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ENOLOGÍA PARA TODOS: Los lloros de la viña

Autor

Avelino Vegas

Avelino Vegas

8 de Marzo de 2018

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Ha llegado marzo, y con él la vida en la viña comienza de nuevo. Cuando hablamos del ciclo vegetativo de la vid vimos que hay un hecho importante, que casi siempre pasa desapercibido, que marca el principio del fin del reposo invernal: los lloros.

Aunque es un hecho poco vistoso, bajo mi punto de vista es uno de los momentos más bonitos del año. Significa que la primavera está llegando y con ella todo renace: los días son más largos, los campos reverdecen, se acabaron los grandes fríos y los agricultores en general (y los viticultores en especial), empiezan a pedirle al cielo que el tiempo y sus inclemencias nos respeten para  tener una buena cosecha.

Recordemos que las vides están "dormidas" desde noviembre, cuando cayeron las hojas. Con la mejora del tiempo toda la planta se pone en marcha de nuevo. Es como si la vid pudiera medir que la temperatura del suelo ha aumentado, y entonces hace que las raíces comiencen a absorber  agua y sales minerales. Las células pueden empezar a trabajar utilizando las reservas de energía que se habían acumulado en el tronco el año anterior. Cuando todo se activa, la savia comienza a subir hacia las puntas de las ramas para "revivir" las yemas de donde saldrán las nuevas hojas y ramas. Es entonces cuando, por las cicatrices que se hicieron durante la poda, comienzan a rezumar unas gotitas de líquido que parece agua: estos son los lloros.

Los lloros se observan varias semanas antes del desborre, que tendrá lugar en abril. Lo que empieza siendo como unas pequeñas gotas se convierte en una supuración más abundante durante unos días, o incluso semanas, y luego se para de golpe. La cantidad de líquido puede variar desde 0,2 hasta 3 litros en el caso de las plantas más jóvenes. Además de la edad de la planta, la cantidad depende también del tipo de suelo y la velocidad a la que sube la temperatura ambiental.

Aparentemente los lloros no tienen ningún papel esencial en el desarrollo de la planta, ni para bien ni para mal. Sólo se les tiene en cuenta cuando se poda: hay que tener cuidado al realizar los cortes para evitar que las gotas de los lloros puedan resbalar hacia la yema y mojarla. Si esto pasara, habría más riesgo de perder la cosecha si hiela en primavera.

Si tenéis la posibilidad cuando haga buen tiempo, no dudéis en acercaros a ver los lloros. ¡Es un momento mágico!

Fuente : Manual de viticultura. 11ª edición. Alain Reynier

Imagen : INRA

Por Cristina Vegas Gómez

Cristina Vegas es nieta del fundador de Avelino Vegas. Es licenciada en Biotecnología y cursó sus estudios de Enología en la universidad de Burdeos.

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