Terrer Empordà abre su segunda edición en Vilabertran

La Canònica acoge una muestra sobre arquitectura y una programación ligada al vino y al patrimonio

Viernes 29 de Mayo de 2026

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Terrer Empordà abre su segunda edición en Vilabertran

El II Festival Terrer Empordà abrió este jueves, 28 de mayo, una nueva edición que se prolongará hasta el 12 de julio y que vuelve a unir viticultura, patrimonio y creación contemporánea con el paisaje de l’Albera como telón de fondo. La sede principal del certamen es la Canònica de Vilabertran, donde se inauguró la exposición Arquitectures de terrer, una propuesta centrada en la relación entre arquitectura y arraigo al territorio.

La muestra está liderada por el arquitecto Oriol Roselló, del estudio Bangolo, y por la asociación GRETA, Grup de Recerca en l’Arquitectura Tradicional. La propuesta evita los edificios icónicos desvinculados del entorno y plantea una lectura basada en la memoria constructiva y en el uso de materiales ligados al lugar. Según el planteamiento de la exposición, un celler en l’Empordà debe construirse con la misma materia que el terrer del que nace el vino y en el que después se cría.

Roselló recupera la figura de Cèsar Martinell y las Catedrals del Vi, de las que la muestra reúne piezas originales. La exposición defiende que la arquitectura tradicional mantiene vigencia en el siglo XXI si se trabaja con criterios actuales de ecoeficiencia. En esa línea, la sostenibilidad deja de presentarse como una solución añadida y pasa a depender de las materias primas locales y de su uso en la construcción.

El recorrido expositivo reúne técnicas preindustriales y materiales como la piedra, la tierra cruda, la cerámica, la madera, las fibras naturales y la cal. La piedra aporta inercia térmica y, trabajada en seco, permite la ventilación de los espacios y canaliza la humedad de la rosada. La tierra cruda ofrece un equilibrio entre aislamiento e inercia, con usos distintos según la orientación de las fachadas. En las orientadas al mediodía se proyecta de forma masiva para captar el calor del sol de invierno, mientras que en las expuestas a la tramuntana se añaden fibras para mejorar el aislamiento frente al frío.

La cerámica aparece como pieza clave en la creación de gelosías que actúan como filtros solares y en la construcción de voltes catalanes, donde los ronyons estructurals se rellenan con suro para convertirlos en aislantes térmicos y acústicos. La madera massissa se presenta como un material capaz de eliminar los puentes térmicos en fachada y evitar condensaciones si se mantiene libre de pinturas sintéticas y se trata con aceites naturales.

Las fibras naturales, como el cànem, la palla o la pallorfa d’arròs, se usan como aditivos de la tierra o se mezclan con calç hidràulica para fabricar bloques térmicos. La calç, además de combinarse con suro para garantizar la transpirabilidad exterior de los muros, se reivindica por su capacidad desinfectante y por su papel en la regulación, reflexión y difusión de la luz natural.

La intervención en la Canònica de Vilabertran es fruto de un trabajo multidisciplinar en el que han participado Oriol Roselló y Antonio Llena junto a un grupo de artesanos y especialistas locales. En la piedra intervienen Gaetanne Chapel y Xavi Laporta; en la cerámica, Jordi Domènech y Pere Viñas; en la madera, Max Rutgers; en las fibras vegetales, Magda Martínez y Josep Mercader; en la cal, Sonia Luna y Ángel Jiménez; y en el fang, Oriol Balliu. El proyecto subraya que la artesanía también puede incorporar técnicas de prefabricación en taller para optimizar los tiempos de ejecución en obra.

Más allá de la exposición, el festival presentó también las líneas principales de una programación artística y enológica que vincula música y cultura con el territorio. El cartel musical reúne a Joan Miquel Oliver, Marco Mezquida, Eva Fernández, Namina & The Barbarians y Magalí Datzira, junto a propuestas locales como Carles Sanjosé y Adrià Pujol, Joina y LECOCQ, además de la polifonía medieval de Tasto Solo.

En el apartado vinícola, la DO Empordà tendrá un papel central con actividades técnicas y divulgativas. Entre ellas figuran la presentación del informe de Fintan Kerr sobre el Tim Atkin MW Report 2026, recorridos genéticos por las variedades autóctonas con la enóloga Anna Espelt, catas como el Tast Socràtic d’Equànima y sesiones geológicas dirigidas por la sumiller Marta Cortizas.

Blai Rosés, responsable de comunicación del festival, explicó durante el acto inaugural que esta segunda edición pone el foco en el paisaje vitivinícola de l’Albera y en sus monumentos milenarios. Señaló también que la mirada se centra en municipios como Capmany, Espolla, Garriguella y Sant Climent Sescebes, además de espacios como Santa Maria del Roure y Sant Quirze de Colera, con el objetivo de crear un diálogo entre las artes en vivo, la memoria y la cultura del vino en la Mediterrània.

Carme Casacuberta, presidenta del Consell Regulador de la DO Empordà, afirmó que el festival mantiene una mirada coherente y arraigada al territorio. Añadió que Terrer no es solo una programación cultural, sino una forma de explicar quiénes son, y subrayó el valor de llevar actividades y catas a espacios patrimoniales y a pueblos del entorno para explicar el vino desde el lugar donde nace.

La presidenta de la DO Empordà también puso el acento en el enfoque de las catas y actividades de esta edición, que van más allá de la degustación y se orientan a la reflexión sobre el origen, la identidad, la memoria, el paisaje y las variedades que definen el Empordà. Según dijo, ese diálogo entre conocimiento, sensibilidad y territorio es la línea que la denominación quiere seguir impulsando, en un momento en que los territorios deben saber explicarse con autenticidad y en el que festivales como este ayudan a proyectar una imagen del Empordà ligada a la calidad, la cultura, la sostenibilidad y la excelencia.

La imagen gráfica del certamen toma como referencia el sarcófago paleocristiano de Empúries, diseñado por Sandra Puig, como símbolo de continuidad entre arquitectura, patrimonio y vino en el territorio.

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