¿Cuándo se puede definir un vino como “sin alcohol”? La respuesta de la Comisión de la UE

La UE define el marco para los vinos desalcoholizados

Jueves 08 de Febrero de 2024

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La reciente aclaración de la Comisión Europea sobre los vinos sin alcohol ha generado un considerable interés en el sector vitivinícola, tanto entre productores como consumidores. En un intento por adaptarse a las tendencias de consumo más saludables y a la demanda de opciones de bebidas de baja graduación alcohólica, la industria del vino se encuentra ante el desafío de innovar manteniendo la calidad y las características que definen al vino. La comunicación de la Comisión, publicada en el Diario Oficial de la Unión Europea el 15 de enero de 2024, establece un marco normativo que define los criterios bajo los cuales se puede producir, etiquetar y comercializar vino sin alcohol o parcialmente desalcoholizado dentro de la Unión Europea.

El documento destaca que el proceso de eliminación de etanol (el alcohol etílico presente en las bebidas alcohólicas) de los productos vitivinícolas no debe implicar un incremento en el contenido de azúcares del mosto. Esta disposición busca asegurar que los esfuerzos por reducir el contenido alcohólico no resulten en la alteración significativa de otros aspectos fundamentales del vino, como su dulzura natural o perfil de sabor. Además, se pone énfasis en la autonomía de los productores para planificar su producción anual en función de las tendencias de mercado, subrayando la importancia de la flexibilidad en la industria para adaptarse a las cambiantes preferencias de los consumidores.

Para introducir en el mercado un vino etiquetado como "parcialmente desalcoholizado", se deben cumplir ciertas condiciones. Entre ellas, el producto final debe tener una graduación alcohólica superior al 0,5% e inferior al 8,5% o 9%, dependiendo de la especificación. Esto indica un intento por parte de la Comisión de mantener un estándar que distinga claramente entre vino tradicional, vino parcialmente desalcoholizado y otras bebidas de baja graduación alcohólica. La reducción del contenido alcohólico debe ser el resultado de un proceso de desalcoholización, y el término "parcialmente desalcoholizado" debe aparecer de manera visible en la etiqueta, asegurando así transparencia para el consumidor.

Además, la comunicación aborda la situación en la que un vino totalmente alcoholizado se mezcla con un vino no desalcoholizado. La clasificación del producto resultante depende de su contenido alcohólico final: si se sitúa en el umbral del 8,5-9%, puede ser considerado y etiquetado como "vino". Sin embargo, si el contenido alcohólico es inferior a estos valores, el producto no podrá ser comercializado bajo la denominación de "vino" ni siquiera como "vino parcialmente desalcoholizado", ya que la reducción en el contenido alcohólico no se debe a un proceso de desalcoholización directa sobre el producto final, sino a una práctica de mezcla.

Otro punto de interés es la explícita prohibición de desalcoholizar vinos espumosos, una categoría que por sus características especiales de producción y consumo, se enfrenta a restricciones distintas dentro de este marco normativo. No obstante, se permite la indicación de la añada o la variedad de uva en la etiqueta, siempre y cuando se cumplan las condiciones establecidas por la normativa.

La Comisión también señala que los productores de vinos con Denominación de Origen Protegida (DOP) y Indicación Geográfica Protegida (IGP) que deseen explorar la producción de vinos parcialmente desalcoholizados deben considerar y prever esta posibilidad en sus reglamentos de producción. Esto implica que cualquier innovación en términos de desalcoholización dentro de estas categorías de vinos debe ser planificada y acordada a nivel de los órganos de gobernanza de cada denominación, asegurando que se mantengan los estándares de calidad y las características específicas que justifican su protección geográfica.

Este desarrollo reglamentario refleja la evolución de las preferencias de los consumidores hacia opciones de bebidas más saludables y de baja graduación alcohólica, al mismo tiempo que establece un marco claro para la innovación y la adaptación de la industria vitivinícola europea. La transparencia en la etiqueta y el respeto por las tradiciones y la calidad del vino son principios que la Comisión busca garantizar en este nuevo contexto de producción y consumo de vino.

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