Jueves 30 de Abril de 2026
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Los legisladores de California estudian una propuesta que cambiaría las reglas del etiquetado para los vinos vendidos en el estado y obligaría a que la mención “American” solo pueda figurar en botellas elaboradas al 100% con uvas y otros ingredientes cultivados en Estados Unidos. La iniciativa, registrada como AB 1585, rebajaría el margen permitido por la norma federal, que fija ese umbral en el 75% y deja espacio para mezclar vino extranjero.
La medida busca cerrar una vía que durante años ha permitido a algunas bodegas vender como “American” vinos elaborados en parte con vino a granel importado. Sus promotores sostienen que el cambio daría más claridad al consumidor y haría más precisa la información de la etiqueta. La asambleísta Rhodesia Ransom, demócrata por Tracy y coautora del texto, afirmó que el objetivo es asegurar que haya verdad en la publicidad cuando se trata de vino procedente de Estados Unidos.
La propuesta no impediría la entrada de vino importado en California, pero sí alteraría una práctica comercial muy extendida entre grandes grupos vinícolas. Según los defensores del proyecto, esa fórmula ha presionado a los viticultores californianos en un momento de exceso de oferta y caída del consumo. En los últimos años, muchos productores han tenido dificultades para vender su uva y algunos han dejado fruta sin recoger en la viña.
Las cifras del sector apuntan a una situación tensa. El año pasado, cerca de una cuarta parte de la cosecha del estado quedó sin vendimiar, según estimaciones iniciales de la industria. Al mismo tiempo, las importaciones de vino a granel aumentaron un 24%, pese a que había uva sin comprador en California. Para varios agricultores, esa combinación refleja una pérdida de mercado frente a proveedores de Australia, Nueva Zelanda o Chile.
Rodney Schatz, viticultor y elaborador en Acampo, explicó que ha arrancado alrededor de un tercio de su viñedo en los dos o tres últimos años porque no podía vender la uva ni absorber el excedente en su negocio de vino a granel. Schatz vende ese producto a bodegas de todo el estado, donde luego se mezcla, se embotella y se comercializa con otra marca. A su juicio, las grandes empresas reducen gastos al comprar parte de ese volumen fuera del país y después lo venden como American.
Natalie Collins, presidenta de la California Association of Winegrape Growers y copatrocinadora del proyecto, admitió que la ley no resolverá por sí sola la crisis del mercado. Aun así, defendió que puede servir como primer paso para recuperar la confianza del consumidor y ordenar mejor el sector. La asociación representa a productores de uva para vino y apoya una norma más estricta sobre el origen real del contenido de las botellas.
La iniciativa cuenta también con el respaldo de Family Winemakers of California, una organización que agrupa a unas 200 bodegas familiares y medianas. En cambio, se opone el Wine Institute, que representa a unas 1.000 bodegas y actúa como principal grupo de presión para varias grandes compañías californianas que importan vino a granel. Tim Schmelzer, vicepresidente de relaciones estatales del instituto, advirtió de posibles efectos no previstos si cambia la definición legal de American.
Schmelzer sostiene que muchas bodegas usan esa denominación para poder incluir en la etiqueta la variedad de uva empleada cuando elaboran vinos con mezclas de origen estadounidense y extranjero. Si California aprueba AB 1585, puso como ejemplo un cabernet sauvignon hecho con uvas californianas y australianas: ya no podría llevar esa indicación varietal y tendría que recurrir a una fórmula más genérica, como red blend. A su juicio, eso restaría información útil al comprador.
Collins respondió que existe una solución sencilla para quienes quieran mantener esa información en la etiqueta: comprar uva cultivada en California. Añadió que hay suficiente oferta doméstica para cubrir las variedades que ahora se mezclan con vino extranjero. Otros representantes del sector productor señalan además que las importaciones suben cuando mejora el precio de la uva local y bajan cuando ese precio cae, una pauta que interpretan como señal de que las compras exteriores sirven para abaratar costes.
Stuart Spencer, propietario de St. Amant Winery y director ejecutivo de la Lodi Winegrape Commission, afirmó que ese vino compite directamente con la uva cultivada en California, sobre todo en el Valle Central. Según dijo, parte termina en botellas etiquetadas como American. Para muchos viticultores, esa práctica explica buena parte del malestar actual en el campo californiano mientras el debate legislativo avanza en Sacramento.
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