Jueves 13 de Agosto de 2026
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Lincoln University organizó este miércoles, 12 de agosto, una nueva sesión de su Bioeconomy Series dedicada a la fermentación microbiana y a su aplicación en sistemas productivos ligados al uso de la tierra, con especial atención a los alimentos, las bebidas y la agricultura. El encuentro se celebró entre las 13.00 y las 14.30 en Inaka, dentro del edificio Waimarie del campus universitario, en Nueva Zelanda.
La universidad sitúa la fermentación microbiana entre las áreas de innovación con mayor recorrido en producción alimentaria, bioproductos y agricultura. En su planteamiento, estos procesos pueden reducir residuos, mejorar la eficiencia en el uso de recursos y abrir la puerta a productos de mayor valor dentro de una bioeconomía circular. La sesión se centró en cómo esa ciencia puede trasladarse a sistemas de uso de la tierra más productivos y con menor impacto ambiental.
El programa arrancó con una bienvenida entre las 13.00 y las 13.10. A continuación intervino el profesor Stephen On, de Lincoln University, entre las 13.10 y las 13.25, y después la doctora Laura Villamizar, del Bioeconomy Science Institute, entre las 13.25 y las 13.40. La jornada siguió con una conversación moderada y preguntas del público hasta las 14.10, antes de un último tramo de intercambio entre asistentes.
Lincoln University atribuye a Stephen On una trayectoria centrada en la seguridad microbiológica de los alimentos y en los aspectos microbianos de la elaboración de vino. Su trabajo se apoya en métodos de diagnóstico y en taxonomía bacteriana, con aplicaciones en investigación básica, salud pública y mejora del vino mediante la caracterización de microorganismos de fermentación y alteración.
Entre sus líneas actuales de trabajo figuran los métodos espectrales aplicados a la calidad y la seguridad alimentaria, la resistencia a antibióticos en patógenos potencialmente transmitidos por alimentos procedentes de distintos sistemas agrícolas, el estudio de Campylobacter, Arcobacter, Helicobacter y bacterias relacionadas, la genómica comparada en estudios taxonómicos y la caracterización de levaduras de vinificación con fines comerciales. La universidad añade que el investigador acumula más de 30 años de experiencia, ha publicado más de 150 artículos revisados por pares y capítulos de libro, y forma parte del consejo ejecutivo del International Committee on Systematics of Prokaryotes y del comité ejecutivo de la New Zealand Microbiological Society. También señala que su experiencia ha servido para orientar políticas públicas y actuaciones legales vinculadas a contaminación de productos en la industria alimentaria.
La intervención de Laura Villamizar aportó la vertiente agraria y de transferencia industrial de la fermentación. El Bioeconomy Science Institute le atribuye 29 años de experiencia en control biológico, producción masiva de microorganismos, fermentación, desarrollo de formulaciones y estabilización de hongos entomopatógenos, bacterias y baculovirus. Su perfil incluye además trabajos de micología, desde el aislamiento y la identificación de hongos hasta su ecología, caracterización, producción y formulación.
La trayectoria de Villamizar incorpora también el diseño y desarrollo de biopesticidas y biofertilizantes, la evaluación de su eficacia en laboratorio y en campo, la implantación de sistemas de control de calidad, técnicas de escalado y procesos de registro de producto. La entidad señala que sus proyectos han contribuido a la comercialización y a la aprobación regulatoria de productos microbianos aplicados a la agricultura en Colombia, Brasil y Nueva Zelanda.
Lincoln University presentó la sesión como un espacio para acercar investigación avanzada y aplicaciones prácticas. En el caso de On, el interés estaba puesto en cómo la fermentación puede impulsar nuevos productos en alimentación y bebidas. En el de Villamizar, en el valor de estos procesos para la bioprotección y la mejora de la producción vegetal. La universidad también subrayó la colaboración entre investigadores, empresas y entidades maoríes como vía para convertir ese conocimiento en soluciones aplicadas.
Para el sector de bebidas, este tipo de trabajo tiene una derivada directa. La mejora de los métodos de diagnóstico, la identificación taxonómica de microorganismos y la selección de levaduras de vinificación pueden ayudar a bodegas y a otros elaboradores de bebidas fermentadas a reforzar el control microbiológico, reducir desviaciones en la fermentación y mejorar la calidad y la estabilidad del producto. Ese efecto depende de cómo se traslade la investigación a procesos industriales, pero la jornada mostró líneas de trabajo con aplicación potencial en ese terreno.
La Bioeconomy Series de Lincoln University busca reunir a investigadores, estudiantes, empresas y responsables públicos alrededor de la bioeconomía. En esta edición, el eje fue la fermentación microbiana como herramienta para conocer mejor los procesos biológicos que intervienen en la producción de alimentos, bebidas y soluciones agrícolas, y para convertir ese conocimiento en desarrollos con uso comercial y ambiental.
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