El calor gana terreno al herbicida en el viñedo

Pirodesherbo, espuma caliente y desherbo eléctrico se perfilan como alternativas para controlar las hierbas espontáneas sin dañar las cepas

Jueves 04 de Junio de 2026

La gestión de las hierbas espontáneas en el viñedo sigue siendo uno de los puntos más delicados para mantener el equilibrio entre producción, calidad de la uva y sostenibilidad de las labores. El problema se concentra sobre todo en el bajo-fila, donde el control de la vegetación debe hacerse sin dañar las cepas, las raíces, los sistemas de riego ni las estructuras de soporte.

Un trabajo de la Universidad de Pisa, recogido en Il Corriere Vinicolo y difundido por Unione Italiana Vini, analiza varias alternativas al desherbo químico basadas en el uso del calor. El estudio se centra en tres técnicas: el pirodesherbo con llama alimentada por GPL, la espuma caliente y el desherbo eléctrico. Todas buscan reducir la presencia de malas hierbas sin recurrir a herbicidas.

El pirodesherbo es la opción más asentada entre las analizadas. Funciona con una llama directa que actúa sobre las plantas jóvenes y resulta menos agresiva que algunas labores mecánicas sobre el suelo. Su límite está en la necesidad de repetir los pases y en el gasto del combustible.

La espuma caliente combina agua y fibras vegetales calentadas para formar una capa aislante que mantiene más tiempo el efecto térmico sobre los tejidos de la planta. Según el estudio, puede ser útil en determinadas situaciones, aunque exige un consumo alto de agua y energía.

El desherbo eléctrico usa corriente de alta tensión para dañar los tejidos de las hierbas. No necesita llama ni depósitos de agua o gas, pero todavía arrastra un precio elevado del equipo. Por eso su uso sigue siendo limitado en muchas explotaciones.

Los autores señalan que estas técnicas no sustituyen por completo a otras formas de manejo del viñedo. Su aplicación depende del tipo de infestante, de su ciclo biológico y de su capacidad de rebrote. También influye la organización del trabajo en la finca y la inversión que cada explotación puede asumir.

El estudio apunta además a una posible integración con herramientas de agricultura de precisión y sistemas automatizados. Esa combinación permitiría actuar con más control sobre el bajo-fila y ajustar mejor cada intervención a las necesidades reales del viñedo.