La novela que Graham Greene (casi) escribió sobre La Rioja y las Rías Baixas

Escrito porLuis Congil

Sábado 13 de Junio de 2020

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Leopoldo Durán y Graham Greene con Maria Newall en Sintra. 

"I, stranger and afraid, in world I never made" (Yo, extraño y amedrentado, en un mundo que nunca construí). Así pudo haber comenzado la última novela del escritor británico y espía Graham  Greene. "Retorno al Pazo de Barrantes" o "Retorno al castillo de Ygay" pudo ser su título,  sus personajes unos amables y obsequiosos aristócratas de españoles (los propietarios de las bodegas  Marqués de Murrieta) y la  trama, sus propias encrucijadas en el final de la vida: el pecado, sus eternas dudas de fe, el dilema de aceptar o no la Gran Cruz del Mérito de Lenin de la URSS, sus  mediaciones con Fidel Castro –conocidas- y otras no tanto  -que no llegaron a ser y bastante singulares- con el rey de España o con Felipe González.

Todos estos temas afloraroron en su último veraneo en España (1987) y fueron discutidos bajo los eucaliptos centenarios del Pazo de Barrantes, en el Valle do Salnés , en plenas Rías Baixas, dónde pasaba unos días gracias a la hospitalidad de su dueño, Vicente Cebrián, conde de Creixell  y propietario también  de las bodegas Marqués de Murrieta. Allí dejó constancia en su diario de la profunda impresión que le provocó la humanidad del conde y la ejemplaridad de su familia, junto con  el barrunto de que todo ello le daría pie a una novela con un ambiente  como "de un Brideshead a la gallega".

Hasta hoy era de todos conocida la relación de Greene con O Ribeiro, de mano de su sacerdote "personal"  y confesor Leopoldo Durán. Sin embargo,  la relectura exhaustiva de los diarios de ambos, recién publicada por Carlos Villar Flor bajo el título "Viajes con mi cura", revela que –como conducido por un misterioso leitmotiv enológico- su relación con el territorio de la DO Rioja y la DO Rías Baixas pudo ser más intenso, si cabe, que con la histórica comarca ourensana (donde entabló amistades en Beariz –el señor Antonio- y en Oseira –el abad Honorio y el padre Damián-).

Las últimas investigaciones también desvelan que la conexión atlántica del autor de "El tercer hombre" también tuvo otro eslabón fundamental,  complementario  de su asistente espiritual  Leopoldo Durán. Se trata de  "una adorable anciana" llamada Maria Newall, que residía en un idílico palacio en Sintra (Portugal) y a la que Greene y Durán visitaban inexcusable y misteriosamente  en casi todos sus viajes.

¿Adorable anciana o nido de espías?

"El papel de María Newall puede ser una pieza clave en la comprensión del rompecabezas que propició que Greene emprendiera de modo regular sus viajes por la Penísula en los setenta", aventura Carlos Villar Flor, a la vez que se pregunta por la posible naturaleza de enlace de la anciana dama con los servicios secretos británicos. "¿Por qué esta dama octogenaria en inválida, con hija y nietos en Inglaterra, permanecía expatriada en Sintra en vez de vivir cómodamente en la mansión familiar de Mickelton? ¿A qué se dedicaba?"

Misión oficial,  intercambio de datos entre informantes o nostalgias de antiguos espías,  fuera como fuese, en los viajes de los "monseñor Quixote y Sancho" del dúo Greene-Durán, Sintra  siempre fue parada obligada. Y quizá tampoco sea coincidencia que los encuentros con Mary Newall comenzasen justo tras las fechas de la Revolución de los Claveles y los primeros signos de apertura hacia un nuevo régimen en España, acontecimientos por cuyos desenlaces estaba muy interesada la inteligencia británica.

Entre el 3 y el 12 de agosto de 1987, en su último viaje de verano a España, Graham Greene vivió entre el Castillo de  Ygay y el Pazo de Barrantes (Ribadumia, Pontevedra) una intensa experiencia que pudo dar  importantes frutos, pero que desgraciadamente cosechó  sendos fracasos.  A su llegada el 3 de agosto de 1987, acompañado por el cura Leopoldo Durán, al castillo de Ygay, los condes de Creixell  le obsequiaron con una espléndida cena, regada con un rioja Marqués de Murrieta de 1917, y le ofrecieron  crear la Fundación Graham Greene, destinada a la difusión de su obra y dirigida por Leopoldo Durán, lo que acabaría con sus estrecheces económicas.  Greene acepta.

pazodebarrantesPazo de Barrantes (Rías Baixas).

Parten en días siguientes hacia Ribadumia, al Pazo de Barrantes, donde la idea de la Fundación se asienta, pero también se materializa una estancia que impacta hondamente a Greene. Agasajado al extremo por Vicente Cebrián, el conde propietario de la hermosa bodega "hermana de Ygay y productora de los mejores albariños del mundo" el escritor medita sobre su vida, y pasea con su confesor Durán bajo los eucaliptos centenarios, dónde duda de si aceptar la Gran Cruz del Mérito de Lenin para no parecer comunista, y matiene largas conversaciones con sus anfitriones en las que les habla de sus reuniones con Kim Philby y de su pasado como espía.

La familia y el servicio de los condes de Creixell con Greene en Barrantes en 1987.

Los condes de Creixell  le regalan un estuche de botellas históricas de Marqués de Murrieta (1904 por su nacimiento, 1926 por su conversión al catolicismo, 1940 por "El poder y la gloria" y 1983 por la fecha cuándo se conocieron). Este ambiente, según dejó constancia en su diario, de profunda religiosidad y acogido por una familia ejemplar y amistosa,  comenzó a inspirarle una futura novela con el pazo (como un Brideshead a la gallega) como telón de fondo.

El "sí" algo forzado a la creación de la Fundación Graham Greene tenía como motivo asegurar el porvenir económico de Leopoldo Durán (el cura le había llegado a pedir que mediase ante el rey Don Juan Carlos o ante Felipe González para aumentar su exigua pensión) y entre varios contratiempos, la iniciativa fracasó. Pocos años después, Greene murió, y el libro sobre el conde, las Rías Baixas y la Rioja y el pazo de Barrantes nunca vió tampoco la luz (a diferencia de lo acontecido años antes con "Monseñor Quixote"). En todo caso, queda un intenso episodio emocional en la vida de un escritor universal digno de ser seguido por un amante del vino, y para cuyo disfrute remitimos una vez más a "Viajes con mi cura" de Carlos Villar Flor.

Y para completar  la experiencia enológica de Greene otro detalle que vendría a redondear  el conocimiento del autor inglés de los vinos gallegos.  Durante este viaje, transcribe Villar del diario de Greene , al mediodía del 7 de agosto de 1987  "paran en una cafetería en Verín (Ourense) y les reconoce una linda muchacha.  Greene le da la mano, evidenciando una vez más que no le molesta tanto que le reconozcan si quién lo hace es mujer y joven. Compran comida para un pícnic y un termo nuevo. Vuelven a parar para el almuerzo entre Verín y Ginzo (sic) de Limia".

¿Bebió Graham Greene un vino de Monterrei para acompañar a este pícnic, o lo paladeó en su parada en la cafetería de Verín? Desde el Museo do Viño de Galicia vamos a iniciar una investigación al respecto, ya que si desvelásemos este misterio,  podríamos afirmar que el autor de "El factor humano" y tantos otros éxitos de la literatura de espías habría tocado también el territorio y conocido  el producto de la DO Monterrei,   en este su décimocuarto viaje a España,  junto con los de Rioja y Rías Baixas.

Y así,  a falta de una novela,  Greene  nos habría dejado el perfil de una ruta enoturístia con sabor a literatura y vino cuya, pista se puede seguir en sus diarios y que puede ser un auténtico regalo para estas comarcas.

Salud y viejas historias.

Un artículo de Luis Congil
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