Un estudio asocia una dieta rica en polifenoles con mejor función cognitiva preclínica

La investigación analizó a 98 personas y halló más biomarcadores urinarios de estilbenos en quienes mantenían mejor rendimiento mental

Martes 21 de Julio de 2026

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Un estudio asocia una dieta rica en polifenoles con mejor función cognitiva preclínica

Un estudio publicado en European Journal of Nutrition asocia un patrón de vida saludable basado en una alimentación rica en polifenoles vegetales y la estimulación cognitiva con una mejor función cognitiva en la fase preclínica del alzhéimer, cuando ya existen alteraciones cerebrales pero todavía no hay síntomas clínicos. La investigación ha sido liderada por María José Motilva, del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV-CSIC, Universidad de La Rioja y Gobierno de La Rioja), y Patricia Pérez-Matute, de la Universidad de La Rioja, en colaboración con el Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR).

El trabajo se llevó a cabo con pacientes de la cohorte Rioja del Servicio de Neurología del Hospital Universitario San Pedro de Logroño. Los investigadores analizaron a 98 personas de entre 55 y 75 años. De ellas, 50 tenían un diagnóstico reciente de alzhéimer preclínico y 48 eran personas cognitivamente sanas de edades similares.

El estudio evaluó el grado de adhesión a dos patrones dietéticos. Por un lado, la Dieta Mediterránea mediante la escala MEDAS, basada en 14 puntos y con un apartado que incluía el consumo moderado de vino. Por otro, la dieta MIND, basada en 15 puntos y compuesta por verduras de hoja verde, otras verduras, frutos secos, bayas, legumbres, cereales integrales, mariscos, aves de corral, aceite de oliva y vino.

Los autores observaron que las personas con mejor perfil cognitivo obtenían puntuaciones más altas en los test MEDAS y MIND. Eso se traducía en un mayor consumo de alimentos de origen vegetal y frutos secos, y en una menor presencia de alimentos procesados en la dieta. Además, estas personas realizaban con más frecuencia actividades de estimulación cognitiva, como la lectura regular.

Entre los datos recogidos figura una diferencia en el consumo de vino tinto entre ambos grupos. Según el cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos, el 60% de los voluntarios del grupo control consumía vino tinto, frente al 33,3% del grupo con alzhéimer. La investigación precisa, no obstante, que el consumo total de alcohol fue similar en ambos grupos. La diferencia estaba en que el consumo moderado de vino tinto durante las comidas era más frecuente entre las personas sin deterioro cognitivo.

Los investigadores sitúan esa observación dentro de un patrón de vida saludable más amplio. El estudio señala que el consumo moderado de vino dentro de la Dieta Mediterránea puede asociarse a beneficios cognitivos y cardiometabólicos a través de mecanismos antioxidantes y antiinflamatorios, efectos que no se observan con un consumo excesivo de alcohol.

Uno de los elementos centrales del trabajo es la metodología empleada. En lugar de apoyarse solo en cuestionarios dietéticos, el equipo utilizó metabolómica dirigida para analizar muestras de orina de 24 horas. Con ese procedimiento identificó biomarcadores objetivos del consumo de polifenoles y de otros componentes presentes en la alimentación, incluidos los derivados del vino.

Los resultados mostraron que las personas cognitivamente sanas, que presentaban un mayor consumo de alimentos ricos en polifenoles, también tenían concentraciones urinarias más elevadas de sus metabolitos. Entre ellos sobresalían los estilbenos, familia a la que pertenece el resveratrol, un compuesto característico del vino tinto.

Según los autores, los estilbenos fueron además los compuestos que mostraron la asociación más sólida con distintos indicadores de función cognitiva. Esa relación se observó de forma especial en la memoria verbal y en las funciones ejecutivas.

María José Motilva afirma que los beneficios cognitivos parecen ser más pronunciados cuando el resveratrol se consume dentro de matrices alimentarias completas, como los productos derivados de la uva y el vino. A su juicio, eso sugiere interacciones sinérgicas con otros polifenoles que mejoran su biodisponibilidad o su eficacia biológica.

El estudio insiste en que los resultados no deben interpretarse de forma aislada. Los autores subrayan que la asociación observada se enmarca en un estilo de vida saludable y en un consumo moderado de vino durante las comidas. También apuntan que los efectos parecen potenciarse cuando los compuestos fenólicos se ingieren como parte de alimentos completos, como la uva o el vino, y no como suplementos aislados de resveratrol.

Josep Masip, presidente del comité científico de FIVIN, sostiene que complementar los cuestionarios de consumo con la medición de biomarcadores permite evaluar con más precisión el tipo de dieta que sigue la población analizada. A su juicio, eso hace que los resultados sean más consistentes. Masip añade que los hallazgos refuerzan la relevancia de las interacciones entre la dieta, la microbiota y el cerebro como determinantes modificables de la salud cognitiva.

La investigación aparece firmada por Iñiguez M, Matute Tobías B, López-Álava S, Yuste S, Manzano JI, Recio-Fernández E, Pérez-Matute P y Motilva MJ bajo el título "Exploring the associations between lifestyle and dietary patterns with preclinical Alzheimer's disease: findings from La Rioja cohort study".

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