Lunes 27 de Abril de 2026
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Bordeaux prepara una sociedad de suelo para frenar la caída del precio de las tierras vitícolas. El dispositivo, que debe quedar cerrado a comienzos de mayo, busca sostener el valor de las parcelas donde se han arrancado viñas, dar margen a los viticultores con problemas de tesorería y abrir espacio a otros usos en un territorio de Gironda muy concentrado en la vid.
La iniciativa llega en un momento delicado para el primer viñedo con denominación de origen controlada de Francia. Desde 2023, varios planes de arranque subvencionado han reducido la superficie de 103.000 a menos de 90.000 hectáreas. A esa reducción se suma una menor demanda de vino y las dificultades para exportar, una combinación que ha dejado bodegas llenas y ha empujado a varias explotaciones a situaciones financieras muy tensas.
En 2025, 121 empresas vitícolas de Gironda, sobre unas 5.000 explotaciones, fueron objeto de procedimientos en el tribunal de comercio, según datos del Consejo Nacional de Administradores Judiciales y Mandatarios Judiciales. Entre 2018 y 2021, la media anual rondaba la decena. El sector arrastra además cientos de casos más con problemas de liquidez y deuda.
Dominique Techer, viticultor en Pomerol y promotor del proyecto, resume así la situación: los precios van a la baja y no se recuperarán sin sacar excedentes del mercado y ajustar la superficie productiva. Su propuesta pasa por crear una foncière, una sociedad que compre tierras a precios superiores a los actuales para ayudar a reducir deuda y evitar ventas forzadas. Según explica, hoy hay parcelas que se venden a 2.000 euros por hectárea, una cifra que considera insuficiente para ordenar el mercado.
La idea inicial prevé una dotación de 20 millones de euros. Con ese dinero, la sociedad podría adquirir terrenos por 5.000 o 6.000 euros por hectárea y acompañar operaciones de destilación de excedentes para reducir oferta. El mecanismo fijaría así un precio mínimo de referencia para el suelo agrícola vinculado al viñedo.
La financiación se repartiría entre el Estado, las administraciones locales y el sector profesional, que aportarían un tercio, mientras que los bancos asumirían los dos tercios restantes. La prefectura de Gironda y la región Nueva Aquitania han calificado la fórmula como una iniciativa inédita por su diseño conjunto con las entidades financieras.
Desde el Crédit Agricole d’Aquitaine, Éric Garreau ve en este proyecto una vía para devolver liquidez a explotaciones que quieran cambiar parte de su actividad. También plantea que la operación permita reorganizar parcelas para hacerlas aptas para otros cultivos y abrir un ciclo económico más favorable en zonas hoy muy dependientes del vino.
Renaud Jean, viticultor en Entre-deux-Mers y miembro del colectivo Viti 33, considera que la sociedad puede servir como red de seguridad para todo el sector. A su juicio, las entidades financieras son conscientes del deterioro del mercado y prefieren participar antes que asumir más pérdidas por impagos o liquidaciones.
Jean también imagina que las tierras compradas puedan venderse después a ayuntamientos e intercomunidades para usos como huertos periurbanos, corredores de biodiversidad o franjas sin pesticidas cerca de colegios. La idea es abrir espacio a nuevas actividades en municipios donde la vid ocupa casi todo el suelo disponible.
El calendario prevé un llamamiento a manifestación de interés a comienzos de mayo para identificar las parcelas disponibles. Si el proceso avanza como está previsto, las primeras compras podrían cerrarse ya en verano. Mientras se crea una estructura propia, el establecimiento público foncier de Nueva Aquitania actuará como apoyo inicial junto con la Safer.
No todos en el sector ven suficiente la dotación anunciada. Algunos viticultores calculan que harían falta entre 150 y 200 millones de euros para tener un efecto real sobre el mercado del suelo. Garreau admite que habrá que ir más lejos si el proyecto quiere tener recorrido.
Michel-Éric Jacquin, presidente del Sindicato de AOC Bordeaux y Bordeaux Supérieur, pide prudencia hasta conocer mejor la filosofía del plan y su arquitectura financiera. Recuerda que otras medidas anteriores generaron expectativas altas y resultados limitados. Aun así, admite que sacar del mercado unas 5.000 hectáreas con una nueva orientación ya tendría impacto sobre el precio del suelo y sobre la organización futura del viñedo girondino.
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