La carta de vinos, por favor

David Manso

Jueves 23 de Septiembre de 2021

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Una carta de vinos es un reflejo del local a visitar

Son pocas, pero quizás más de las que uno desearía, las ocasiones en las que al solicitar la carta de vinos en un restaurante uno recibe una lámina plastificada o una carpeta de color negro o marrón, generalmente regalo de alguna bodega suministradora, en la que de manera errónea o con escasa información se reflejan los vinos que ofrece un establecimiento, ya sea restaurante, bistró, gastrobar, o como quiera hacerse llamar en el que sirvan platos y vinos.

Digo se reflejan con conocimiento de causa, ya que de ellas solo se puede deducir su procedencia, la bodega, el precio y poco más. Dispuesto uno a saber más sobre los vinos ofertados, solicitas información ante una escueta e incompleta carta y poco, o nada, por parte de quien te atiende te cuenta de ellos, quedándote como estabas, o lo que es peor, como estabas pero ya con la mosca detrás de la oreja. Ya que por norma general detrás de una mala o errónea carta de vinos suele haber cierto desconocimiento sobre ellos y por tanto un mal servicio de estos.

No hago referencia a esos locales en los que el menú del día servido con tinto y gaseosa es el que paga las nóminas y, en los que como es lógico no tienen carta, o si la tienen el vino es un complemento más a los servicios a la carta de los fines de semana. En este caso el foco va dirigido a esos locales que se supone deberían tener una carta y personal acorde con el precio que te van cobrar el vino, y que en ocasiones llega a triplicar el de venta al público.

Recientemente he topado con uno de ellos, y nos es la primera vez que se me presenta esta situación en un local. No es cuestión de señalar a nadie pero el sitio en cuestión los vinos los cobraba, y bien cobrados. El cliente paga además de por el vino por un servicio, incluyendo información, aunque esta sea mínima, del producto a consumir. Al igual que cuando solicita que se le detalle un plato y espera que esta información esté reflejada en la carta o bien la reciba de forma presencial si tiene dudas. Con el vino debería de ser también así, ha de recibirla, la información me refiero, y así el cliente si no obtiene el servicio que está pagando, no termine pensando que su desembolso va destinado a cubrir otros gastos derivados del resto de actividades del negocio camuflados en los 75 cl. que va a consumir. Imaginaros pedir información sobre un plato de carne o de pescado y no obtener respuesta, o que esta fuera no sé. Mal asunto no?

 

Cierto es que un local es muy libre de cobrar la cantidad que estime oportuna, y a su vez, el cliente también muy libre de pagarla o no. Pero el pagador suele ser exigente, quiere saber lo que paga y porqué lo paga. Requiere ciertos detalles que el precio ha de cubrir y entiende que debe haber un servicio. El vino atemperado, decantarlo si se requiere, unas copas correctas o incluso la socorrida cubitera para mantenerlo a su correcta temperatura mientras lo consume. Estos detalles, junto a una correcta carta de vinos y una mínima atención por parte de quien le atiende, hacen que el precio se vea justificado. No es cuestión de exigencias, es sencillamente solicitar que el vino se sirva correctamente. Ningún local servirá una sopa de cocido y le dará al cliente un tenedor para comerla, ni pondrá sobre la mesa una carne o un pescado a la brasa fríos, o por contra un gazpacho caliente. Con el vino tampoco debería pasar.

No es cuestión de rizar el rizo, de exigir que se detalle toda la carta de vinos con las añadas, algo reservado para vinos con cierta longevidad o de añadas especiales, ni de exponer una cata técnica del vino, o si se vendimia a mano o es elaborado con tales o cuales uvas, detalle este último que personalmente agradezco pero considero irrelevante para la mayoría de consumidores. Esta información bien podría ampliarse llegado el caso por quien nos atiende. Es tan sencillo como presentar una carta organizada, separada por zonas de producción o denominaciones, de evitar errores ortográficos y tachaduras.

En estos años han pasado por mis manos cartas con escueta información, en las que se vendía un vino como "Rioja Gran Reserva", tal cual, sin más detalles, fallos en los nombres de las bodegas, otras adjudicaban los vinos a otras denominaciones, o graves meteduras de pata como clasificar los vinos bajo la inexistente D.O. Albariño o elevar al grado de D.O. vinos nacidos y amparados bajo I.G.P.

Una carta de vinos es un reflejo del local a visitar, un termómetro de la implicación del local con el vino, siendo este un elemento más como parte de la gastronomía, y yendo más allá, también lo es de la cultura en cuanto al vino de una región e incluso del país. Una carta de vinos por muy escueta y sencilla que sea no puede tener errores tan graves como los antes mencionados, y si es así, si os encontráis con ellos, la falta de atención al producto supondrá seguramente no tener un buen servicio del vino.

David Manso
Licenciado en Marketing y apasionado del vino.
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