Viernes 19 de Junio de 2026
Leído › 1080 veces

Un trabajo publicado en abril por el Arab and Near East Plant Protection Bulletin analiza cómo cambia a lo largo de la campaña la detección del Grapevine Red Blotch Virus (la enfermedad de la mancha roja de la vid), conocido por las siglas GRBV, así como su carga viral y su distribución dentro de cada planta. El estudio se apoya en pruebas de qPCR y en el uso de vides centinela para seguir la presencia del virus en distintos momentos de la temporada.
La investigación se centra en una cuestión práctica para el viñedo: no basta con saber si el virus está presente, también importa cuándo resulta más fácil localizarlo y en qué partes de la vid aparece con mayor claridad. Ese punto es relevante para los programas de vigilancia sanitaria, porque una ventana de muestreo mal elegida puede reducir la capacidad de detección y retrasar decisiones sobre manejo del viñedo.
El GRBV está asociado a la enfermedad conocida como mancha roja o 'red blotch' de la vid. Su presencia puede afectar al desarrollo de la uva y a parámetros ligados a la maduración, con posibles efectos sobre el rendimiento y sobre la calidad final de los vinos. Por eso, conocer mejor el momento óptimo para tomar muestras puede ayudar al sector de bebidas a mejorar el control del problema y a limitar pérdidas de producción y valor comercial.
El trabajo examina tres aspectos: la variación estacional en la detección del virus, los cambios en el título viral medido mediante qPCR y la distribución del patógeno dentro de la propia planta. El uso de vides centinela permite observar cómo evoluciona esa presencia durante la campaña y aporta una referencia útil para ajustar protocolos de seguimiento.
La qPCR, técnica habitual para detectar material genético del virus, ofrece una medida sensible de su presencia, pero su rendimiento puede variar si la concentración viral cambia según avanza la estación o si el virus no se reparte de forma uniforme por los tejidos analizados. Esa posibilidad es precisamente una de las cuestiones que aborda el estudio difundido por la publicación científica.
La utilidad práctica del trabajo está en orientar mejor el muestreo. Si determinadas fases del ciclo vegetativo ofrecen una detección más fiable, los viticultores y los servicios técnicos pueden concentrar ahí sus controles. Del mismo modo, si algunas partes de la vid presentan una mayor probabilidad de dar positivo, esa información puede servir para revisar los puntos habituales de toma de muestra.
La investigación también tiene interés para viveros, bodegas con viñedo propio y responsables de sanidad vegetal, ya que una identificación más precisa del GRBV puede facilitar medidas tempranas dentro de las parcelas afectadas. En enfermedades víricas de este tipo, reducir errores en el diagnóstico es un paso básico para evitar que plantas infectadas permanezcan sin identificar durante parte de la campaña.
El boletín científico sitúa así el foco en un problema fitosanitario con consecuencias directas para la viticultura. Aunque el resumen disponible no detalla cifras concretas ni resultados numéricos del ensayo, sí deja claro que la estacionalidad y la localización del virus dentro de la planta son factores que deben tenerse en cuenta al diseñar estrategias de vigilancia basadas en qPCR y vides centinela.
Leído › 1080 veces