Tomelloso guarda bajo sus calles 2.500 cuevas del vino convertidas en patrimonio visitable

La red subterránea supera los 40 kilómetros y explica la historia vinícola de la ciudad manchega

Martes 23 de Junio de 2026

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Tomelloso guarda bajo sus calles 2.500 cuevas del vino convertidas en patrimonio visitable

Tomelloso conserva bajo su casco urbano una red de más de 2.500 cuevas excavadas desde comienzos del siglo XIX para elaborar y guardar vino, un patrimonio subterráneo que forma parte de la historia económica y social de la ciudad y que en la actualidad impulsa visitas organizadas con reserva previa.

Estas cavidades comenzaron a abrirse hacia 1820, cuando vecinos de la localidad manchega excavaron bajo sus propias viviendas para crear bodegas familiares. El objetivo era producir vino y conservarlo en condiciones estables durante todo el año. La profundidad media ronda los 12 metros y, sumadas, las antiguas cuevas-bodega superarían los 40 kilómetros de longitud.

La construcción se hacía de forma manual. Los llamados picadores abrían las galerías con herramientas básicas hasta formar naves con bóvedas de medio punto. Las terreras, en su mayoría mujeres, sacaban al exterior la tierra y la arena extraídas del subsuelo. Ese material se reutilizó después en calles y viviendas del municipio.

La propia geología de Tomelloso facilitó este modelo. El techo de las cuevas está formado por una capa de roca tosca de entre dos y cinco metros de espesor, una cobertura natural que mantiene una temperatura interior estable. Esa condición permitía la fermentación y conservación del vino sin grandes cambios térmicos entre verano e invierno.

En la superficie, muchas de estas bodegas se identifican por unas rejas metálicas situadas en el suelo. Son las lumbreras, aberturas practicadas en el techo de las bóvedas para dejar pasar la luz y evacuar el gas carbónico generado durante la fermentación del mosto.

En el interior se instalaban tinajas de barro, escalas, filtros y bombas, el equipo habitual de una bodega doméstica orientada tanto a la venta como al autoconsumo. No todas las cuevas tienen la misma antigüedad ni el mismo uso original. Algunas son anteriores a 1750 y no nacieron vinculadas a la elaboración de vino, mientras que otras son posteriores y presentan mayores dimensiones.

La transformación tecnológica del sector vinícola ha dejado estas instalaciones fuera de la producción industrial. Los depósitos de acero inoxidable y los sistemas modernos de control térmico han sustituido su función original en las bodegas de mayor tamaño. Aun así, muchas cuevas se conservan y mantienen las condiciones físicas que las hicieron útiles durante generaciones.

La Asociación Amigos de las Cuevas de Tomelloso trabaja para preservar este patrimonio y darlo a conocer. Su labor tiene una dificultad añadida: las cuevas no son de titularidad pública, sino que se encuentran bajo casas particulares y el acceso se realiza a través de propiedades privadas.

Esa circunstancia ha llevado a ordenar las visitas para compatibilizar la conservación de las bodegas con la intimidad de los vecinos. La entidad ha impulsado un sistema de recorridos programados con antelación ante el interés que, según trasladan sus promotores, muestran agencias de viaje y grupos organizados llegados desde distintos puntos de España.

Las cuevas se han convertido así en uno de los elementos más singulares del patrimonio local. Más allá de su valor arquitectónico, explican el desarrollo de Tomelloso como ciudad ligada al vino y conservan la huella del trabajo con el que varias generaciones levantaron una parte esencial de su economía bajo tierra.

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