Jueves 09 de Julio de 2026
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El relevo generacional agrario no se está resolviendo con las políticas aplicadas en la última década, según una guía impulsada por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que plantea un cambio de enfoque en las medidas públicas dirigidas al sector primario. El trabajo analiza la situación actual, identifica los puntos críticos de abandono y propone ejes estratégicos para favorecer la continuidad de la actividad agraria en los próximos años.
La investigación se ha elaborado en el marco del proyecto GRANGE, financiado por la Fundación "la Caixa", y parte de una idea central: el campo no se vacía por falta de vocación, sino por un conjunto de presiones económicas, territoriales y normativas que, según sus autoras, han expulsado históricamente a las explotaciones de pequeña y mediana escala.
Lucía Argüelles, una de las autoras principales del estudio e investigadora del grupo TURBA Lab del Centro de Investigación Interdisciplinario en Transformaciones Sociales y Culturales de la UOC, explica que el objetivo ha sido desplazar el foco de la aproximación individual o centrada en cada explotación hacia una mirada regional, colectiva, política e histórica. Junto a ella firma el trabajo Neus Monllor, fundadora y directora de la consultoría agrosocial Amaterra.
Argüelles sostiene que la investigación se ha apoyado en la escucha directa de los actores implicados para formular recomendaciones políticas aplicables que ayuden a frenar el abandono del sector. A su juicio, las ayudas económicas a la incorporación y el acompañamiento técnico son relevantes, pero no bastan si no se modifican las condiciones estructurales del sistema agroalimentario.
La autora afirma que el modelo agrario dominante no está diseñado para reproducirse socialmente. Por eso, la guía defiende que no basta con incorporar a nuevas personas agricultoras a un sistema en el que resulta muy difícil vivir con dignidad. En esa línea, Argüelles considera que el primer paso debe ser cuidar física, económica y emocionalmente a quienes ya sostienen la actividad agraria.
El estudio se basa en más de 100 entrevistas en profundidad realizadas a productores, habitantes y agentes territoriales de seis regiones. Ese trabajo de campo, según las autoras, permite trazar una imagen más precisa de los factores que están detrás del abandono agrario y de las condiciones que dificultan la continuidad de las explotaciones.
Entre las conclusiones principales, la investigación sitúa las reglas de mercado, la política agraria y las barreras de acceso a los bienes de producción como elementos que han empujado fuera del sector a la pequeña y mediana escala. Argüelles añade que el problema también está ligado a dinámicas territoriales como el despoblamiento rural, la falta de infraestructuras locales y la degradación del tejido agrosocial.
La investigadora cita entre esas carencias la ausencia de servicios como mataderos o salas de despiece, que limitan la viabilidad de la actividad en muchos territorios. También menciona la presión turística y urbanística como otro de los factores que alteran el acceso a la tierra y al trabajo agrario.
Uno de los ejemplos recogidos en la investigación es el Llano de Mallorca. En esa zona, según explica Argüelles, el turismo ha competido históricamente por la tierra y por la mano de obra, lo que ha contribuido a degradar socialmente la profesión de agricultor frente a otros sectores económicos.
El estudio también pone el foco en las regiones más remotas o despobladas. En esos territorios, la falta de escuelas o centros de salud lleva a muchas familias jóvenes a marcharse, una decisión que, según la investigadora, deriva de forma directa en el abandono agrario.
Pese a ese diagnóstico, las autoras subrayan que entre las personas agricultoras persisten elementos como la vocación, la búsqueda de calidad de vida, la conexión con la naturaleza, el conocimiento y la resistencia. Por eso, la guía reclama cambiar de forma radical el relato sobre el mundo rural.
Argüelles advierte de que insistir en visiones negativas o catastrofistas sobre el campo alimenta el desánimo entre las generaciones más jóvenes. La investigación plantea así que el relevo generacional no debe abordarse solo como un problema de incorporación de nuevos profesionales, sino como una cuestión ligada a las condiciones de vida, los servicios, la estructura del mercado y el reconocimiento social de la actividad agraria.
La propuesta de la UOC pasa, en definitiva, por reorientar las políticas públicas hacia una mirada más amplia del territorio y del sistema agroalimentario, con medidas que no se limiten a facilitar entradas puntuales al sector, sino que permitan sostener en el tiempo a quienes ya trabajan la tierra y a quienes puedan incorporarse en el futuro.
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