Miércoles 22 de Abril de 2026
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La superficie de los viñedos belgas ha superado por primera vez las 1.000 hectáreas y la producción de vino del país alcanzó en 2025 los 4,3 millones de litros, un 25% más que en 2023, que hasta entonces era el mejor año registrado. Los datos los ha difundido el servicio público federal de Economía de Bélgica y reflejan una recuperación clara tras la mala cosecha de 2024, cuando el sector apenas llegó a 1,2 millones de litros por culpa de unas condiciones meteorológicas adversas.
El avance no se explica solo por la climatología. También pesa el aumento del número de viticultores, que en 2025 llegó a 350 entre profesionales y aficionados. Entre todos cultivan 1.040 hectáreas, una superficie que equivale a más de 10 millones de metros cuadrados. El ministerio belga señala además que muchas plantaciones son todavía jóvenes y que las vides tardan unos cinco años en entrar en una fase de rendimiento óptimo.
La mejora de 2025 contrasta con lo ocurrido un año antes. En 2024, las heladas, las lluvias y otros episodios meteorológicos dañaron la vendimia y redujeron la producción a niveles muy bajos. Según Joyce Van Rennes, del dominio Wijnkasteel Genoels-Elderen, las variaciones entre campañas siguen siendo muy grandes porque el viñedo depende mucho del tiempo durante la floración y del riesgo de enfermedades en los años húmedos.
Por zonas, Valonia produce más vino que Flandes. La región valona alcanzó 2,44 millones de litros, frente a los 1,83 millones de litros flamencos. Sin embargo, Flandes cuenta con más superficie plantada, con 551 hectáreas frente a las 490 hectáreas de Valonia. La explicación está en el tipo de vino que se elabora: en Valonia pesan más los espumosos, que permiten una mayor producción por hectárea gracias a una plantación más densa.
En Flandes hay una oferta más variada, con una presencia mayor de vinos tranquilos. El crecimiento más fuerte se registró en Valonia, sobre todo en la provincia de Luxemburgo, con un aumento del 284%, seguida del Brabante Valón, con un 85%, y Namur, con un 58%.
El Chardonnay sigue siendo la variedad más plantada en Bélgica. Al mismo tiempo gana terreno un grupo de cepas llamadas interespécificas, como Johanniter o Souvignier Gris. Estas variedades resisten mejor las enfermedades y reducen la necesidad de pesticidas. Para el sector belga, el aumento de superficie y producción confirma una actividad que ya no se limita a pequeñas iniciativas locales y que busca espacio propio en el mercado europeo.
Joyce Van Rennes resume esa evolución con una comparación sencilla: hace 35 años apenas había unos pocos aficionados al vino en Bélgica. Ahora el país cuenta con cientos de productores y una oferta que sigue creciendo mientras la demanda interna absorbe buena parte de lo que se produce.
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