Jueves 11 de Septiembre de 2025
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El consumo de vino en Francia ha cambiado de forma notable en las últimas décadas. Según datos del Credoc, la cantidad de vino que bebe cada persona al año ha pasado de 100 litros a unos 40 litros. En 1980, más de la mitad de los franceses adultos bebían vino con regularidad. En 2010, esa cifra se había reducido a un tercio y el número de personas que nunca beben vino se había duplicado. A pesar de esta bajada, Francia sigue siendo el segundo país del mundo en consumo de vino, por detrás de Italia y por delante de España. El vino sigue siendo la bebida alcohólica preferida por los franceses, aunque la diferencia con la cerveza es cada vez menor.
Las diferencias entre generaciones son claras. Las personas mayores asocian el vino a la comida diaria. Ocho de cada diez mayores de 60 años consideran que una buena comida debe ir acompañada de vino. Jérôme Baudouin, redactor jefe de la revista Les Vins de France, explica que hasta los años ochenta el vino era un producto alimentario más, consumido sin darle demasiada importancia. La generación que mantiene ese hábito tiene ahora más de 75 años y suele beber uno o dos vasos al día, normalmente vinos sencillos y económicos.
Las generaciones más jóvenes han cambiado su relación con el vino. Beben menos cantidad y lo hacen en ocasiones puntuales, unas tres veces por semana. Además, buscan vinos de mayor calidad y muestran interés por conocer diferentes regiones y variedades. Desde los años ochenta, el vino ha pasado a verse como un producto cultural y festivo. Muchos jóvenes prefieren probar vinos distintos antes que consumir siempre el mismo tipo. Este cambio ha provocado problemas para algunas cooperativas vinícolas que producían grandes volúmenes de vinos baratos, ya que sus consumidores habituales están desapareciendo y las nuevas generaciones no muestran interés por estos productos.
El precio también es motivo de discusión entre padres e hijos. Los mayores suelen comprar vinos económicos y no valoran las botellas más caras que a veces llevan sus hijos a las reuniones familiares. Para muchos, es una cuestión de costumbre. Además, algunos mantienen la práctica tradicional de añadir agua al vino, algo que sorprende o molesta a los más jóvenes. Esta costumbre tiene su origen en una época en la que el agua no era potable en todas partes y se mezclaba con vino para desinfectarla.
El modo en que se consume el vino también varía según la edad. Los mayores suelen beberlo en casa y durante las comidas familiares o con amigos. Los jóvenes prefieren consumirlo fuera del hogar, en bares o discotecas, junto a otras bebidas alcohólicas como cerveza o cócteles. El vino ya no es solo una bebida para acompañar la comida; ahora forma parte del ocio y la socialización.
Estos cambios reflejan una transformación cultural en torno al vino en Francia. El producto ha pasado de ser un alimento básico a convertirse en un símbolo social y cultural para muchos jóvenes, mientras que para las generaciones anteriores sigue siendo parte del día a día y del ritual familiar.
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