Lunes 27 de Abril de 2026
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Francia prevé arrancar cerca de 28.000 hectáreas de viñedo dentro de un plan estatal para ajustar la producción a la caída de la demanda y a la presión del clima. El programa, gestionado por FranceAgriMer, ha recibido unas 5.800 solicitudes de viticultores que piden ayuda económica para eliminar cepas.
La mayor parte de las peticiones llega del suroeste del país, sobre todo de Gironda, Aude, Gard, Hérault, Pirineos Orientales y Gers. Según Jérôme Despey, presidente del comité del vino del organismo público, las solicitudes se concentran sobre todo en variedades tintas.
Del total de superficies previstas para el arranque, alrededor del 37% se eliminará por completo. Eso supone que algunos productores dejarán la actividad vitícola. El 63% restante corresponde a arranques parciales en viñas de al menos 10 años, una fórmula que permite reorganizar las parcelas y adaptar mejor la oferta a la demanda.
El plan cuenta con una dotación de 130 millones de euros y prevé una ayuda de 4.000 euros por hectárea arrancada. Los trabajos deberán quedar terminados antes del 31 de diciembre de 2026.
El sector del vino francés atraviesa una fase de ajuste marcada por varios factores: el cambio climático, la evolución del consumo y la caída de las ventas de vino tinto. Despey admitió que para algunos viticultores abandonar la profesión resulta doloroso, aunque defendió que los arranques parciales pueden servir a otros para reorganizar sus explotaciones.
La medida llega después de que el Parlamento Europeo aprobara un paquete más amplio de apoyo al sector, con normas más flexibles para los arranques de viñedo y medidas para impulsar los vinos sin alcohol. Francia ya puso en marcha otro programa similar en 2024, con una dotación de 110 millones de euros.
Jonathan Hesford, viticultor en Domaine Treloar, explicó que la principal causa es la fuerte caída de las ventas en casi toda la gama de vinos franceses y también internacionales. Según dijo, solo Champagne y algunos vinos muy caros de Borgoña mantienen un buen comportamiento comercial. Añadió que muchas otras categorías han perdido entre un 20% y un 40% de ventas.
Hesford relacionó esta bajada con el menor consumo entre los jóvenes, las recomendaciones sanitarias para reducir el alcohol, varias vendimias difíciles y el envejecimiento de parte del sector productor. A su juicio, el programa puede verse como una reacción rápida para reducir oferta.
También señaló que productores de muchas zonas están presentando solicitudes, incluidos algunos dominios de calidad alta, aunque las áreas con mayor volumen como Burdeos, Languedoc y el valle del Ródano parecen ser las más afectadas. En su opinión, el plan no aclara qué uso se dará a las tierras una vez arrancadas las viñas. Algunos agricultores jóvenes podrían probar con cultivos como olivos o pistachos, mientras otros mayores optarían por retirarse.
Jean-Marie Fabre, presidente de Vignerons Indépendants de France, afirmó que esta medida refleja una transición más amplia en el sector porque el consumo cambia y algunas regiones producen más volumen del que el mercado absorbe. Para Fabre, arrancar viñedo no es un fin en sí mismo, sino una forma de adaptar las explotaciones para seguir vendiendo vino.
Añadió que la cuestión no pasa solo por producir menos, sino por elaborar vinos que encajen con lo que pide el consumidor y permitan vivir con dignidad a las bodegas. También subrayó que muchos viticultores independientes buscan reforzar su valor mediante la venta directa, el enoturismo y una relación más cercana con el cliente.
Francia sigue entre los principales países productores de vino del mundo. En este momento, parte del sector intenta ganar margen con nuevas vías comerciales mientras otra parte reduce superficie o cambia sus plantaciones para ajustarse a un mercado más exigente.
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