Condenado a seis años el fundador de una distribuidora por una estafa de vino de 99 millones de dólares

La trama ofrecía miles de botellas de lujo inexistentes como garantía ante inversores adinerados

Miércoles 09 de Septiembre de 2026

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La Justicia británica ha condenado a seis años de prisión a Stephen Burton, fundador de la distribuidora Bordeaux Cellars Ltd, por una estafa de 99 millones de dólares ligada a supuestas inversiones en vinos que no existían. El caso se refiere a operaciones realizadas entre 2017 y 2019 junto a su socio James Wellesley, que ya fue condenado a 10 años de cárcel en abril de 2026.

De acuerdo con los hechos atribuidos a ambos, Burton y Wellesley captaron dinero de inversores adinerados con la promesa de obtener beneficios a partir de préstamos concedidos a presuntos coleccionistas de vino con problemas de liquidez. La propuesta consistía en financiar esos préstamos con la garantía de grandes bodegas privadas que, en teoría, quedaban entregadas como aval.

La clave del fraude estaba en ese supuesto respaldo. Los responsables de la operación aseguraban disponer de un inventario de más de 25.000 botellas de gran valor, entre ellas referencias como Domaine de la Romanée-Conti, en Borgoña, y Château Lafleur, en Burdeos. Sin embargo, esa colección no existía.

La investigación determinó que Bordeaux Cellars tenía, como mucho, 217 botellas reales. El resto del patrimonio que se ofrecía a los inversores era ficticio. Los fondos captados, además, no se empleaban en las operaciones prometidas, sino en el pago de intereses falsos y en gastos personales.

Tras ser descubiertos, los dos acusados admitieron su culpabilidad. La condena conocida ahora afecta a Burton en primera instancia, mientras que Wellesley ya había recibido pena de prisión meses antes. Este último también era conocido por los nombres de Andrew Fuller y Andrew Templar.

El caso muestra un patrón habitual en fraudes financieros vinculados a bienes de lujo: se presenta un activo difícil de verificar para la mayoría de los clientes, se le asigna un valor muy alto y se usa esa apariencia de solvencia para atraer capital. En el mercado del vino de alta gama, donde algunas botellas alcanzan precios muy elevados y muchas transacciones se apoyan en registros privados, la comprobación física del stock y de la trazabilidad resulta básica.

En esta causa, la distancia entre lo prometido y lo que realmente existía fue amplia. La oferta hablaba de miles de botellas de referencia como garantía de las inversiones, pero el inventario real apenas llegaba a unas pocas centenas. Esa diferencia explica el volumen del engaño y el alcance de las pérdidas atribuidas a la trama.

La pena de seis años para Burton y la de 10 años para Wellesley cierran, al menos por ahora, una de las estafas más elevadas ligadas al vino en Reino Unido por importe económico y por el uso de etiquetas de gran prestigio para dar apariencia de seguridad a productos financieros que carecían de respaldo real.

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