Lunes 26 de Junio de 2023
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La exclusividad se convierte en una máxima en el sector del vino cuando, más allá del mero coste económico, la dificultad radica en tener incluso la posibilidad de adquirir una botella. Esta faceta del mercado vinícola se despliega en medio de añadas históricas y producciones limitadas, accesibles solo para paladares excepcionalmente selectos.
Se ha popularizado recientemente la denominación "vinos unicornio" para aludir a estas botellas tan especiales. Son vinos que, gracias a alguna peculiaridad o "anomalía", se transforman instantáneamente en objetos de culto. Su atractivo radica tanto en su capacidad para conferir un estatus diferenciado a su propietario como en su potencial para su reventa.
"Existe una distinción entre un vino exclusivo por su prestigiosa marca y alto precio, y un vino 'unicornio', un vino de culto por la reputación de su productor, por provenir de un viñedo muy específico, por su producción minúscula..." señala Paula Hernández, encargada de marca y comunicación en la tienda de vinos Bodeboca.
Muchas de estas botellas provienen de añadas famosas de hace décadas o incluso siglos, valoradas por críticos y conocedores; o quizás fueron la última cosecha de una parcela respetada antes de que las cepas fueran eliminadas; o tal vez nacieron de la última producción que realizó un enólogo en particular antes de su muerte.
Existen innumerables razones que pueden convertir las botellas de una bodega y año específicos en "unicornio", alcanzando a venderse en subastas por cientos de miles de euros. Un ejemplo de ello es una botella de vino Romanee-Conti de Borgoña de 1945, que en 2018 superó los 482.000 euros, manteniendo el récord hasta la fecha.
Este es un acontecimiento excepcional con un vino histórico, pero bodegas como Mouton Rothschild, Lafite Rothschild o Pétrus, en Francia, o Vega Sicilia, Viña Tondonia, Álvaro Palacios o Telmo Rodríguez, en España, continúan elaborando vinos que se pueden adquirir en tiendas a precios no necesariamente exorbitantes, pero aún así, no todos tienen acceso a ellos.
Cuando las producciones son apenas de unos miles de botellas, proceden de parcelas minúsculas, reciben calificaciones muy altas o poseen alguna otra "anomalía", como menciona Hernández, el productor de vino se ve obligado a comercializarlas mediante un sistema de cuotas.
"Estamos hablando de cuotas de producciones limitadas que pueden ser perfectamente menos de 1.000 botellas que se reparten en todo el mundo y muchas veces ni siquiera llegan a España", comenta Hernández, quien explica que trabajan directamente con las bodegas para obtener algunas de estas botellas y poder venderlas posteriormente.
Es la misma forma en que operan otros establecimientos, como Insolity, que adquiere los vinos directamente de las bodegas antes de su lanzamiento al mercado, en lo que se denomina "primeurs" (venta anticipada), indica la portavoz de esta tienda, Audrey Vigne.
El precio inicial de estas botellas no es necesariamente inaccesible, puede incluso rondar los 20 euros en algunos casos, señala Hernández, pero al haber tan pocas en el mercado, son pocas las personas que pueden adquirirlas, y se revalorizan entre un 4% y un 8% cada año, según la media de los últimos 20 años del portal especializado Liv-ex.
Según un estudio de Insolity, los españoles muestran un creciente interés en los vinos de añadas antiguas y en las posibilidades de revalorización que poseen, pero, ¿qué buscan exactamente en ellos?
Desde Bodeboca, observan un deseo "aspiracional" de gente que a veces "ni siquiera quiere abrir la botella y simplemente comienza a acumular una colección", mientras que, por otro lado, ven personas que quieren tener las botellas mejor valoradas por los críticos para degustarlas.
Rafael Sandoval, sumiller y copropietario del restaurante Coque en Madrid, es un gran comprador de vinos. Su bodega, conocida como "La Sacristía", almacena unas 20.000 botellas y está considerada una de las más valiosas de España.
"La Sacristía" alberga una botella de Château d'Yquem (Burdeos) con un precio de 30.000 euros que Coque ofrece en su carta para aquellos que pueden pagarla y quieren disfrutarla. Sin embargo, también almacenan otros vinos como una damajuana de Trafalgar de 1805, única en el mundo, que no está a la venta.
"Ganamos más con los vinos que no se venden que con los que se venden, porque los que no se venden van aumentando de precio cada año", comenta Sandoval, quien, sin embargo, defiende que el vino se consuma y se disfrute, y no se utilice para especular.
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