Ruta de los viñedos olvidados: Galicia, mirando al Atlántico I

David Manso

Lunes 26 de Julio de 2021

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Amanece un nuevo día. Las nieblas matinales se hacen compañeras de viaje entre las carreteras que me sacan de Los Oscos. Vaticina agua, una lluvia que no se hace esperar y que me acompañará hasta casi llegar a Santiago de camino a Betanzos. Menudo mes de junio para todo aquel que viaja y para la viña, menos mal que pronto el sol asoma, algo que alivia viaje y permite que la vid recupere su ciclo habitual por estas fechas, que la uva se desarrolle antes del envero.

Llego a la ciudad de Betanzos cuya IGP es la más septentrional y húmeda, no solo de Galicia sino de la totalidad de las denominaciones que tenemos en nuestra península. Mi puerta de entrada a ella será Luis Sande de Bodegas Pagos de Brigante. Con él recorro varios viñedos en diferentes localizaciones de variedades, entre ellos de blanco lexítimo, variedad más representativa de esta zona junto a las también autóctonas agudelo y albariño.

Tras visitar viñedo y conocer sus vinos, me dirijo al centro del pueblo y aparco la moto en la Plaza De García Hermanos. Una ventaja a los visitantes sobre dos ruedas es la de poder estacionar la moto en dicha plaza, único vehículo al que le es permitido. Recorro sus históricas calles e imagino tiempos pasados en los que el vino servido en sus tabernas y la vendimia estaban regulados por sus ordenanzas municipales. De eso hace mucho ya, por entonces reinaban los Reyes católicos. Pero tras esa época de esplendor que duró varios siglos, me cuenta Luis, llegó una de mala fama motivada por las variedades foráneas introducidas tras el paso de la filoxera, algo que se veía reflejado en la calidad del vino ante la falta de adaptación al clima de estas. Tiempos pasados que por suerte quedaron atrás gracias a la vuelta a las variedades autóctonas.

Iglesia de Santa María do Azogue de Betanzos

Comemos en un típico local con uno de sus vinos, Ramallo, donde la famosa tortilla de Betanzos no podía faltar en la mesa. Un vino tinto tradicional, con buenos e intensos aromas, fresco, buena acidez y de buen paso por boca. Frescura, junto la acidez, son dos palabras que nos acompañará durante toda la ruta. El clima y orografía del norte peninsular son sus responsables. Tras comer, un poco de turismo por la ciudad, recorrer sus calles, sus plazas, sus diferentes emplazamientos religiosos y su ría, esta última la imagen más solicitada por el visitante en la que los viñedos presiden la loma frente al puente.

Dejo Betanzos tras una intensa jornada, con una sensación ya experimentada por mí en esta ruta de los viñedos olvidados, la de saber que todavía hay personas que no cejan en su empeño, que dedican tiempo, esfuerzo y recursos en que no sea así, en recuperar esa tradición ancestral por cultivar la vid y elaborar vino. Me dirijo a mi siguiente destino, a una nueva IGP, la de Barbanza Iria. Recorro carreteras, cruzo pueblos, atravieso frondosos eucaliptales, me acerco nuevamente a Santiago pero esta vez lo dejo al sur, unos kilómetros y el mar asoma sobre la Ría de Arousa. Empieza a caer la tarde, llego a Bodega Entre os Ríos. Aparco la moto, me encuentro con José Crusat,  y directamente pasamos a catar. Unos vinos de compleja y cuidada elaboración, muy particulares y sorprendentes. Monovarietales, sobre lías, con crianza, un espumoso, y hasta un sorprendente "orange wine" de albariño. Gran recuerdo me queda de esa intensa tarde catando con José, un enamorado del vino, con ideas y conceptos muy claros de aquello que quiere transmitir y sus vinos son el mejor escaparte, de esas personas que gustas conocer y con la que puedes estar horas charlando y compartiendo cultura del vino.

Entre os Ríos es bodega, Adega que dicen en gallego, es viñedo y es también alojamiento rural. Una finca con encanto, de intensa vegetación, donde el agua corre libremente y se respira tranquilidad, un lugar  especial para cualquier amante del vino, incluso para los no amantes también. Doy un paseo a la mañana siguiente antes de salir de ruta entre sus viñas, las gotas de agua sobre las verdes hojas reflejan los primeros rayos del sol y el sonido del agua corriendo me acompaña a cada paso. Una buena manera de empezar jornada.

José me comenta sobre un par de puntos interesantes a visitar, el Mirador de A Curota para disfrutar de las magníficas vistas a la Ría de Arousa, y  el Mirador de A Pedra da Ra en Ribeira para contemplar la imponente duna de Corrubedo. Los subo y me quedo maravillado con la belleza de estas tierras que miran al Atlántico, océano que rige parte de sus vidas e influencia sus vinos.

Ría de Arousa

Tras disfrutar de las vistas y la conducción, me acerco a visitar en Boiro a Antonio Saborido. Nuevamente el recorrido por la costa sobre la GS me da una visión diferente de la que ya tenía de anteriores viajes en coche, nada que ver. Con Antonio visito sus viñedos en los que por primera vez estoy ante viñas con más de 200 vendimias. Variedades autóctonas tan longevas como caiño, raposo, mencia,...etc. perduran gracias a que sus suelos arenosos evitaron la  presencia de la temida filoxera. Aquí, igual que en Entre os Ríos, encontraremos por primera vez en esta ruta cultivos en emparrado, algo necesario para alejar el fruto del suelo ante la siempre presente humedad del clima. Realmente la primera no, ya en la visita a Pesoz (DOP Vinos de Cangas) pude ver algún viñedo, pero usado de manera muy minoritaria. Otra de la sorpresas que Antonio me tiene preparada es la de poder visitar viñedos en la playa, si, has leído bien, en la misma playa, la de Esteiro, en Boiro, donde una tapia que delimita la finca es la única barrera que separa bañistas y vides, y algo que se verá reflejado en sus elaboraciones dotándolas de cierta salinidad. La oferta de enoturismo de Bodegas Antonio Saborido permite conocer estos singulares viñedos y catar sus vinos en la bodega mirando al mar. Vinos sin duda con carácter atlántico.

Con esta última visita cerramos esta segunda IGP gallega de nuestra ruta de los viñedos olvidados. Como mirando al mar, disfrutando de la oferta gastronómica salida de la ría y tierra que me rodean. Mientras, pienso en que ese mismo mar que tanto nos da ha sido uno de los principales motivos que ha propiciado el abandono de la viticultura en esta zona. Un mar que da y a su vez quita. Wine Rider prosigue ruta hacia el sur. Todavía quedan dos por visitar, Riberas del Morrazo y Val do Miño Ourense.

David Manso
Licenciado en Marketing y apasionado del vino.
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