Martes 09 de Junio de 2026
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Italia elevó un 46% la inversión pública en vino y agroalimentación entre 2023 y 2025, hasta 16.800 millones de euros, según el primer Observatorio sobre Políticas Agroalimentarias presentado por The European House-Ambrosetti y Teha Group en el Forum Food & Beverage celebrado en Bormio, en la Valtelina. El informe sitúa al vino entre las ramas con más peso dentro del sistema agroalimentario italiano por producción, exportación y capacidad de atraer fondos públicos y privados.
El estudio señala que esos 16.800 millones se suman a una base estructural de 38.500 millones de euros y rompen más de diez años de estabilidad en la inversión pública del sector. Dentro de ese marco, los llamados contratos de cadena financiados con recursos del Plan Nacional de Recuperación y gestionados por el Ministerio de Agricultura movilizaron 7.800 millones de euros entre dinero público y privado. De esa cifra, 1.400 millones fueron para el sector vitivinícola, solo por detrás de la ganadería, con 2.700 millones, y del hortofrutícola, con 2.100 millones.
La investigación atribuye al vino un papel central en la economía alimentaria italiana. En 2025, las ventas exteriores del sector alcanzaron 7.800 millones de euros, equivalentes al 11% de toda la exportación agroalimentaria nacional. En 2024, Italia ocupó además la segunda posición mundial por cuota en el comercio internacional de vino, con el 20,7% de los intercambios, según los datos recogidos por el observatorio.
El peso del vino también aparece en las denominaciones de origen e indicaciones geográficas. Italia suma 897 certificaciones Dop e Igp en el conjunto agroalimentario y es el primer país de la Unión Europea por número de sellos reconocidos. De ellas, 566 corresponden al vino, es decir, el 63% del total. El valor de producción del vino con certificación llegó a 11.000 millones de euros, por encima del queso, con 5.900 millones, y de los productos cárnicos, con 2.200 millones.
El informe fue dado a conocer este martes, 9 de junio, durante el encuentro celebrado en Bormio. Sus autores plantean siete líneas de actuación para reforzar la cadena agroalimentaria italiana. Entre ellas figuran 6.100 millones de euros para aumentar la capacidad industrial de las cadenas productivas; 5.600 millones para innovación tecnológica y autonomía energética; 3.600 millones para apoyar el consumo; 1.100 millones para seguridad alimentaria frente a riesgos sanitarios y fitosanitarios; y 400 millones para jóvenes empresarios con el fin de favorecer el relevo generacional.
Según la metodología empleada por el observatorio, ese conjunto de políticas puede generar un impacto directo cercano a 87.000 millones de euros en valor añadido para el sector y un efecto total estimado en 246.000 millones para la economía italiana a medio y largo plazo. De esa cantidad, 67.800 millones serían visibles en los próximos tres años y otros 178.000 millones procederían de efectos estructurales sobre empleo cualificado, renta y consumo.
Los datos reunidos por The European House-Ambrosetti muestran además la dimensión laboral del agroalimentario italiano. En 2024 daba trabajo a 3,4 millones de personas: 485.000 en food & beverage y cerca de 2,9 millones en el sector primario. Entre 2015 y 2024 el empleo aumentó un 5,9%. En agricultura no familiar, Italia figura como líder europea con unos 948.000 trabajadores, el 12,8% del total comunitario.
Al mismo tiempo, el número total de empresas bajó hasta cerca de 1,1 millones, un 12,9% menos que en 2015. El informe interpreta esa reducción como parte de un proceso de mejora productiva acompañado por un aumento del volumen de negocio y del valor añadido.
Si se incluye toda la cadena ampliada —intermediación, distribución y restauración— el volumen económico alcanza otra escala. La facturación conjunta llegó a 736.300 millones de euros en 2024, un 39,1% más que en 2015. Esa actividad generó un valor añadido de 400.400 millones y aportó el 20,4% del PIB italiano.
En su núcleo directo, la cadena agroalimentaria registró una facturación de 269.900 millones de euros en 2024: 193.300 millones procedentes de la industria alimentaria y bebidas y 76.600 millones del sector agrícola. El valor añadido directo fue de 81.600 millones, un 42,4% más que en 2015.
En comercio exterior, Italia cerró 2025 con exportaciones agroalimentarias situadas entre 70.900 y 72.500 millones de euros si se suman alimentación, bebidas, agricultura y tabaco. La cifra supone casi duplicar la registrada en 2015, con un aumento del 96,4%, y mejora un 5% los datos de 2024. El país ocupa además la primera posición entre sus socios europeos por valor medio exportado en agroalimentación: 260,9 euros por cada 100 kilos vendidos fuera.
Ese avance se produjo pese al efecto negativo de los aranceles aplicados por Estados Unidos. El observatorio calcula que unos gravámenes del 15% provocaron en 2025 una caída del 4,5% en las exportaciones agroalimentarias italianas hacia ese mercado.
La investigación también pone cifras al peso territorial del sector. Lombardía aparece como la primera región italiana por facturación agroalimentaria, con 50.000 millones de euros en 2024, un aumento del 40,4% respecto a 2015. Su valor añadido alcanzó los 11.200 millones, un 31,6% más que hace diez años. La región lidera igualmente las exportaciones agroalimentarias italianas con 11.700 millones.
Dentro de Lombardía, la provincia de Sondrio es presentada como un ejemplo de unión entre agricultura y actividad turística ligada al territorio. Ocupa la quinta posición regional por producción vinícola con unos 3,1 millones de botellas al año. La Valtelina alberga además el viñedo en terrazas más extenso del país: unas 850 hectáreas y cerca de 2.500 kilómetros de muros secos.
El informe añade una dimensión cultural al peso económico del vino italiano. Recuerda que Italia cuenta con seis reconocimientos Unesco vinculados al patrimonio agroalimentario y cita entre ellos la práctica tradicional del cultivo en vaso bajo de Pantelleria y la Dieta Mediterránea. Esa relación entre producto, paisaje y cultura forma parte del valor que las instituciones italianas quieren proyectar dentro y fuera del país.
Junto a los datos positivos, el observatorio recoge varios problemas estructurales. Uno de ellos es la dependencia del uso de fitosanitarios y fertilizantes. Según sus cálculos, si se eliminara por completo su utilización, la uva para vino estaría entre los cultivos más expuestos a pérdidas productivas: la merma sería del81%, una cifra similar a la del tomate para industria y solo inferior a la del maíz, con un87%, y el arroz, con un84%.
El documento también subraya que el agroalimentario representa ya el 4,2% del PIB italiano, su nivel más alto en dos décadas. A ello se suma una fuerte presencia internacional en productos como pasta, vino y derivados del tomate.
Los autores añaden que los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina sirvieron como amplificador reputacional para la imagen alimentaria italiana durante las semanas del evento. Según su análisis digital, las menciones vinculadas a “Italia y comida” multiplicaron por1,8 su alcance respecto a 2025 y el vino italiano apareció entre las palabras más repetidas junto a pizza y pasta. El sentimiento asociado fue positivo o neutro en el87% de los casos analizados.
Valerio De Molli, socio director ejecutivo de The European House-Ambrosetti y Teha Group, afirmó durante la presentación que Lombardía y la Valtelina representan “un modelo territorial” donde identidad local, calidad certificada y apertura a los mercados exteriores conviven dentro del sistema agroalimentario italiano.
La lectura general del observatorio es que Italia está usando una fase intensa de inversión pública para reforzar una cadena que ya tiene gran peso económico e industrial y donde el vino ocupa una posición preferente por volumen exportador, número de denominaciones y capacidad para unir agricultura, industria alimentaria e imagen exterior del país.
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