso es cierto.
Pero después viene la vida cotidiana.
Y ahí aparece la gastronomía costarricense.
Y ahí es donde me encanta observar.
Porque cuando alguien tiene hambre en la vinoteca y le ponemos algo sobre la mesa, pasa algo muy bonito:
la gente come feliz.
Disfruta.
Sigue conversando.
Toma agua.
Y sigue disfrutando del vino.
Además hay algo importante: en Costa Rica muchas personas no toman vino durante toda la comida como sucede en otros lugares.
Así de natural.
No hay tanta estructura.
No hay tanta regla.
Y eso también está bien.
¿Se puede aprender sobre contraste entre vino y comida? "Claro que sí."
Y cuando alguien quiere profundizar en eso es un mundo lindísimo.
Pero siendo honestos, esa sigue siendo una minoría.
La mayoría todavía se está acercando al vino con muchísima curiosidad y muchas veces también con un poco de miedo.
Y cuando encima aparece la palabra "maridaje", la presión se siente todavía más grande.
Por eso me gusta hacerlo más sencillo.
Hay una frase que digo mucho en la vinoteca y que resume bastante bien cómo vivimos esto:
Porque normalmente la copa está en la mano derecha.
Y lo que tenga en la izquierda —un bocadito, una carnita, una tablita, lo que haya llegado a la mesa— simplemente pruébelo.
Experimente.
Sin darle demasiadas vueltas.
Sin pensar si está bien o si está mal.
Solo pruebe.
Y fíjese qué siente.
Si le gustó, maravilloso.
Y si no le encantó, también está perfecto.
Porque el vino no debería sentirse como una regla que alguien más nos impuso.
Debería sentirse como curiosidad.
Como juego.
Como descubrir.
Y tal vez ahí está una de las partes más bonitas de unir vino con gastronomía costarricense:
darnos permiso de disfrutar como somos.
A nuestro ritmo.
Con nuestra comida de todos los días.
Sin tanta estructura.
Sin miedo a equivocarnos.
Entendiendo que el vino también puede sentirse cercano.
Natural.
Y que muchas veces una copa no necesita nada más que buena compañía... y algo rico en la mano izquierda.

Sobre la autora
Nazareth Padilla Montero es comunicadora y educadora del vino en Costa Rica. Fundadora de CAVA Gourmet Market y creadora de Nazareth Wine Journey, proyecto enfocado en hospitalidad, educación y cultura del vino accesible para nuevos consumidores. Cuenta con formación WSET en vinos y fue seleccionada como becaria 2025 de la Women of the Vine & Spirits Foundation (WOTVS).
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