Una cata de los vinos Llanos Negros en la tienda madrileña Enoteca Barolo recorre las variedades autóctonas de La Palma

El enólogo Carlos Lozano Pérez presentó distintas añadas y parcelas que reflejan la identidad volcánica de La Palma entre tradición y experimentación

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Sábado 14 de Febrero de 2026

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Hablar de los vinos Llanos Negros es hablar de un territorio que desafía cualquier manual clásico de viticultura. En el extremo sur de La Palma, en el municipio de Fuencaliente, el viñedo se asienta sobre ceniza volcánica, vientos alisios, desniveles imposibles y una historia agrícola que ha sobrevivido gracias a la obstinación de sus viticultores.

La reciente presentación del proyecto en Enoteca Barolo, con la presencia del enólogo de la bodega, Carlos Lozano, permitió entender desde dentro por qué La Palma es una viticultura que solo se comprende cuando se pisa.

La Palma es la segunda isla más joven del archipiélago canario, con apenas dos millones de años. Su origen volcánico no es un rasgo paisajístico: define cada decisión en el viñedo. En Fuencaliente, el suelo está cubierto por capas de picón y lapilli volcánico que pueden alcanzar varios metros de profundidad.

Para plantar una cepa es necesario excavar hasta encontrar la capa fértil. A veces a un metro. A veces a cinco. No se arranca nunca una vid. La planta es heredada, respetada, continuada. Existen cepas centenarias, todas de ellas en pie franco, que siguen produciendo en condiciones extremas. Las raíces no profundizan. Se expanden lateralmente, buscando la humedad que el picón donde se retiene la poca pluviometría. La viticultura aquí no es de rendimiento. Es de resistencia.

Llanos Negros trabaja con decenas de pequeños viticultores. Parcelas diminutas. Algunas con cinco o diez cepas. Ninguna mecanización posible. Pendientes pronunciadas. Vendimias manuales, por variedad, por altitud y por orientación. La coplantación es la norma. En una misma parcela conviven variedades blancas y tintas, a menudo mezcladas desde hace generaciones. La vendimia no se hace toda a la vez. Se entra cepa a cepa. Variedad a variedad. Un trabajo lento y preciso que explica la complejidad de los vinos resultantes

La Palma vitícola se articula en zonas muy contrastadas. En el este, la influencia de los vientos alisios genera nubosidad constante y lluvias abundantes. En el oeste y sur, donde se sitúa Llanos Negros, el clima es seco, soleado y protegido del viento. Más de 3.000 horas de sol al año. Pluviometría mínima. Vendimias que pueden comenzar en julio y extenderse hasta finales de noviembre según altitud y orientación. El viñedo puede estar a 250 metros sobre el mar o superar los 1.300 metros. En pocos kilómetros cambia todo: temperatura, humedad, ciclo vegetativo y carácter del vino.

La filosofía de Llanos Negros es clara. Solo variedades locales. Malvasía Aromática, Gual, Albillo Criollo, Listán Blanco, Vijariego, Negramoll, Listán Prieto. Un auténtico reservorio genético que ha sobrevivido gracias al aislamiento geográfico y al apego de los viticultores a sus uvas tradicionales. La Malvasía Aromática ocupa un lugar central. No como reliquia histórica, sino como variedad viva, capaz de ofrecer vinos secos, naturalmente dulces y largas crianzas sin perder acidez ni tensión.

En la bodega, cada fase se aborda con conocimiento y criterio, permitiendo intervenir solo cuando es necesario. Fermentaciones en depósitos abiertos, uso de racimo entero, maceraciones variables según parcela y añada. Barricas muy usadas. Hormigón histórico. Vinos que no buscan maquillaje técnico, sino expresión del lugar. No se corrige por sistema. Se observa. Se prueba. Se decide. Algunos vinos pasan años sin moverse de sus lías. Otros se embotellan sin clarificar. Cada elaboración responde a una pregunta concreta, no a una moda. El propio enólogo lo resumió con claridad durante el encuentro: se trata de recuperar cómo se hacía el vino en La Palma antes de que el mercado dictara estilos ajenos a la isla.

Llanos Negros no es solo un vino. Es una red humana que mantiene vivo el paisaje. Muchos viticultores no viven exclusivamente de la viña. Pero siguen cultivando. Siguen subiendo a parcelas imposibles. Siguen entregando uva de calidad porque saben que, si abandonan, el viñedo desaparece. En una isla donde más del 95 % del territorio está protegido, el viñedo es parte del equilibrio. Biodiversidad, asentamiento rural, memoria agrícola. La Palma no se explica desde la botella. Se entiende desde el suelo, desde el viento, desde la ceniza. Llanos Negros es, simplemente, La Palma en forma líquida.

Vinos catados

El programa anunciado por la enoteca se completó con dos vinos sorpresa que, como quedó claro durante el encuentro, solo podían entenderse desde la memoria viva de la isla.

El recorrido comenzó con Missions' Grapes Listán Prieto 2021, un tinto elaborado a partir de la variedad histórica que viajó desde Canarias a América. Procede de una de las parcelas más altas trabajadas por la bodega, en torno a los 1.500 metros de altitud, en viñedo en vaso y asociado a frutales, como era habitual en la agricultura de subsistencia. La elaboración incorpora no realizar maceraciones largas ajustadas tras años de ensayo y un uso parcial de racimo entero, con crianza en barricas muy usadas. El vino busca deliberadamente preservar la acidez natural y la frescura de una uva resistente al frío, más que concentraciones o grados elevados.

A continuación, se cató Llanos Negros La Tablada Pie Franco 2021, uno de los vinos que mejor resume la filosofía del proyecto. Procede de viñas centenarias en pie franco situadas en el sur de la isla, sobre suelos de picón volcánico muy joven. Se trata de una coplantación histórica en la que conviven distintas variedades, con predominio de Gual y Albillo, lo que explica que el vino no se conciba como una expresión varietal pura, sino como el reflejo fiel de un viñedo mezclado. La vinificación se inspira en prácticas tradicionales y la crianza sobre lías aporta profundidad y cohesión sin alterar el carácter del lugar.

El tercer vino del programa fue Llanos Negros Los Tabaqueros Pie Franco 2006, presentado oficialmente sin añada en la comunicación del evento, pero contextualizado en profundidad durante la cata. Se trata de un vino ligado a parcelas cercanas al mar en Fuencaliente, una zona donde históricamente convivieron el cultivo de otros frutales y la vid. Aquí el enólogo explicó que la añada 2006 es la última con añada cerrada, ya que desde ese año en adelante se elaboró como un vino de continuidad, es decir, mezclando varias añadas con un estilo parecido al Vega Sicilia Único Reserva Especial. El vino se elabora a partir de vino de prensa, siguiendo el método que empleaban los viticultores antiguos. Su estructura y capacidad de envejecimiento responden a esa lógica de permanencia con sus lías durante décadas, algo parecido a la manera de vinificar blancos de la bodega Cantine Terlano de Alto Adige en Italia. Desde luego, hay muchas similitudes entre Los Tabaqueros y el vino Rarity de Pinot Blanc de Terlano (el primer bianco italiano que fue galardonado con 100 puntos Parker a finales del año pasado): en primer lugar, ambas son cooperativas y ambos vinos permanecen con sus lías durante décadas, con resultados extraordinarios.

Dentro de la línea experimental apareció Singularis Albillo Criollo 2021, procedente de viñedos de gran altitud en la zona norte de la isla, en Garafía, donde las condiciones climáticas son más frías y no es extraño encontrar nieve en invierno. El vino es el resultado de un ensayo comparativo entre distintas técnicas de vinificación, y finalmente se embotelló tras seis meses de contacto con las pieles con un estilo parecido a los vinos de Friuli-Venezia Giulia en el Norte de Italia. La elevada acidez natural de la variedad condicionó las decisiones técnicas y dio lugar a una producción muy limitada, concebida como investigación sobre el comportamiento del Albillo Criollo más que como una referencia fija de catálogo. El resultado es singular y evocador, con ecos de grandes interpretaciones de Ribolla Gialla elaboradas por Gravner y Radikon. La cata incluyó también otro vino experimental, el Singularis Malvasía Aromática 2020, elaborado a partir de viñas antiguas del sur de La Palma, sobre suelos volcánicos muy jóvenes. Fermentada y criada sin madera con mareracion con las pieles durante seis meses, esta versión seca de la Malvasía nace con la intención de estudiar su evolución en el tiempo, alejándose del imaginario exclusivamente dulce asociado a la variedad. El vino mostró estabilidad, tensión y capacidad de envejecimiento, confirmando el potencial de esta uva histórica en registros contemporáneos. Destacar que entre la línea experimental Carlos Lozano está verificando un tinto con estilo de amarone.

La otra botella sorpresa, anunciada pero no identificada en la web del evento, se reveló durante la cata gracias al relato del enólogo. Se trató de La Time 2000, un Listán Blanco fermentado y criado en depósitos históricos de hormigón y mantenido durante años sobre sus lías. Un vino imposible de repetir hoy, tanto por la falta de uva como por la desaparición progresiva de los viticultores de la zona, que sirvió para ilustrar cómo evolucionaban tradicionalmente los blancos palmeros.

En conjunto, la cata no fue solo un recorrido por vinos y añadas, sino una lección de tiempo, territorio y memoria. Cada botella funcionó como una pieza de un relato mayor en el que la viticultura de La Palma se muestra no como una rareza, sino como una forma coherente y profundamente arraigada de entender el vino.

http://www.llanosnegros.com/es/

https://enotecabarolo.com/catas-y-actividades/

Un artículo de Maurizio Limiti
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