Europa aprieta el cerco al alcohol por la crisis de salud hepática

El informe EASL-Lancet pide etiquetas sanitarias, más impuestos y límites al marketing digital dirigido a jóvenes

Martes 05 de Mayo de 2026

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La Comisión EASL–Lancet sobre salud hepática en Europa ha pedido a los gobiernos europeos que adopten medidas más duras sobre el alcohol, entre ellas etiquetas sanitarias en los envases, límites al marketing digital dirigido a jóvenes y una revisión de la fiscalidad de estas bebidas. El informe, publicado este jueves por la Asociación Europea para el Estudio del Hígado, sostiene que la enfermedad hepática se ha convertido en un problema de salud pública en la región y reclama que se integre en las estrategias contra las enfermedades no transmisibles.

El documento calcula que unas 780 personas mueren cada día en Europa por cirrosis o cáncer de hígado, dos patologías que en gran parte pueden prevenirse. Según la comisión, ambas enfermedades suman alrededor de 284.000 muertes al año en Europa. El cáncer de hígado ha aumentado más de 50% desde 2000, al pasar de unas 43.000 muertes a cerca de 69.000 en 2023.

El informe sitúa entre las principales causas el consumo de alcohol, la obesidad y la hepatitis vírica. También apunta al aumento de la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, vinculada al exceso de peso, a dietas poco saludables y al consumo de alcohol. Los autores sostienen que estos factores están condicionados por el precio, la publicidad y la disponibilidad de bebidas alcohólicas y alimentos ultraprocesados.

Para el sector cervecero europeo, las propuestas tienen un alcance directo. La comisión pide advertencias sanitarias visibles en los productos alcohólicos y restricciones al marketing digital, sobre todo cuando se dirige a menores y jóvenes. También propone actuar sobre la fiscalidad del alcohol y reforzar la regulación de su promoción comercial.

El informe añade que, sin enfermedad hepática, las economías de la Unión Europea y de otros países europeos asociados serían unos 55.000 millones de euros mayores cada año. La comisión calcula además que esta patología reduce el PIB regional en torno a 0,3%, por la pérdida de productividad, las muertes prematuras y las ausencias laborales.

Hans Kluge, director regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud, afirmó que los datos deben servir como aviso para los gobiernos. “En la Región Europea de la OMS, la cirrosis y el cáncer de hígado causan casi 780 muertes cada día”, señaló. Añadió que abordar los factores comunes que impulsan estas enfermedades, entre ellos el alcohol, las dietas poco saludables y la hepatitis vírica, debe formar parte de la respuesta general frente a las enfermedades no transmisibles.

La comisión también subraya que muchas personas reciben el diagnóstico demasiado tarde, cuando las opciones terapéuticas son limitadas. Marko Korenjak, presidente de la European Liver Patients Association, pidió pasar “de las palabras a la acción” y reclamó detección precoz, atención integrada y medidas sobre las causas del problema.

Entre sus recomendaciones figuran ampliar las pruebas y el tratamiento de hepatitis vírica entre migrantes y colectivos con menor acceso al sistema sanitario; reforzar modelos asistenciales que conecten atención primaria, especialistas y recursos comunitarios; mejorar el acceso a medicamentos asequibles mediante compras conjuntas entre Estados miembros; e incorporar indicadores sobre salud hepática en los sistemas de seguimiento ya existentes.

La comisión sostiene que reducir los factores conductuales podría recortar casi a la mitad la carga de enfermedad hepática. También afirma que políticas como impuestos sobre productos nocivos, cribados más amplios y mejor acceso al tratamiento tendrían retorno económico para los sistemas sanitarios y para las cuentas públicas.

Debbie Shawcross, secretaria general de EASL, afirmó que Europa dispone ya del conocimiento y las herramientas para frenar esta evolución. “Lo que falta no es evidencia, sino acción”, dijo. El informe pide a la Unión Europea, a los gobiernos nacionales y a la OMS que sitúen la salud hepática dentro de sus planes sanitarios y regulen con más firmeza los intereses comerciales ligados al alcohol y a otros productos perjudiciales para la salud.

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