Lunes 15 de Junio de 2026
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La Unión Europea vota este martes, 16 de junio, la aplicación de la parte europea del acuerdo comercial pactado con Estados Unidos el año pasado en Turnberry, Escocia, con el objetivo de rebajar la tensión arancelaria entre ambos bloques. Según Reuters, el Parlamento Europeo prevé aprobar por amplia mayoría la legislación necesaria para ejecutar los recortes de derechos de importación asumidos por Bruselas y evitar, al menos por ahora, una nueva escalada con Washington.
El pacto se cerró hace casi once meses con el presidente estadounidense, Donald Trump, y contempla la retirada de aranceles europeos sobre importaciones de Estados Unidos y la consolidación de gravámenes estadounidenses del 15% sobre un amplio grupo de productos. La votación llega después de que Trump advirtiera de que impondría tasas “mucho más altas” si la UE no actuaba con rapidez.
La industria europea ha pedido a los eurodiputados que respalden el acuerdo. Quince asociaciones empresariales que representan a fabricantes de automóviles, textiles, cosméticos y alimentos y bebidas han defendido que su aprobación aportaría estabilidad a empresas que dependen de un comercio transatlántico anual valorado en dos billones de dólares. Aun así, esas organizaciones también han avisado de que el pacto no cierra todas las cuestiones abiertas entre las dos partes.
Uno de los sectores más pendientes del resultado es el del automóvil. El acuerdo elimina el arancel europeo del 10% sobre los coches importados desde Estados Unidos. Reuters señala que algunos fabricantes ya están ajustando sus planes industriales sobre esa base. Volvo Cars, que produce en Europa la mayor parte de los vehículos que envía al mercado estadounidense, empezará a fabricar este año parte de sus SUV XC60 en su planta de Carolina del Sur y prevé incorporar allí un nuevo híbrido antes de que termine la década.
La incertidumbre no desaparece con la votación. El siguiente paso será comprobar si los nuevos aranceles estadounidenses previstos para entrar en vigor el próximo 24 de julio reflejan exactamente lo pactado en Turnberry. Además, Bruselas y Washington deben acordar si mantienen suspendidos los gravámenes cruzados sobre 11.500 millones de dólares en mercancías ligados al viejo conflicto por las ayudas públicas a Airbus y Boeing. Esa suspensión de cinco años expira el próximo 11 de julio.
El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, ha dicho que Washington cumplirá el acuerdo. Sin embargo, Bernd Lange, presidente de la comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo, ha expresado dudas sobre la fiabilidad política del compromiso. En declaraciones recogidas por Reuters, recordó que la decisión final depende de la Casa Blanca y afirmó que nadie sabe con certeza qué ocurrirá.
Esa cautela se ha reforzado tras una nueva amenaza lanzada por Trump este lunes, 15 de junio, sobre el vino francés. El presidente estadounidense habló de imponer aranceles del 100% a ese producto, una medida que podría alterar el equilibrio alcanzado en Turnberry si llegara a materializarse. Lange considera que la UE debe estar preparada para suspender partes del acuerdo si fuera necesario. También podría reactivar sus contramedidas sobre bienes estadounidenses por valor de 93.000 millones de euros, suspendidas hasta el próximo 6 de agosto.
Para el sector de bebidas, esta negociación tiene un efecto directo. Aunque el acuerdo apunta a una tregua temporal, el vino y los espirituosos europeos siguen expuestos a cambios rápidos en la política comercial estadounidense. La amenaza sobre Francia ha vuelto a poner sobre la mesa un riesgo que afecta no solo a ese país, sino también al conjunto del mercado europeo del vino y a productores de destilados que dependen del canal exterior para mantener ventas y márgenes.
Más allá de los aranceles generales, Bruselas quiere que Estados Unidos sustituya los gravámenes del 50% sobre acero y aluminio por contingentes libres de tasas y amplíe la lista de productos beneficiados por exenciones. Los productores europeos de vino y espirituosos aspiran a situarse entre los primeros sectores incluidos si se abre esa vía. Cuentan además con apoyo dentro del propio mercado estadounidense: parte de la industria local del alcohol defiende un sistema sin aranceles en ambos sentidos.
Chris Swonger, presidente del Distilled Spirits Council of the United States, recordó que el comercio bilateral de bebidas espirituosas aumentó un 450% entre 1997 y 2018 bajo un régimen arancelario cero por cero. Ese sistema terminó durante el primer mandato de Trump con una guerra comercial que dañó al sector. La posibilidad de volver a ese escenario sigue presente mientras no haya garantías firmes sobre la duración del nuevo entendimiento.
Reuters también subraya otro foco de riesgo: las investigaciones abiertas o futuras bajo la llamada Sección 232, una herramienta legal que permite a Estados Unidos imponer aranceles cuando considera que ciertas importaciones afectan a su seguridad nacional. Si Washington recurriera otra vez a ese mecanismo para nuevos productos, las condiciones pactadas en Turnberry podrían quedar alteradas.
Las diferencias entre ambas partes no se limitan a las tasas aduaneras. Estados Unidos insiste en que la UE revise barreras no arancelarias y cuestiones regulatorias. Entre ellas figuran las objeciones estadounidenses al impuesto europeo sobre carbono en frontera y a normas comunitarias que obligan a las empresas a demostrar que sus importaciones no proceden de zonas deforestadas o a revisar sus cadenas de suministro por motivos sociales y ambientales.
La UE ya ha suavizado parte de esa regulación y ha ampliado plazos para cumplir algunas exigencias. Aun así, grandes grupos empresariales estadounidenses siguen presionando para ir más lejos. Exxon Mobil reclama directamente la retirada de la normativa europea sobre sostenibilidad corporativa y ha trasladado sus quejas a Trump.
Bruselas también mantiene sus propias reclamaciones. Entre ellas figuran aranceles estadounidenses superiores al 15% aplicados a productos con contenido metálico, como lavadoras, turbinas eólicas o motocicletas. Trump amplió incluso esa lista un mes después del acuerdo de Turnberry. Algunos artículos han salido después del listado, pero la legislación europea prevé suspender reducciones arancelarias sobre bienes estadounidenses vinculados al acero o al aluminio si todos esos gravámenes no vuelven al 15% antes de final de año.
Otros sectores industriales europeos ya alertan del efecto económico de esa situación. Fabricantes comunitarios de cuchillería y equipamiento para restauración sostienen que unos aranceles más altos pueden expulsarlos del mercado estadounidense o reducir aún más unos márgenes ya muy estrechos.
Una amenaza inmediata parece haberse reducido tras una decisión reciente del Tribunal Supremo de Estados Unidos contra los aranceles generales impulsados por Trump. Según Reuters, ese fallo obliga ahora a su Administración a abrir una investigación formal antes de imponer nuevas tasas comerciales. Ignacio García Bercero, investigador sénior del centro Bruegel, considera que Washington puede buscar otras herramientas para ejercer presión política, pero cree menos probable que recurra a aranceles repentinos como instrumento principal.
La votación europea servirá así para activar una tregua comercial limitada en el tiempo y pendiente todavía de varios pasos políticos y técnicos en ambos lados del Atlántico. Para las empresas europeas del vino y los espirituosos, esa calma ofrece algo de margen operativo, pero no elimina la posibilidad de nuevas medidas si cambian las prioridades en Washington o si fracasan las conversaciones pendientes sobre exenciones sectoriales y normas regulatorias.
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