Miércoles 22 de Abril de 2026
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La isla croata de Hvar se prepara para acoger del 27 al 29 de mayo la 15ª edición del Balkans International Wine Competition (BIWC), una cita que reunirá a productores, compradores y profesionales del vino en un momento en el que el mercado europeo presta más atención a las variedades autóctonas y a los vinos de mínima intervención.
La organización del certamen sitúa Hvar como un punto de encuentro para el negocio del vino en el Adriático y en el Mediterráneo oriental. La elección de la isla no responde solo a su atractivo turístico. También pesa su tradición vitivinícola, su paisaje agrícola y la presencia de variedades locales como Plavac Mali y Bogdanuša, dos uvas que forman parte de la identidad vinícola croata.
El BIWC quiere usar ese marco para reforzar la relación entre origen, calidad y precio. En un mercado donde muchas bodegas compiten por diferenciarse, la apuesta por vinos con historia y procedencia clara gana peso entre importadores, sumilleres y distribuidores especializados. La cita de Hvar busca precisamente poner en contacto a esos perfiles con bodegas de los Balcanes y del Adriático.
La isla recibe cada año más de 500.000 visitantes, según los datos que maneja el sector turístico local, y una parte mayor de ese flujo se vincula ya con la gastronomía y el vino. Ese cambio ha impulsado el enoturismo en Hvar, donde varias bodegas ofrecen visitas a viñedos, catas y recorridos por zonas agrícolas protegidas.
Entre los espacios que sostienen esa imagen figura la llanura de Stari Grad, un área cultivada de forma continuada desde la Antigüedad y reconocida por la Unesco. Su valor agrícola sirve como argumento comercial para las bodegas que trabajan en la isla, porque permite asociar sus vinos con una continuidad histórica poco común en el Mediterráneo.
El interés por este tipo de producto también responde a una evolución del consumo. En varios mercados europeos crece la demanda de vinos orgánicos y de baja intervención, mientras las grandes denominaciones internacionales mantienen precios altos y una oferta muy amplia. En ese escenario, las variedades menos conocidas encuentran espacio para subir posiciones si logran convencer al comprador profesional.
En Croacia, las exportaciones de vino siguen teniendo un peso limitado frente a otros países europeos, pero las bodegas orientadas al segmento premium han ganado presencia en mercados comunitarios. El BIWC pretende aprovechar esa tendencia para abrir contactos comerciales y facilitar nuevas ventas fuera del país.
La edición de este año incorpora además un perfil más amplio de asistentes. La organización espera la llegada de inversores, compradores institucionales y profesionales del canal horeca interesados en vinos con identidad territorial. Para las bodegas participantes, el certamen funciona como escaparate comercial y como vía para medir el interés real por sus etiquetas fuera del mercado local.
Hvar ha recibido también nominaciones recientes en premios internacionales de turismo, lo que refuerza su posición como destino ligado al vino y a la gastronomía. Esa combinación explica parte del interés que rodea al encuentro de mayo: una isla pequeña, con producción limitada, intenta situarse en una red comercial donde pesan cada vez más el origen, la trazabilidad y la historia del viñedo.
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