La flavescencia dorada avanza en Galicia y golpea ya a 34 municipios

La Xunta amplía el área afectada tras nuevos casos en Ourense y refuerza la vigilancia sobre el viñedo gallego

Miércoles 10 de Junio de 2026

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La plaga de flavescencia dorada de la vid se ha extendido por Galicia y ya afecta a 34 municipios, según informó este lunes, 8 de junio, la Xunta. De ese total, 24 se sitúan en la provincia de Ourense y 10 en Pontevedra. La ampliación del área afectada llega tras la detección de nuevos casos de una enfermedad que resulta letal para las plantas y que preocupa al sector vitivinícola gallego.

La Consellería do Medio Rural comunicó la incorporación de 26 parroquias de ocho municipios de Ourense a la zona afectada. Se trata de Beade, Carballeda de Avia, Cartelle, Castrelo de Miño, Celanova, Cenlle, Ramirás y Ribadavia. La decisión se apoya en las prospecciones realizadas durante el segundo semestre de 2025, cuando se localizaron nuevas plantas enfermas.

El departamento autonómico pidió mantener las medidas fitosanitarias ya fijadas como acción preventiva para frenar la expansión de la plaga. La Xunta considera que la flavescencia dorada supone una amenaza grave para el viñedo gallego, con especial incidencia en las provincias de Ourense y Pontevedra, donde se concentra buena parte del viñedo de la comunidad.

En Ourense, además de los ocho municipios incorporados ahora, la enfermedad está presente en distintas parroquias de A Arnoia, Bande, Cortegada, Entrimo, Gomesende, Lobeira, Lobios, Melón, Monterrei, Oímbra, Padrenda, Pontedeva, Quintela de Leirado, Verea, Verín y Vilardevós. En Pontevedra, los municipios afectados son A Cañiza, Arbo, As Neves, Crecente, O Rosal, Oia, Salceda de Caselas, Salvaterra de Miño, Tomiño y Tui.

La flavescencia dorada es una enfermedad de cuarentena que afecta a la vid y que puede causar la muerte de las cepas si no se actúa a tiempo. Su rápida propagación obliga a reforzar la vigilancia en campo y a aplicar tratamientos sobre el insecto vector. La transmisión se produce por medio de una cicadela de pequeño tamaño que contagia las plantas al alimentarse de ellas.

Los síntomas permiten identificar con cierta claridad los viñedos afectados. En las variedades tintas, las hojas adquieren tonos rojizos; en las blancas, amarillos. También aparecen hojas enrolladas hacia el envés y colocadas en forma de teja, con superposición entre ellas. A eso se suma una alteración del fruto, con granos de acidez marcada.

La enfermedad también provoca retraso en la brotación y desecación o necrosis en los racimos. Los sarmientos y las hojas pueden curvarse hacia abajo y presentar un aspecto caído. En algunos casos se produce una defoliación prematura. Estos daños reducen la producción y afectan al estado general de la planta hasta hacer inviable su continuidad en la parcela.

La extensión del problema obliga a extremar el control en zonas vitícolas con denominaciones de origen y con un peso económico relevante para Galicia. Ourense concentra comarcas con fuerte presencia del viñedo y una parte esencial de la producción ligada a Ribeira Sacra, Ribeiro, Monterrei y Valdeorras. En Pontevedra ocurre algo similar en áreas vinculadas a Rías Baixas. La aparición de nuevos focos añade presión sobre explotaciones familiares y bodegas que dependen del buen estado sanitario del viñedo.

Las autoridades autonómicas insisten en que la detección temprana es básica para limitar el avance de la enfermedad. Por ese motivo mantienen las campañas de prospección y recuerdan a viticultores y propietarios la obligación de comunicar cualquier sospecha. El control pasa por localizar cepas afectadas, eliminar material vegetal enfermo cuando sea necesario y actuar sobre el insecto transmisor dentro del calendario fijado por Sanidad Vegetal.

La ampliación anunciada este lunes confirma que la plaga sigue avanzando en Galicia pese a las medidas aplicadas hasta ahora. El mapa actualizado deja una concentración clara en el sur de la comunidad y obliga a mantener una vigilancia constante durante toda la campaña vegetativa, cuando los síntomas pueden apreciarse mejor sobre el terreno y aumenta el riesgo de transmisión entre parcelas próximas.

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