El vino reabre la batalla científica sobre salud y cáncer

Estudios recientes lo vinculan con menor mortalidad en dieta mediterránea, pero expertos alertan de riesgos oncológicos y piden prudencia

Jueves 30 de Abril de 2026

Compártelo

Leído › 814 veces

El debate sobre los efectos del vino en la salud sigue abierto y suma nuevos estudios y posiciones enfrentadas entre científicos, médicos y representantes del sector. La discusión, que se mueve entre la advertencia sanitaria y la defensa del consumo moderado dentro de la dieta mediterránea, volvió a tomar fuerza en Italia con las declaraciones del profesor Silvio Garattini, fundador del Instituto Mario Negri de Milán, y con varias investigaciones recientes presentadas en congresos médicos.

Garattini, de 97 años, criticó en una entrevista reciente la presencia del Gobierno italiano en Vinitaly para promover productos nacionales. Recordó que la Organización Mundial de la Salud considera el alcohol carcinógeno y afirmó que existen nueve tipos de cáncer vinculados al consumo de alcohol, entre ellos el de esófago. Su mensaje fue claro: no puede decirse que beber, ni siquiera en pequeñas cantidades, sea bueno para la salud. También sostuvo que, cuando alguien es invitado a cenar, es mejor llevar flores que vino.

Su postura choca con la de otros investigadores que defienden una lectura más matizada. Entre ellos figura la International Academy for Healthy Drinking, impulsada por la familia Veronesi y vinculada a empresas como Oniverse y Oniwines. Este grupo sostiene que una copa de vino tomada con las comidas puede tener efectos favorables si forma parte de un estilo de vida equilibrado. La academia reúne a científicos como Giovanni Scapagnini, Karin Michels, Arrigo Cicero, Paolo Francalacci e Ilenia Grieco, entre otros.

En paralelo, estos días se celebra en la Academia de Medicina de Turín una reunión del Irvas, el Instituto para la Investigación sobre Vino, Nutrición y Salud, bajo el título “Moderate Wine Consumption and Health”. En ese foro, Attilio Giacosa, presidente del organismo, y Emanuele Albano, profesor de Patología General en la Universidad del Piamonte Oriental, defendieron que el vino debe analizarse como un alimento más dentro del patrón dietético y cultural en el que se consume.

Giacosa señaló que reducir el vino a una simple fuente de alcohol simplifica en exceso un asunto que depende de muchos factores. Según explicó, el consumo moderado en adultos, sobre todo durante las comidas y dentro de una dieta mediterránea, se asocia con menor riesgo de mortalidad y con menos enfermedad cardiovascular, demencia senil y diabetes. Añadió que el riesgo de cáncer ligado al alcohol existe, pero está relacionado con el abuso prolongado y no con un consumo moderado dentro de un estilo de vida equilibrado. También recordó que hay casos concretos, como mujeres con predisposición al cáncer de mama, en los que conviene evitarlo por completo.

Albano insistió en esa misma línea y subrayó que los efectos del alcohol dependen de la dosis, del tiempo de exposición y de factores individuales. En el caso del vino, dijo, hay una matriz compleja en la que intervienen no solo etanol sino también polifenoles y otros compuestos bioactivos cuyo papel sigue bajo estudio. A su juicio, eso obliga a ser prudentes y a evitar conclusiones simples.

Entre los trabajos recientes citados por estos investigadores figura un análisis presentado en la sesión científica anual del American College of Cardiology. Según esos datos, las personas que beben vino con moderación presentan una mortalidad menor que quienes no beben o prefieren cerveza, sidra o licores. Otro estudio publicado en European Heart Journal y realizado por investigadores de la Universidad de Navarra junto al Hospital Clínic de Barcelona concluyó que el consumo moderado de vino en personas muy adheridas a la dieta mediterránea reduce la mortalidad hasta 33%.

Ese trabajo combinó datos de los estudios Predimed y Sun y siguió a más de 18.000 personas durante más de 20 años. Los autores observaron que quienes seguían estrictamente la dieta mediterránea sin vino reducían su mortalidad general 23%, mientras que esa reducción subía a 33% cuando se añadía un consumo moderado de vino, definido como al menos siete copas semanales pero menos de tres al día. Cuando se superaban las tres copas diarias, el efecto favorable desaparecía.

La investigación también apunta a que el posible beneficio no depende solo del vino ni solo del alcohol, sino del patrón completo en el que se integra su consumo. Los autores señalan que el efecto sobre la salud cardiovascular y sobre la mortalidad no es universal ni independiente del modo de vida.

En Estados Unidos también ha cambiado el tono oficial sobre esta cuestión. Las nuevas guías alimentarias 2025-2030 del Departamento de Salud ya no fijan un número concreto de copas o consumiciones recomendadas. El documento se limita a aconsejar limitar el alcohol para mejorar la salud general.

La discusión científica sigue abierta mientras aumentan los estudios observacionales y las advertencias sanitarias. Entre quienes piden prudencia absoluta y quienes defienden una lectura más precisa según dosis, hábitos alimentarios y perfil individual, el vino continúa en el centro de un debate médico y social que no muestra señales de cerrarse pronto.

¿Te gustó el artículo? Compártelo

Leído › 814 veces